Toca despedida. Todo empezó el 31 de marzo de 2020. Desde entonces, "El otro periódico" ha venido publicando regularmente artículos de opinión con el único fin de entretener a los que habéis tenido a bien su lectura, verter opinión sobre los acontecimientos de la realidad -especialmente de la realidad educativa- y de servir de terapia a su redactor principal para sobrellevar el confinamiento. Ya que no estamos confinados y que el estado de alarma terminó ayer, los redactores se han puesto de acuerdo para dar por concluida la misión que se autoasignaron.
La pandemia vino para introducir algunos cambios en nuestro modus vivendi. Primero estuvimos confinados, luego empezamos a desescalar por fases poco a poco la cima de la pandemia y, por último, hemos llegado a la meseta de la nueva normalidad con la incertidumbre de si no tendremos que escalar de nuevo lo desescalado.
A lo largo de estos casi tres meses, se han abordado numerosos temas que siguen más o menos de actualidad; algunos han evolucionado, unos pocos han dado un giro radical y la mayoría de ellos sigue como los dejamos, para no variar:
- Ya no tenemos estrés por el encierro, ahora lo tenemos por salir a toda pastilla a la calle, por hacer deporte -la de contracturas que está provocando y ahí siguen, erre que erre-, por viajar a segundas residencias... En definitiva, que seguimos con estrés, pero hemos cambiado su causa.
- Los oficios no se han reconvertido: siguen existiendo los mismos, aunque hay menos gente que los ocupa pues, al calor de ERTEs y EREs, muchos compatriotas han perdido sus puestos de trabajo. Lo que se lleva mucho es el esnobismo del teletrabajo, que es lo mismo que en la oficina, pero con la taza de café y la caña de cerveza o la copa de vino al lado del ordenador y sin quitarse el pijama.
- Las autoridades entraron en razón y lo de las clases o talleres para escolares en el mes de julio se quedó en agua de borrajas. Y la redacción ha celebrado con júbilo que teníamos razón, que julio no es mes para escolares.
- Las incoherencias siguen siendo alarmantes: lo mismo te exigen la mascarilla en el transporte público que te permiten quitártela para tomarte unas cañas y vociferar en las terrazas de los bares, que por cierto siguen atestadas. Se sigue constatando que teletrabajo y terrazas son dos conceptos de difícil imbricación argumentativa por su alta dosis de incoherencia: el teletrabajar para no exponernos al virus no casa con irse de bares nada más apagar el ordenador.
- Los listos siguen conjurados: siguen empeñados vocingleramente en que todo se ha hecho fatal, que de haber seguido sus consejos ya habríamos salido de esta crisis antes de haber entrado en ella. Desde "El otro periódico" hemos recomendado su sabiduría a Trump o Bolsonaro, pero han declinado nuestro ofrecimiento, pues estos últimos se creen más listos que los listos.
- "Mangarto abogados" tiene más trabajo que nunca: tras el confinamiento, muchas parejas se han percatado de la realidad de su relación y se han lanzado en tromba a solicitar separaciones, divorcios y demás medidas de distancia familiar, y no consistentes precisamente en mamparas, mascarillas y dos metros de separación. Como el dueño del bufete ha tenido que cambiar de local porque el que tenía era de su suegro y lo perdió tras su propia separación, no podemos ahora indicarles su nueva dirección, pero seguro que los pueden atender por teléfono.
- Las comparencencias han continuado puntual y machaconamente cada dos por tres. Menos mal que el pimpollo las dio por terminadas hace un par de días cuando anunció el fin del estado de alarma. Vamos a echar de menos a Simón, con su estoica calma y su voz cascada por la almendra: muchos se van a quedar sin tema de conversación; pero ya agarrarán otro, y que se vaya preparando a quien le toque.
- Políticamente continuamos con muchas distancias, con acuerdos imposibles y, lo que es peor, acumulando odio porque la fatuidad de la clase política supera con creces al sentido de estado. De esta crisis no salimos ni mejores ni peores, sino igual de necios que entramos. Y así seguiremos.
- La infodemia continúa imparable. Afortunadamente ha desviado un poco su foco de atención del coronavirus y ya parece que existen otras noticias, que nunca dejaron de existir, pero que el tsunami de la pandemia las sepultó en el olvido. Los bulos y las mentiras continúan su ronda habitual por whatsApps, Facebook, Instagram y demás mentideros. Y no hay antivirus que las filtre.
- La vuelta al cole al final no se produjo y no tuvimos que adquirir gran parte de los productos que proponía "El otro periódico" para la protección de alumnado y profesorado. En septiembre habrá más, pero aún no estamos curados de espanto y, con un verano de por medio, seguro que la vuelta de los escolares nos coge otra vez sin los deberes hechos.
- La peluquería "El trasquilón" sigue haciendo su agosto en junio. "El otro periódico" le ha dado tanta publicidad que los clientes hacen cola a diario buscando sus servicios. Esta redacción ha llegado a un acuerdo con el dueño para cortar gratuitamente el pelo a los lectores de este diario, pero como no cogen el teléfono por exceso de trabajo, no se puede pedir cita previa; hay que desplazarse hasta la peluquería, hacer la cola e identificarse como lector de "El otro periódico". El problema es que desconocemos su emplazamiento.
- Los antilíderes siguen anclados en la vieja normalidad, que es en la única donde se sienten cómodos porque sus neuronas no les dan para otra cosa. Y aunque a muchos nos producen alergia, al parecer, buena parte de la humanidad comulga con sus rancias ideas. Pues qué le vamos a hacer. A mandar, oiga.
- Las tribus víricas continúan ocupando calles y plazas. Ya no son tan puras como durante la pandemia. Ahora se han mezclado, observándose un curioso mestizaje. Una de las más extendidas es la del funcionario-teletrabajador-deportista aficionado-terracero de cañas-patriota desaforado: se le puede ver a cualquier hora por la calle en cualesquiera de sus múltiples facetas.
- Los Equipos Directivos de los centros públicos educativos seguimos en tierra de nadie, pues la autoridad educativa nos tiene -y perdonen la expresión- "como a puta por rastrojo", expresión que no creemos que haga falta explicar. Dicha autoridad educativa no ha hecho caso de la propuesta de este periódico de redistribuir los efectivos no docentes para aliviar la burocracia de los colegios. Y así nos va: los rastrojos nos están arañando las tabas y nos cuesta caminar. Si a ello le sumamos las disfunciones incorporativas del resto de personal, pues eso, un sindiós.
Para nuestro consuelo aún nos queda por lo menos saber que la felicidad a veces se llama Carlota y que la podemos encontrar en los detalles más nimios, siempre que sigamos cabalgando a lomos de la vida. Y que la esperanza nunca se pierde e igual estos redactores se ponen de acuerdo en un futuro -cosa por ahora harto improbable- y deciden crear otro periódico.
Sea como fuere, siempre será bajo la filosofía de los versos que aquí os regalamos por habernos soportado estos meses de estado de alarma:
- Ya no tenemos estrés por el encierro, ahora lo tenemos por salir a toda pastilla a la calle, por hacer deporte -la de contracturas que está provocando y ahí siguen, erre que erre-, por viajar a segundas residencias... En definitiva, que seguimos con estrés, pero hemos cambiado su causa.
- Los oficios no se han reconvertido: siguen existiendo los mismos, aunque hay menos gente que los ocupa pues, al calor de ERTEs y EREs, muchos compatriotas han perdido sus puestos de trabajo. Lo que se lleva mucho es el esnobismo del teletrabajo, que es lo mismo que en la oficina, pero con la taza de café y la caña de cerveza o la copa de vino al lado del ordenador y sin quitarse el pijama.
- Las autoridades entraron en razón y lo de las clases o talleres para escolares en el mes de julio se quedó en agua de borrajas. Y la redacción ha celebrado con júbilo que teníamos razón, que julio no es mes para escolares.
- Las incoherencias siguen siendo alarmantes: lo mismo te exigen la mascarilla en el transporte público que te permiten quitártela para tomarte unas cañas y vociferar en las terrazas de los bares, que por cierto siguen atestadas. Se sigue constatando que teletrabajo y terrazas son dos conceptos de difícil imbricación argumentativa por su alta dosis de incoherencia: el teletrabajar para no exponernos al virus no casa con irse de bares nada más apagar el ordenador.
- Los listos siguen conjurados: siguen empeñados vocingleramente en que todo se ha hecho fatal, que de haber seguido sus consejos ya habríamos salido de esta crisis antes de haber entrado en ella. Desde "El otro periódico" hemos recomendado su sabiduría a Trump o Bolsonaro, pero han declinado nuestro ofrecimiento, pues estos últimos se creen más listos que los listos.
- "Mangarto abogados" tiene más trabajo que nunca: tras el confinamiento, muchas parejas se han percatado de la realidad de su relación y se han lanzado en tromba a solicitar separaciones, divorcios y demás medidas de distancia familiar, y no consistentes precisamente en mamparas, mascarillas y dos metros de separación. Como el dueño del bufete ha tenido que cambiar de local porque el que tenía era de su suegro y lo perdió tras su propia separación, no podemos ahora indicarles su nueva dirección, pero seguro que los pueden atender por teléfono.
- Las comparencencias han continuado puntual y machaconamente cada dos por tres. Menos mal que el pimpollo las dio por terminadas hace un par de días cuando anunció el fin del estado de alarma. Vamos a echar de menos a Simón, con su estoica calma y su voz cascada por la almendra: muchos se van a quedar sin tema de conversación; pero ya agarrarán otro, y que se vaya preparando a quien le toque.
- Políticamente continuamos con muchas distancias, con acuerdos imposibles y, lo que es peor, acumulando odio porque la fatuidad de la clase política supera con creces al sentido de estado. De esta crisis no salimos ni mejores ni peores, sino igual de necios que entramos. Y así seguiremos.
- La infodemia continúa imparable. Afortunadamente ha desviado un poco su foco de atención del coronavirus y ya parece que existen otras noticias, que nunca dejaron de existir, pero que el tsunami de la pandemia las sepultó en el olvido. Los bulos y las mentiras continúan su ronda habitual por whatsApps, Facebook, Instagram y demás mentideros. Y no hay antivirus que las filtre.
- La vuelta al cole al final no se produjo y no tuvimos que adquirir gran parte de los productos que proponía "El otro periódico" para la protección de alumnado y profesorado. En septiembre habrá más, pero aún no estamos curados de espanto y, con un verano de por medio, seguro que la vuelta de los escolares nos coge otra vez sin los deberes hechos.
- La peluquería "El trasquilón" sigue haciendo su agosto en junio. "El otro periódico" le ha dado tanta publicidad que los clientes hacen cola a diario buscando sus servicios. Esta redacción ha llegado a un acuerdo con el dueño para cortar gratuitamente el pelo a los lectores de este diario, pero como no cogen el teléfono por exceso de trabajo, no se puede pedir cita previa; hay que desplazarse hasta la peluquería, hacer la cola e identificarse como lector de "El otro periódico". El problema es que desconocemos su emplazamiento.
- Los antilíderes siguen anclados en la vieja normalidad, que es en la única donde se sienten cómodos porque sus neuronas no les dan para otra cosa. Y aunque a muchos nos producen alergia, al parecer, buena parte de la humanidad comulga con sus rancias ideas. Pues qué le vamos a hacer. A mandar, oiga.
- Las tribus víricas continúan ocupando calles y plazas. Ya no son tan puras como durante la pandemia. Ahora se han mezclado, observándose un curioso mestizaje. Una de las más extendidas es la del funcionario-teletrabajador-deportista aficionado-terracero de cañas-patriota desaforado: se le puede ver a cualquier hora por la calle en cualesquiera de sus múltiples facetas.
- Los Equipos Directivos de los centros públicos educativos seguimos en tierra de nadie, pues la autoridad educativa nos tiene -y perdonen la expresión- "como a puta por rastrojo", expresión que no creemos que haga falta explicar. Dicha autoridad educativa no ha hecho caso de la propuesta de este periódico de redistribuir los efectivos no docentes para aliviar la burocracia de los colegios. Y así nos va: los rastrojos nos están arañando las tabas y nos cuesta caminar. Si a ello le sumamos las disfunciones incorporativas del resto de personal, pues eso, un sindiós.
Para nuestro consuelo aún nos queda por lo menos saber que la felicidad a veces se llama Carlota y que la podemos encontrar en los detalles más nimios, siempre que sigamos cabalgando a lomos de la vida. Y que la esperanza nunca se pierde e igual estos redactores se ponen de acuerdo en un futuro -cosa por ahora harto improbable- y deciden crear otro periódico.
Sea como fuere, siempre será bajo la filosofía de los versos que aquí os regalamos por habernos soportado estos meses de estado de alarma:
Es la lucha del hombre y el instante
la que da sentido a nuestras vidas,
la que con gesto amable nos convida
a seguir siendo tan constantes
que se pueda decir, y que se diga,
que seguimos siendo hombres por talante.
Es la senda del amor la que nos guía
por la senda de la paz,
siempre anhelada y anhelante,
siempre anhelada y anhelante,
la que, un día,
nos da como fruto deseado la alegría
nos da como fruto deseado la alegría
de sentirnos amados, por amantes.
Un placer.

Vamos a echar de menos leer este interesante periódico, voto para que publique algo de vez en cuando, ¿que tal un artículo semanal?, seria estupendo
ResponderEliminarEcharemos de menos tus artículos, que visto lo visto, ojalá no hubiera existido la ocasión de hacerlos, pero que han servido de alivio a su redactor y lectores. Gracias por tu generosidad.
ResponderEliminarLo echaré de menos. Me había acostumbrado a su lectura. Sniffff
ResponderEliminarLo echaré de menos. Me había acostumbrado a su lectura.
ResponderEliminarAy!!! Manolo.... cuantas palabras he aprendido leyendo tus artículos.
ResponderEliminarVocabulario en deshuso pero que nombran lo "que es" y no, lo que aparenta.
Talento, ingenio, perspectiva que da el tiempo... el tiempo que nos has regalado escribiendo estos artículos.
Me siento contrariado y mi sentido del deber casi en reservas.
Siento tapar el sol con un dedo.
Menos mal,... que nos quedan los bares.
El mejor de los abrazos para ti, Maestro.
Esperemos que no tengas que retomarlos.
ResponderEliminarGracias Nanolinpor todo lo aprendi y aprendo contigo
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