No hay nada peor que una pandemia para hacernos ver que no somos ni tan guapos, ni tan perfectos, ni tan ricos, ni tan bien organizados como pensábamos. Tampoco somos semidioses, como alguno llegó a creerse: ya nos han dicho desde el Olimpo que no hay Dios que pueda procrear tanto por mucho Dios que sea. Además, Zeus prohibió hace tiempo la comunión de Dioses con humanos dada la deriva que estaba tomando el mundo. Así que esto es lo que hay: la bofetada ha sido tremenda y nos la han dado sin avisar.
En los colegios -yo siempre a lo mío- nos está costando un riñón y parte del otro -veremos a ver si no acabamos en la hemodiálisis- organizarlo todo para intentar garantizar una vuelta al cole segura. Y nos está costando ambos riñones porque nos falta gente, como siempre, para sacar las cosas adelante. Si un inicio de curso es ya de por sí complicado, os podéis imaginar este con la que está cayendo.
Porque en Infantil y Primaria, además de horarios, reuniones y organización diversa, una gran parte del trabajo se lo lleva la organización de los Servicios Complementarios: Aula Matinal, Comedor y Transporte Escolar, además de las Actividades Formativas Complementarias -que imaginamos que seguirán adelante a pesar de que no sabemos cómo conservar los grupos burbuja en horario de tarde-.
Para organizar estos Servicios Complementarios, el Equipo Directivo suda tinta, por la gran cantidad de usuarios, por el procesamiento de datos y por la premura con la que hay que hacerlo todo.
Y es que en los colegios no tenemos personal administrativo que nos eche una mano en estos asuntos: el marrón es para nosotros solitos. Y claro, si en un año como este surge un coronavirus al uso, pues para volverse loco: nos descubre nuestras carencias y enseña nuestras vergüenzas.
La enseñanza Primaria necesita dejar de ser tratada con el desdén con que se la tratado desde tiempos inmemoriales por las distintas administraciones que han gobernado la educación en nuestra región. Venimos exigiendo y denunciando desde hace mucho tiempo que en Secundaria sobran conserjes y administrativos, mientras que en Primaria, que es donde gestionamos los Servicios Complementarios, no tenemos nada de eso y nuestra administración sigue mirando para otro lado, silbando de soslayo. El anterior Secretario General de Educación ya nos los dijo en una asamblea de directores en Mérida: que ya lo sabía. Pero no hizo nada al respecto. Con solo saberlo no se soluciona nada.
Otro punto filipino en nuestra etapa educativa es la bicefalia que tenemos: mientras en Secundaria tanto edificios como mantenimiento, luz, agua, gasóleo y limpieza corren a cargo de la Consejería de Educación -o esta deriva dinero a los centros para ello-, en Infantil y Primaria los edificios son municipales, así como su mantenimiento, limpieza, luz, agua y gasóleo, mientras que en todo lo demás nos gobierna la Consejería. Y lo que no puede ser es que cada colegio se mantenga en función de la sensibilidad que para con la escuela pública tenga la corporación municipal de turno. Estas leyes del año catapún necesitan una revisión a nivel nacional, pues las quejas son muchas: yo he estado en colegios donde el alcalde estaba peleado con el director por pertenecer a partidos políticos distintos y el Ayuntamiento se desentendía por completo de sus obligaciones con el colegio. Y al revés: Ayuntamientos que tenían en palmita al colegio y enviaban al cristalero antes de que se rompiese un cristal. Y así no podemos seguir: no podemos estar al albur del alcalde de turno.
Ahora que tenemos nuevo Secretario General de Educación en Extremadura, y que me ha demostrado que es un hombre sensible con la escuela pública, sería el momento de empezar a cambiar algunas cosas, como por ejemplo ir progresivamente dotando a los centros de personal administrativo para aliviar la burocracia de los Equipos Directivos. No creo que la Mesa Sectorial se opusiera a una modificación y redistribución de la RPT de administrativos en favor de los colegios. Entre otras cosas, porque los sindicatos saben que nos hacen falta y que va a llegar un momento en que no podamos asumir las tareas burocráticas cada vez más exigentes que se nos imponen.
Estimado Fran, Secretario General de Educación, el guante está lanzado. Y aunque mi inspector me dirá que soy un pesado con el monotema, él sabe que soy muy cansino y que no voy a parar de repetirlo en cualquier foro. Y si algún día se vislumbra un inicio de cambio, me sentiré orgulloso de haber puesto mi granito de arena para conseguirlo.
De orientadores, administradores de redes, educadores sociales y etc. hablamos otro día.

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