martes, 16 de junio de 2020

Disfunciones incorporativas


Decían que el coronavirus iba a sacar lo mejor de nosotros... Mejor me callo el exabrupto, por si a alguien le molesta. Como fiel seguidor de Machado, me caracterizo más por mi escepticismo  -y un poco de misantropía también, por qué no decirlo- que por la vertiente filantrópica al uso. Una filantropía basada más en la superficialidad del aspecto externo de la persona que en la indagación de las profundidades espirituales de la misma. 

Al margen de mis inclinaciones filosóficas, viene a cuento el título del artículo por los hechos que voy constatando en lo tocante a la reincorporación del funcionariado a sus puestos de trabajo. Cuánto celo de nosotros mismos, cuánta exigencia de medidas de seguridad, cuánta sensibilidad al virus, cuánta pega para reincorporarnos a realizar la labor que nos sostiene mensualmente... Le buscamos los tres pies al gato constantemente con tal de seguir pseudoconfinados -porque de tiendas y de terrazas sí que vamos- y teletrabajando en casa. Nada, que le hemos cogido gusto al sofá. Y aquí queremos que nos las den todas. Y cuando ya no nos queda más remedio que salir de nuestra madriguera porque el jefe de turno reclama nuestra presencia en la oficina, cuánta indignación demostrada -y también fingida-, cuánto análisis de la situación, cuánta indagación no vaya a ser que se estén lesionando nuestros derechos como trabajadores... Se nos llena la boca de riesgos laborales, hasta tal extremo, que podemos estar a punto de atragantarnos con ellos. Y exigimos todo lo exigible para ponerle más difícil todavía al jefe de turno nuestra reincorporación. 

Los ejemplos los hallamos por doquier. Podemos encontrarnos en la tesitura de que hay que pedir cita previa para devolver un libro en préstamo a la  Biblioteca Pública del Estado, por ejemplo. Cita previa para un simple libro que se deposita en un recipiente y que es escaneado con la pistola láser, sin necesidad de ser tocado para no contagiar a la funcionaria de turno, la cual sale cada dos por tres a hablar por teléfono móvil -sin mascarilla, por supuesto- a voz en grito a la puerta de la biblioteca o a fumarse un cigarro y luego pide silencio y exige medidas de seguridad dentro del edificio. Que le dijeran a esa misma funcionaria que tiene que pedir cita previa para pasar por delante de la cajera de un supermercado, que veríamos a ver dónde llegaban sus gritos. Al cielo, ya os lo digo yo. ¿Y a fin de cuentas, no es lo mismo pasarle el lector a un libro que a un producto que se compra en un supermercado? Pues parece ser que no: para el libro, cita previa.

Luego nos podemos encontrar también con el colectivo de funcionarios y personal laboral de Administración y Servicios, cuya gran mayoría continúa teletrabajando desde casa a pesar de tener muchos de ellos amplios despachos en los que guardar la debida distancia de seguridad e incluso despachos individuales. Pero, por otra parte, se ve tan normal que los Equipos Directivos de los colegios públicos estemos desde el 18 de mayo recogiendo solicitudes de admisión de alumnado, ayudas de libros, comedor escolar, aula matinal, etc. al pie del cañón. Imagino que será por aquello del rango social... Los maestros ya se sabe que hemos sido siempre un cuerpo vilipendiado. Pero con los Equipos Directivos es que no se está teniendo piedad con esto del coronavirus. La autoridad educativa sabrá por qué.

Indagando, uno descubre que en el caso concreto del edificio de la Delagación Provincial de Educación, la no reincorporación de gran parte de su personal se debe, entre otras causas, a que los baños del edificio no tienen ventanas para airear los virus que pueden asentarse en los fómites -palabra que desconocía hasta el día de hoy-. ¿Alguien nos ha preguntado si en los colegios tenemos tal ventilación en nuestros baños? Que yo sepa, no, pero bien que se publicó una Instrucción para que nos incorporásemos ipso facto a currelar sin comprobación previa. No sabía yo que la autoridad educativa sabía de antemano que todos los miembros de los Equipos Directivos hacemos nuestras necesidades airosamente, porque airadamente sí que las hacemos, eso ya os lo aseguro yo. Pero mira por donde que sí que se observó tal defecto en el edificio mencionado. ¿Casualidad? ¿O cuestiones de aires?

Ahora bien, que el tema que más nos mosquea a los Equipos Directivos es la indecisión, el doble lenguaje, el sí pero no... la benevolencia, a fin de cuentas, con la que se trata la reincorporación de los efectivos a los centros una vez que pase el estado de alarma. Y no nos molesta porque se incorporen o se dejen de incorporar -que también-, sino por el celo que tiene la autoridad educativa para con ellos y el poco celo que demostró para con nosotros.

En definitiva, mucha incoherencia, mucha iniquidad, mucha pamplina, mucha pose, mucho celo egocéntrico -pero que le den por ahí mismo a los demás-, mucha tontería, mucho leguleyo suelto, mucha descarga de responsabilidad en mandos intermedios, pero poca gana de... eso.

2 comentarios:

  1. Además.... la forma de tirarse apalancados en una silla, les delata, me parece a mí...
    Mañana abro la ventana cuando orine, a ver si duro un poco más y soy capaz de terminar lo que empecé.
    Me ha encantao, maestro.

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  2. Buenísimo el título "disfunciones incorporativas".
    Jo, jo, jo... Menos mal que él virus nos ha cambiado para mejor sobre todo en solidaridad y empatia.
    Y suerte de que podamos contarlo 🤣

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A poco más de un año vista de la jubilación, hago memoria, analizo la evolución de la escuela a lo largo de los últimos treinta y cinco años...