lunes, 18 de mayo de 2020

Alergias

Con la llegada de la primavera, llegan también las alergias, como todo el mundo sabe. Ya había observado por la calle durante los últimos tiempos el crecimiento año tras año del número de alérgicos cuando se aproximaba esta estación, pero lo de este año me ha sorprendido, no ya porque su crecimiento haya sido exponencial, sino por la multitud de tipos de alergias que se observan.

Además de las consabidas alergias a flores, plantas, animales, polvo, etc., ha surgido también la alergia a salir de casa después de más de dos meses confinados. "El síndrome de la cabaña", lo llaman los expertos, los cuales se han lanzado en tromba a su definición y justificación. Lo podían haber llamado el síndrome de la choza o del keli, pero parece que suena mejor lo de cabaña, como más confortable, ¿no?

Por no hablar de  la alergia a cruzarse con alguien por la calle; para evitarla, nos separamos más de la cuenta del que viene de frente, calculando el espacio, y, justo cuando vamos a cruzarnos, volvemos la cara para el otro lado, como diciéndole: ¡chacho, que me contagias!

Los de las cacerolas imagino que le tienen alergia al gobierno y por eso siguen por ahí dale que te pego haciéndolas sonar. El gobierno, a su vez, le tiene alergia a los de las cacerolas y se ha puesto tapones en los oídos para no escucharlas. Tanta alergia tiene el gobierno a las cacerolas, que en Moncloa han dejado de cocinar en ellas: todo se asa en su horno.

Los de izquierdas tienen alergia a los de derechas y viceversa: no hay antihistamínicos suficientes en las farmacias para vencerla. Lo han intentado poniéndose mascarillas, pero no da resultado, pues además de nariz y boca, estas deberían tapar también los ojos, ya que ambos bandos sufren de alergia mutua a través de la mirada, cosa que la mascarilla aún no tapa, pero todo se andará.

A quienes es fácil tenerles alergia es a ciertos líderes mundiales, que no dejan de decir patochadas a cuenta del coronavirus. Los que los votaron se están ahora dando cuenta -tarde, eso sí- de lo impresentables que pueden llegar a ser en cuanto se les pone una cámara y un micrófono delante. Les tenemos alergia a ellos y a sus ocurrencias, no en vano algún tonto como ellos siguió su consejos y está criando malvas hace tiempo. Mi abuela los lapidaría con una sola frase: "Consejos vendo que para mí no tengo". Para ellos, mejor que mascarilla, un bozal.

Otra alergia que he observado es la de los niños al Classroom: le temen más que a una tormenta de verano. Al principio era como muy guay, hasta que han cogido alergia y ya no les interesa tanto. En algún sitio incluso ha habido corte de la fibra óptica a la maestra de turno por parte de la chiquillería, fíjense el nivel de alérgenos que transmitía el dichoso cable.

Yo he empezado a tener alergia a levantarme temprano, pues durante el confinamiento me he levantado media hora más tarde de lo normal y ahora me da como cosa volver a la antigua normalidad, pues el presidente nos tiene convencidos de que hay que acogerse a la "nueva normalidad", que aún no sé lo que es, pero yo por si acaso he metido en ella lo de levantarme más tarde. Si alguien me pide explicaciones, diré: "disfrutando de la nueva normalidad". Imagino que ya concretarán el asunto en un Real Decreto.

También le tengo alergia a mi mujer y ella a mí, de tanto tiempo de convivencia en la misma "cabaña". No es una alergia grave. Es llevadera. Pero es alergia. De pronto he descubierto que sorbe el café de una manera que me molesta. Antes nunca lo había observado, pues desayunábamos a horas distintas. También va al baño justo antes de que yo tenga la necesidad de ir y se demora allí -yo creo que a propósito- durante más de veinte minutos. Y eso, día tras día, genera alergia. Estoy deseando salir de mi cabaña a ver si la supero.

Pero si he ser sincero, cuando hemos empezado a salir a la calle con esto de las fases -¡madre, lo que me ha costado enterarme!-, lo que más me ha preocupado al ver a tanta gente con mascarilla es el pensamiento que se me ha venido a la mente: mira que si empezamos a tener también alergia a las mascarillas... Pues sería un problema. Igual nos teníamos que volver a confinar, porque a ver quién es el guapo que sale ya sin ellas. Mejor no pensarlo. ¡Qué cruz esto de las alergias!


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