martes, 2 de febrero de 2021

El extraño caso de los orientadores del Guadiana

Así es como los llamo yo ahora: los orientadores del Guadiana, por la similitud de su presencia en los centros con el discurrir del curso de nuestro río: ahora vienen, ahora no vienen; hoy sí, mañana no. Ya desde principio de curso se nos anunció que su asistencia a los colegios iba a estar complicada este año; costó no pocas quejas conseguir que por fin les permitieran venir a finales de octubre o principios de noviembre. Cuando ya habían cogido velocidad de crucero, llegaron las Navidades y, tras ellas, un nuevo parón por la alta incidencia del coronavirus en nuestra región. Ayer lunes, los orientadores y orientadoras retomaron sus visitas a los centros, aunque al final de la mañana recibieron la contraorden de cancelar el resto de visitas semanales. Por la tarde-noche volvieron a recibir la recontraorden de que ya sí podían asistir al día siguiente, cuando ya habían cancelado unas horas antes las entrevistas programadas con familias y docentes. 

Compañeros-as orientadores de los E.O.E.P.: malos tiempos para la lírica, que diría Golpes Bajos. Navegáis en las procelosas aguas de la más absoluta arbitrariedad. Y no es fácil mantener ni el timón ni las expectativas de finalizar el trayecto con éxito. Algún día nos enteraremos de qué manos están moviendo los enredados hilos de esta marioneta en que se han convertido los E.O.E.P. a la vista de tanto cambio de parecer. Parecería una broma de mal gusto si no fuera una triste realidad. El argumento con el que se intenta explicar la no presencia de los orientadores-as en los colegios no se sostiene: se nos dice que es para evitar la movilidad y prevenir la propagación de los contagios yendo a dos o tres colegios semanalmente. Pero por esa misma razón también habrían de haber cancelado los desplazamientos semanales de los maestros itinerantes a sus varios colegios de ámbito y no se ha hecho. Con el mismo argumento habría que haber rehusado a la acogida del alumnado de Prácticas de Grado de Magisterio y no sólo no se ha hecho, sino que ni tan siquiera se ha pensado en ello. Y no se dirá que no hay movilidad ni posible transmisión del virus al introducir a jóvenes de unos veintidós años en los colegios procedentes cada cual de su casa, de su pueblo o de su piso de estudiantes, conviviendo a su vez con otros jóvenes de otros pueblos y estudios universitarios. El argumento utilizado para no dejar venir a los orientadores a los colegios  parece caerse por su propio peso en relación con el resto de ejemplos relatados. Tal decisión es un misterio insondable de difícil explicación. Entonces, ¿cuál es la verdadera razón que subyace para tanto celo con la visita de los orientadores-as? ¿Alguien tendrá la valentía de salir y contarnos el verdadero motivo de que hayan estado dos meses desde el inicio de curso encerrados en sus sedes de manera intermitente mientras los maestros-as estábamos al pie del cañón? Se lo agradeceríamos infinitamente para aclarar este dislate. 

Siempre se ha apostado por la enseñanza presencial por parte de todos los sectores de la comunidad educativa a lo largo de esta crisis; con las debidas medidas de seguridad, eso sí, pero con los niños-as en la escuela. Ahora bien, si la enseñanza es presencial, también debe ser presencial la asistencia de todos los agentes implicados en la misma. No vale unos sí y otros no. Y máxime cuando son los propios Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica los que están pidiendo encarecidamente acudir a los centros para iniciar, continuar o dar por terminados los informes psicopedagógicos que tienen en curso y otros aspectos de su trabajo en los mismos. Porque, no nos engañemos, un orientador no puede evaluar a un alumno-a a distancia. Tiene que observarlo, entrar en su clase, pasarle pruebas individualmente, etc., cosas que no pueden realizarse telemáticamente.  Por tanto, si los orientadores-as no acuden a los centros, el alumnado más necesitado no es evaluado y, en consecuencia, no pueden ser atendidas en su justa medida sus necesidades escolares. Luego no podremos rasgarnos las vestiduras diciendo que  la COVID ha acrecentado  las desigualdades sociales privando a los más desfavorecidos de la debida atención, pues no solo es la COVID, sino las decisiones más o menos desafortunadas que se hayan tomado al calor de la pandemia. Porque aquí, como en el chiste, tenemos que elegir: a setas o a Rolex. ¿A qué estamos?

3 comentarios:

  1. Y no recibiremos respuesta alguna...
    Los maestros daremos la cara, otra vez más, por todo.
    Una poca vergüenza, que diría mi madre.

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  2. ¡ Enhorabuena, Manolo!
    De nuevo vuelves a poner el dedo en la llaga de forma magistral, con ese humor "manoliano" que es tu firma y sello.
    Ciertamente, creo que "algún duende travieso" se ha colado en el III Milenio y ha convertido un escenario tan serio en una comedia de Jardiel Poncela y a sus más insignes habitantes en sus hilarantes personajes. Eso sí, salvando que al menos, con los protagonistas de las obras de Jardiel, nos echamos unas buenas risas, pero con estos... ¡ Maldita la gracia!

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