Las claves. Ese fue el tema de conversación de toda la mañana y parte de la tarde de ayer en relación con el proceso de adscripción a la E.S.O. Eso me gustaría saber a mí: la clave para quitarme del medio al de la ocurrencia.
El asunto llegó en forma de mensaje por Rayuela: "Necesitamos la clave" ¿¿¿...??? ¿Qué clave? -pensé y pregunté yo a la madre que me la pedía.
"La clave para ver la lista de los institutos" -me respondió ella.
Ni yo ni casi nadie teníamos conocimiento de que hubiera una clave a los efectos. Una rápida llamada a las fuentes del saber me confirmó de su existencia: la autoridad educativa había decidido que las listas de admitidos en los institutos no podían exponerse públicamente, mostrando impúdicamente los nombres y apellidos del alumnado y la puntuación obtenida en dicho proceso. Por ello, había ordenado que los institutos generasen una clave para que las familias interesadas accedieran a las mencionadas listas. El crack pensante no había caído en cómo narices iban a darle los institutos a los interesados esa clave si todavía no son alumnos suyos. Pues ya os podéis imaginar la solución: nos cayó el marrón a los de Primaria. Y ahí estuvimos toda la mañana y parte de la tarde, mensajes van, mensajes vienen a las familias, facilitándoles las claves que previamente debían haber generado los institutos, cada uno a su estilo y a su hora...
Con lo fácil que hubiese sido pasarnos directamente el asunto desde un principio a nosotros, los de Primaria, que lo habríamos solucionado en un plis plas, de la siguente manera:
El conserje nos hubiese abierto las puertas del colegio diligentemente a las nueve en punto de la mañana, previa desinfección a fondo del mismo, apertura de las ventanas de la sala donde procederíamos a la reunión para su aireamiento y una vez hecha la reposición de geles, jabón y papel higiénico en los cuartos de baño para su uso por el personal como medidas de prevención ante el coronavirus. Los convocados nos hubiésemos reunido en "cónclave" para generar las dichosas claves: por un lado, el administrador de redes del colegio, que tendría ya preparado la infraestructura informática en nuestra página web; por otro lado, los dos administrativos del centro, que facilitarían al administrador de redes los archivos recibidos con los listados para su encriptación; el educador social, que daría su opinión sobre la conveniencia de enviar personalmente las claves al alumnado desconectado y, finalmente, la orientadora del centro, que informaría sobre el alumnado acnee e ityde. El equipo directivo no hubiese tenido necesidad de asistir a esa reunión, toda vez que el personal anteriormente citado tiene la suficiente diligencia y capacidad para solucionar el tema; además, goza de la plena confianza del director. A los pocos minutos se habría decretado fumata blanca y asunto resuelto: "Habemus papam". Cónclave finalizado. Y no esto de haber tenido que molestar a la gente de los institutos, que les hemos fastidiado el día.
De todas formas, imagino que el asunto habrá valido la pena: preservar la identidad del alumnado en un proceso público que debe ser transparente y ocultar a fisgones unas puntuaciones contra las que uno mismo y terceros pueden reclamar en caso de no estar de acuerdo con las mismas. No obstante, me choca el asunto este de no publicitar las listas del alumnado admitido en la E.S.O.: igual acceder a la E.S.O. es ahora más importante que acceder al cuerpo de Maestros, dado el proteccionismo observado. En multitud de concursos públicos y, más concretamente, en las últimas oposiciones a maestros se publicaron examen a examen los nombres y apellidos de los candidatos y sus notas, como debe ser e indica el sentido común ante cualquier proceso en el que se deba velar por la debida transparencia. Igual pronto la entrada en la E.S.O. se hace a dedo, sin baremo y sin publicidad alguna: así se garantizará la confidencialidad... pero se perderán la equidad, la transparencia y el derecho a reclamar.
Mientras tanto, los directores, para preservar nuestra identidad, usamos mascarilla, visera y mampara para que el coronavirus no nos reconozca y pase de largo, ya que la Consejería de Educación nos ha ordenado recoger presencialmente las solicitudes de escolarización. Los inspectores deben ser todos ellos población de riesgo, pues siguen teletrabajando desde casa. O a lo mejor es cuestión de rango, o de casta, que diría el de la coleta.
Mientras tanto, los directores, para preservar nuestra identidad, usamos mascarilla, visera y mampara para que el coronavirus no nos reconozca y pase de largo, ya que la Consejería de Educación nos ha ordenado recoger presencialmente las solicitudes de escolarización. Los inspectores deben ser todos ellos población de riesgo, pues siguen teletrabajando desde casa. O a lo mejor es cuestión de rango, o de casta, que diría el de la coleta.
Y es que cuando se nos va la olla, se nos va bien ida. Y no creo que nadie tenga la "clave" para volverla a poner en su sitio. ¿O sí? Igual el coronavirus...

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