lunes, 25 de mayo de 2020

Los colegios de la nueva normalidad

Un lunes cualquiera, 8:30 horas de la mañana. Director y conserje se dirigen a la puerta de entrada al recinto escolar. Van solos porque aún no ha llegado el resto del profesorado. Abren la puerta y lo primero que hacen es tomar la temperatura a todos los niños que van entrando:

https://drive.google.com/file/d/17rzUdSL2Zqgxnfrscdrgt01NczoE3yQz/view?usp=sharing

Como niños que son, ya han olvidado que tienen que guardar la debida distancia de seguridad en las filas del patio, por lo que el director ordena al conserje darse una vuelta con la pancarta que todos los días lleva bajo el brazo:

 
https://drive.google.com/file/d/1HNQEzdiFl4w2raxwpImaDkV_KTY5Ddut/view?usp=sharingEs una tarea ardua, pues los niños se rebelan y tienden a la antigua normalidad. Por fin, entre el conserje y el director, a golpe de silbato, consiguen ponerlos en orden; un orden que recuerda tiempos pasados, pero que es el que conviene ahora:

Afuera, con la distancia de seguridad exigida para entrar y la toma de temperatura  en la puerta, el atasco de coches es monumental. El director y el conserje ya están acostumbrados; de hecho, llevan cascos en las orejas para protegerse del ruido:

Hoy sólo han sido dos los alumnos sospechosos a los que se les ha detectado fiebre o tos. Para la detección de la fiebre, el centro ha tenido que adquirir, además del termómetro infrarrojo, un detector de ingesta de antipiréticos y analgésicos tomados con anterioridad en casa, para detectar así falsos asintomáticos.  El aparato detecta los ojos brillosos de los febriles, cosa que no pueden mitigar los medicamentos.


La tos se detecta enseguida, pero para no confundirla con una tos de un resfriado común, se ha instalado un medidor de la frecuencia y de la potencia tusígenas. Todo aquel niño que tosa repetidamente y su potencia sea superior a la siguiente grabación se convierte automáticamente en sospechoso:
https://drive.google.com/file/d/13Q2qLTaTLZ3o5O53gQIb89juJr5GswGP/view?usp=sharing 
Los dos niños de hoy han sido automáticamente aislados en la sala que se ha destinado expresamente a los efectos:
El director ha mandado permanecer en la puerta de la entrada a dos niñas que venían sin mascarillas, con la consabida protesta de las madres. Ha ido a su despacho a por un paquete y les ha facilitado una a cada una antes de permitirles la entrada. Y se las ha cobrado a 2 euros la unidad -como una especie de sanción-, tal y como marca el nuevo reglamento del centro elaborado con motivo de la pandemia.

https://drive.google.com/file/d/1xpRAM2nOgs2MfVJURNoXQoh1yxrFtIQe/view?usp=sharingPor fin suena el timbre de entrada a clase. Todos en sus filas, guardando un metro y medio de distancia de seguridad entre ellos. Y no guardan dos metros porque las filas no cabrían en el patio... Les esperan aún sus buenos veinte minutos de subida. A medida que van subiendo ya no se oye el bullicio de la antigua normalidad. Ahora solo se escuchan los pasos huérfanos del que sube: 
https://drive.google.com/file/d/1-Mwd3duaIu_vGubx_ZdQ1Go-NSZen1Yd/view?usp=sharing

Una vez en las clases, los niños son ya responsabilidad de cada maestro-a. Nada más entrar, encontrarán como todos los días desde el inicio de curso, sus mesas distanciadas, sin posibilidad de acercarse los unos a los otros, ni de hacer grupos de trabajo, ni de hacerle jugarretas al de al lado. Las aulas son mucho más aburridas que antes. De comprobar la distancia entre mesas se encargan diariamente el director y el conserje, que no tienen otra cosa que hacer en todo el día. Eso y reponer geles hidroalcóholicos en las clases y jabón en los cuartos de baño.
Como va de clase en clase, atiende a las familias en su despacho y repone los geles, jabones y demás productos antivíricos, el director siempre va enfundado en su Equipo de Protección Individual. A él no le gusta; dice que parece un actor de una película de catástrofes, pero es que a lo mejor la película se ha convertido en realidad:
 
Los sonidos del colegio también han cambiado. Por cualquier parte del mismo se escucha el bombeo de los dispensadores de gel:
https://drive.google.com/file/d/1ALjBvl87-w8Im49MR-eRzi1oqpzJUI5Y/view?usp=sharing
Y tras la merienda, el recreo o la visita al cuarto de baño, el sonido del lavado de manos:
https://drive.google.com/file/d/11kfytGiX6N0bn-6ihH68ZBorWUv8tHiC/view?usp=sharing
Los olores también han cambiado. Ahora huele por todas partes a lejía y desinfectante. Todos los maestros tienen un pulverizador con desinfectante sobre la mesa, que usan con profusión a lo largo de la mañana:
Los maestros-as han dejado de reunirse en la Sala de Profesores por temor al contagio. Ya no forman grupos de trabajo presenciales. Todo es a distancia, por videoconferencia.

Tras cinco horas de clases, de desdobles, de mascarillas, de recreos hipervigilados y de sprays desinfectantes, los maestros y maestras están cansados. Las lecciones a distancia son frías. El alumnado se ha acostumbrado a no acercarse demasiado a su maestra, le deja la libreta o el libro encima de la mesa del profesor y se retira a su sitio hasta que es corregido. Con los más pequeños el asunto es mucho más complicado, pues necesitan del cariño de su maestra -un achuchón, un beso de ánimo en un momento dado- que ahora no es posible. Y eso se nota. Lo reclaman con sus ojos, tristes.

Muchos maestros y maestras se van todos los días a casa con la sensación de no haber avanzado nada en
el currículum. "Lo que mejor aprenden los niños son las medidas de longitud, dada la cantidad de veces que nos ven usar el metro" -opinan algunos.

 
"Y no te olvides de las medidas de capacidad, con lo que rellenamos el dispensador de gel hidroalcohólico" - añaden otros.


"El colegio ya no es lo que era" - es la opinión generalizada.

Por eso, todo el mundo -niños, maestros, padres y personal no docente- espera con avidez la sirena que anuncie el final de las clases, donde las medidas de seguridad tienden a relajarse un poco por el cansancio acumulado durante la mañana:
https://drive.google.com/file/d/1peJXKFpsmQOtAxerHYORfT-0GVAyw1zT/view?usp=sharing

Nada más irse los niños entra el primer turno de limpieza a aplicarse con energía en aulas, despachos y pasillos para intentar higienizar lo máximo posible el colegio.

Para el director la jornada aún no ha acabado, pues ahora le toca el tostón del comedor, donde echa una mano a las monitoras para que los niños no bajen la guardia con la distancia de seguridad. También está lo de las mascarillas, que deben quitarse para poder comer y aparecen diseminadas por donde menos se espera. Pero eso ya os lo contaré en otra ocasión.

Después de comer, las actividades extraescolares, donde el número de inscritos ha bajado considerablemente y donde las monitoras se las ven y se las desean -ellas solas- para mantener las medidas de seguridad...

Por hoy, creo que ya os habéis hecho una buena idea de la situación.

Mañana será otro día.

7 comentarios:

  1. Yo ya me temía que este es el panorama que nos espera, y lo del comedor aún no lo imagino

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  2. ¡Madre mía! Tengo la esperanza puesta en los investigadores y en la vacuna. No soy capaz de imaginar nuestro trabajo así...

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  3. La situación que describes parece cómica pero me temo que no lo es...

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  4. Describes espectacularmente un universo docente distópico que, por desgracia, dejará de serlo en septiembre, tal como otras distopías se han ido haciendo realidad.😪

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  5. Sí, mañana será otro día.
    Un abrazo asintomático 😀

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  6. ...estamos en el punto en que o va a mejor, o revienta la situación...

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