Perplejos. Los españoles dicen que se han quedado perplejos con las medidas que ha anunciado el gobierno para que los niños y las niñas vayan saliendo de casa tras mes y medio de cautiverio. Y yo no entiendo su perplejidad. Es más, intuyo las intenciones del ejecutivo tras el anuncio de que las criaturas puedan salir solamente si acompañan a sus papás o mamás a bancos, supermercados y farmacias. ¿Acaso sólo lo veo yo? A ver, les explico:
El gobierno lo que en realidad quiere es fomentar la competencia social y ciudadana de la chavalería, su autonomía personal, mejorar, a la vez, su capacidad comunicativa y su sentido de la orientación. Pongamos un ejemplo sencillo: el crío de tres-cuatro años -varón, por más señas, que son menos avispados que el sexo fuerte- que ha pasado toda la noche tosiendo debido a la alergia. Lo coge su madre de la mano, lo lleva a la farmacia del barrio, explicándole por el camino cómo llegar a ella, y le pide que preste atención cuando ella pida el medicamento que le va a mitigar esa tos.
- ¿Me pone un bote de Romilar, por favor? -solicita la madre.
Lo paga, se despide de la farmacéutica y regresan a casa tan alegres. A ver, dice la madre al niño, ahora lo vas a hacer tú solito.
- ¿Qué tienes que pedir para tu tos en la farmacia?
- Dddomiaaa -responde el niño.
- Nooo. Rrrrrromilarrrrr -repite la madre enfatizando la letra r al principio y al final de la palabra (fíjese que ya se está trabajando por parte materna el rotacismo que presenta el chico).
-Dddromiladd -vuelve a la carga el muchacho.
-Eso ya está mucho mejor -lo anima la madre.
Luego le da un billete de 10 euros y le explica qué le tienen que devolver (fíjese que ya se está trabajando el concepto de cantidad y la introducción al concepto de dinero). Por último le pone el móvil en la mano con la dirección indicada en Google Maps (orientación espacial), lo pone en la puerta de la calle y le da unas palmaditas en la espalda de ánimo (autonomía personal).
Los resultados de este aprendizaje no los vamos a exponer aquí porque, como bien se sabe, el aprendizaje es a base de ensayos y errores y a veces cuesta un poco captar todo el proceso.
Pero pongamos otro ejemplo: el de una preadolescente de 11 años que lleva toda la mañana pidiendo sus patatas fritas favoritas y que, harto de ella, su padre la obliga a acompañarlo a hacer la compra a una gran superficie. Esta niña ya tiene un amplio recorrido escolar y domina muchas facetas de la vida. Pero el padre lo que quiere es que aplique sus conocimientos matemáticos al hecho concreto de la compra, centrándola en la consecución del máximo ahorro en la misma. Para ello la instruye en que dilucide si son más ventajosas las ofertas del 3x2 o del 2x1 que ven anunciadas en algunas estanterías. También le hace calcular que si la segunda unidad está al 70%, por cuánto le salen en total las dos unidades.
-¿Y lo de la segunda unidad es más rentable o menos que el 3x2? ¿Y que el 2x1?
-Papá, y yo qué sé -responde airada la niña.
-Pues no sé, hija, qué te enseñan en la escuela.
Y siguen comprando. Y el padre obliga a la niña a ir calculando mentalmente lo que se van gastando a medida que van cogiendo productos (fomento del cálculo mental). Al final, cuando ya han pasado la caja y han pagado, la obliga a repasar el ticket de compra.
-Jo, papá, qué pesado eres!; esto es un rollo -protesta la muchacha.
-Dices que es un rollo porque te acompaño yo, ¿verdad? Pues ya sé lo que vamos a hacer. Mañana me quedo en el coche, te doy la lista de la compra, dinero y te las apañas tú solita. Ya verás como te diviertes (vuelta a la autonomía personal, la competencia social, la matemática y la percepción del entorno como un ente amigable). Eso sí, tienes que hacerla con el concepto de ahorro como premisa de cualquier compra que se precie.
¿Lo ven? Dos ejemplos claros de las ventajas de la decisión del gobierno de la salida escalonada de los niños a la calle. Si es que se lo han "currao": la inteligencia gubernamental al servicio de la formación de las nuevas generaciones.
Ya tenemos formados a dos chicos de los recados. Y, mientras tanto, los padres y las madres realizando otras tareas del hogar o guarecidos en el coche, vamos, confinados, sin exponerse al contagio de la calle. Se podrían poner muchos más ejemplos. Lo de ir al banco sería para chicos y chicas rondando los catorce años y se le podría sacar un jugo financiero... que ni un máster. Pura praxis apoyada en una sólida teoría paterna.
Lo que os digo: un acierto más de nuestro gobierno.
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