jueves, 30 de abril de 2020

Desescalando libros: al albur del progenitocentrismo

Os digo yo que a las autoridades educativas no les interesan los niños, sino sus progenitores, que son los que votan. Hace ya bastante tiempo que los distintos cuerpos docentes asumieron que maestros y profesores pintan más bien poco en los centros en cuanto a la toma de decisiones se refiere. Dicho aspecto lo tienen tácitamente delegado en las familias, dado que luchar contra ellas para oponerse a lo que sugieren o solicitan es una guerra perdida. Se puede comenzar ganando la primera o la segunda batalla, pero en cuanto los grupos de whatsApp empiezan a organizarse para enviar sus quejas al político de turno, "date por jodido", como dice el chiste -otro día os lo cuento-. Y es que el político sabe perfectamente sumar: si me pongo de parte del profesorado, ¿cuántos votos gano?; ¿y si me pongo de parte de los progenitores?... La cuenta se echa fácilmente.

Vivimos una época de progenitocentrismo asfixiante. El progenitocentrismo -palabro de mi invención-, nacido en la época de la posverdad, donde todo cabe y todo sobra al mismo tiempo, es una evolución distorsionada del paidocentrismo a ultranza que arrastramos de épocas pasadas. Aquellos niños se hicieron grandes -de estatura- y ahora reclaman retener los fueros que le fueron otorgados en su más tierna infancia. Si no votaran, el político de turno les enviaría al "Tío la Vara" para que los fustigara sin piedad. Pero votan: ahí radica su fuerza. El progenitocentrismo ha llegado -ya lleva un tiempo entre nosotros- para quedarse. 

A los que no tuvimos un triste váter en nuestra niñez para hacer nuestras necesidades y exponíamos nuestras posaderas al frío del resencio matutino no se nos acaban de encajar las mandíbulas ante el melindroso comportamiento de estas nuevas generaciones de progenitocentristas y las concesiones que la administración de turno les concede sin cortarse un pelo.

Está ocurriendo con la entrega masiva de libros de texto de los centros a las familias, saltándose las normas que establece el estado de alarma. Las familias lo han solicitado y la administración educativa ha claudicado, desviando la mirada -no sé ni cómo no se le produce una tortícolis de tanto hacerlo- del texto del Decreto que imponía dicho estado de alarma. Ahora bien, el político de turno es muy listo: dice pero no dice, insinúa, no escribe, manda a su guardia pretoriana a convencer al director de turno, mira para otro lado -otra vez la tortícolis- y se lava las manos como un Pilatos de la posverdad.

Y a los demás no nos queda más que ver pasar por delante de nuestros ojos aquellas incoherencias alarmantes que os contaba en un artículo de hace unos días y que, a modo de ejemplo, os dejo aquí unas muestras comparando el asunto con las normas establecidas para la desescalada:

"Hasta el 11 de mayo no se podrá quedar con amigos en grupos reducidos", pero los libros de texto se pueden entregar masivamente a los progenitores antes de esa fecha.

"Hasta el 11 de mayo no puedo ir a ver a mis mayores", pero los libros de texto se pueden entregar a los progenitores antes de esa fecha masivamente.

"Hasta el 26 de mayo no se puede uno casar en un templo con restricción de la mitad del aforo", pero los libros de texto se pueden entregar a los progenitores antes de esa fecha masivamente.

"Hasta el 8 de junio no se puede ir a la playa", pero los libros de texto se pueden entregar a los progenitores antes de esa fecha masivamente.

Y la autoridad educativa competente sigue con su tortícolis, en un claro insulto a la inteligencia, dejando que sus profesionales y los propios progenitocentristas -que no ven más que libros- se expongan al contagio, obviando las más mínimas medidas de seguridad, utilizando la posverdad para negarlo todo, riéndose por dentro y pensando: "Que os den... a todos". 

3 comentarios:

  1. Qué ciertas y claras son tus palabras.Y qué dolor de cuello deben de tener algúnos que proclaman la autonomía de los centros y el "respeto"a directores y profesores

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