La buscamos con ahínco. Y cuando ya parece que la hemos encontrado, intentamos domesticarla, hacerla nuestra, quedárnosla. Pero ella es una bestia indómita y termina siempre escapándose, marchándose lejos, obligándonos a reanudar nuestra infructuosa búsqueda. Y la aventura se repite indefinida y cíclicamente una y otra vez, un día tras otro a lo largo de nuestra insignificante existencia.
Recorreremos intrincados caminos tras su estela, cuando la mayoría de las veces la solemos vislumbrar a la vuelta de la esquina, donde menos la esperamos, envuelta en los ropajes más sencillos. Y a pesar de que sabemos que nunca será nuestra para siempre, no cejamos en nuestro mundano empeño: el afán de controlar lo incontrolable.
No acabamos de asimilar, embrutecidos por el ansia creciente de poseer, que el objetivo no es su hallazgo, sino su permanente búsqueda.
Mucha gente que conocemos es infeliz. A lo mejor lo tienen todo, pero se les nota a la legua que no están contentos con la vida que llevan. Están continuamente malhumorados, amargados, criticando todo desde una perspectiva negativa... No saben disfrutar de las oportunidades que les ofrece la vida. La vida no es tener, es ser. Y, sobre todo, es saber buscar la excusa perfecta para seguir siendo. No importa lo insignificante que sea nuestra excusa: si nos sirve para tener ilusión, es suficiente para nosotros. Ahí está la clave.
"El otro periódico" os regala este sábado un libro en PDF para que lo leáis en vuestros libros electrónicos. Se titula "La felicidad se llama Carlota". He aquí su argumento:
Cada cual con sus fobias, miedos y
trastornos psíquicos, cuatro peculiares personajes se ven una vez al mes en la
sala de espera de una consulta de psiquiatría. Benedicto Cámara es un político
frustrado que no busca en su psiquiatra más que le extienda la baja laboral
para evitar regresar a su actual puesto de trabajo: pofesor de Lengua Española
y Literatura en un instituto marginal. Don Turbino ha sido sacerdote y profesor
de Filosofía, pero ya no es nada de eso. Después de haberse hecho pasar por
loco, ahora vive de su pensión de jubilación sin poderle contar al mundo a qué
se ha dedicado en realidad en la vida. Román Tolosa ha sido camionero, pero
desde que se jubiló ha entrado en una depresión frenética porque ni su mente ni
su cuerpo –productos de su educación- estaban preparados para la inactividad
laboral. Clara Sandez es una rebelde con causa: ecologista y anticapitalista
acude al psiquiatra para superar un presunto complejo de inmadurez que extenúa
su cuerpo.
No les va ni mal ni bien con las
pastillas que les receta su psiquiatra. Pero la repentina desaparición de la
cubana Carlota, asistenta y auxiliar en la consulta, les proporcionará la
excusa perfecta para iniciar el camino de su curación. Su búsqueda, tan esperpéntica
como ineficaz, se desenvuelve en las calles del Badajoz actual, donde sus
nombres han sido cambiados para jugar con el lector a su reconocimiento
mediante la lectura.
No faltará la sutil o directa
crítica a la sociedad que nos ha tocado vivir: el capitalismo, la religión, el
fútbol, el deterioro del planeta, el trabajo, el tabaco, la política, etc.,
etc., serán temas que pasarán por el bisturí de los personajes de una novela
que, bajo la apariencia de policíaca, intenta hacernos reflexionar sobre la
tremenda importancia de las cosas que normalmente consideramos banales.
Sus personajes son puros y
arquetípicos a posta: es una forma de escudriñar el alma humana con fines
novelescos.
Espero que os guste y lo disfrutéis.


Gracias, Manolo. Ya te contaré cuando lo lea, pero el argumento atrae como un imán.
ResponderEliminarEl artículo, me quito el sombrero. El libro, lo leí y lo tengo. Recomiendo su lectura.
ResponderEliminarGracias Manolo, yo lo leí y me encantó estoy a la espera del sigue.
ResponderEliminarRecomiendo su lectura
...gracias por ese regalo contínuo de tus escritos...
ResponderEliminarLeí tu primera obra literaria, estoy deseando leer el libro sobre Carlota...