La última decisión de la autoridad educativa de no dejar a los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica visitar los centros educativos el mismo número de días que lo venían haciendo hasta ahora nos ha dejado así: desorientados. Y no ya porque nos falte su consejo orientador, que también, sino por el argumento esgrimido para restringir sus visitas: que van a propagar el coronavirus al ir de centro en centro. ¡Pero si un orientador-a sólo visita un par de centros a la semana! ¿Alguien piensa que cada hora está maletín en mano cambiando de colegio? Imagino que igual que los orientadores han recibido la orden de reducir al mínimo sus visitas a los varios centros que llevan, a los maestros itinerantes también les habrán prohibido itinerar entre los dos, tres o cuatro colegios en los que imparten clase... ¡Ah, no! Esto último no ha parecido adecuado. Al parecer las maestras itinerantes no contagian tanto como las orientadoras: la autoridad educativa ya ha hecho un estudio entre ellas y parece ser que sus efluvios y aerosoles no sobrepasan el umbral de carga vírica que se considera preocupante para una propagación masiva del bicho.
Mucho se preocupa la autoridad educativa por que alguien venga de fuera a contagiarnos y poco se preocupa por que nos contagien los de dentro. El argumento esgrimido, perdónenme, no hay quien se lo trague: el orientador llega al centro con su mascarilla FFP2, habla con el equipo directivo guardando las distancias, observa a los alumnos-as susceptibles de su trabajo a una distancia prudencial y, si les tiene que hacer unas pruebas, los saca de uno en uno en un despacho bien aireado habilitado para ello, dotado con gel hidroalcohólico, viricida, papelera con tapa y todo lo que nos pida. Igual que un maestro, pero atendiendo al alumnado individualmente.
Y yo, que soy muy mal pensado, me pregunto: con esta decisión en realidad, ¿se está intentando proteger del contagio al colegio o a los orientadores de que se contagien en el colegio? Porque nadie, orientadoras incluidas, la entiende. Con el atasco que tenemos en los colegios de informes pendientes de realizar, alumnos pendientes de evaluar y demás orientaciones varias, lo que nos faltaba era que ahora el orientador o la orientadora nos visite la mitad o la tercera parte de lo que lo hacía...
Por supuesto, del contagio de maestros y maestras nadie se preocupa ya desde que ha calado en el imaginario colectivo que los niños son poco contagiadores. Y aquí estamos, en esta trinchera infinita, aguantando con las ventanas abiertas y los abrigos, gorros y bufandas preparados para el frío mientras dure esta guerra que nos ha tocado librar. Seguro que también pensaron aconsejar el uso de guantes de lana entre el alumnado para evitar el frío en sus manos, pero un avispado asesor se dio cuenta a tiempo del desaguisado y advirtió de lo inoportuno de su uso para coger bolígrafo o lápiz. De todas formas, no me imagino yo a determinadas autoridades en sus despachos ovales de esta guisa. Lo tendría que ver con mis propios ojos para creérmelo.
Pero a lo que íbamos: la desorientación es tal en esto de las medidas contra el coronavirus, que alguien habrá pensado que para qué queremos una orientadora en los colegios si ya no hay Dios que nos pueda ni quiera orientar. Y les han ordenado mantenerse en la retaguardia, que para eso ya están los de las trincheras pegando tiros a diestro y siniestro y sin ton ni son en el frente de batalla.
A los de las trincheras no nos dan tregua y por eso no nos creemos que la decisión de que no nos visiten los orientadores sea en beneficio nuestro. Si así fuera, no nos estarían obligando a permanecer en los centros durante la hora de obligada permanencia sin alumnos. Pareciera lógico que, si tan preocupada está la autoridad educativa por nuestro contagio, se nos ordenara permanecer en los colegios el menor tiempo posible e irnos a casa en cuanto se va el alumnado. Y, sin embargo, no es así. Y esto nos tiene "moscas", pues tanta incongruencia nos desorienta y atribula. Máxime cuando al magisterio se nos exige tanto protocolo en horario matinal por parte de la autoridad competente y a los cabezaloca que se saltan las medidas sanitarias por la tarde-noche, la otra autoridad competente en esta otra materia ha tardado meses en decididirse a ponerles una buena multa por su displicencia. ¿Es o no es para estar desorientados?
Y ya no sólo nos sentimos desorientados los maestros y maestras, sino que, además, nos hemos vuelto descreídos y desconfiados. Y eso no es bueno para la escuela. La desconfianza es la antesala de la pérdida de la ilusión. La autoridad educativa debería saberlo. Y ponerle remedio mientras dure la guerra. No sé yo si la inspección educativa, atrincherada en sus cuarteles de invierno desde el inicio de la contienda, podría hacer algo al respecto y orientar una "mijina" tamaña desorientación escolar.
Desatino toral.
ResponderEliminarCada vez entiendo menos esta situación, estoy contigo, pero es que, además, no dan ninguna explicación lógica.
ResponderEliminarQue no pueden cambiar de colegio durante la semana...pues una semana en cada colegio. Pero esa solución seguro que no gusta a la administración, porque supongo que los y las orientadoras sí quieren ir a los colegios...🤨🤨🤨
Ay!!!!! Que diferencia de vara de medir. Larga para unos, cortita, cortita, para otros. Descreídos, desconfiados y francamente, decepcionados.
ResponderEliminarFantástico, Manolo. Muy certero tu análisis en clave de humor de una situación que roza el surrealismo. Yo, con mi habitual "llamar a las cosas por su nombre ", diría que hay trabajadores de la Consejería de 1a, de 2a y de 3a. Los maestros somos del último grupo. Con una mano nos Dan la palmadita en la espalda y con la otra, la puñalada trapera. Y diría mucho más, pero no en blogs ajenos. Me lo reservo para el mío.
ResponderEliminarEnhorabuena.
No se podrá hacer nada amparandonos en la autonomía de gestión de los centros?
ResponderEliminarLa presencialidad en los centros con las reuniones telematicas según escenario, como se compagina?
Es teletrabajo con permanencia en el centro.
"Trincheras", sí, trincheras y por favor, estudiemos para orientarnos.
Paquita, entiendo tu postura pues soy orientadora también pero ahora mismo no puedo estar mas de acuerdo con el Director del colegio. Nuestra guerra no es contra ellos, ir a un colegio a la semana es una vergüenza y mas aun cuando en la provincia de Cáceres funcionan con total normalidad. Como vamos a atender a la diversidad en un momento en el que precisamente a causa de la pandemia surgen mas desigualdades y mas necesidades, y hay mas familias vulnerables que lo están pasando mal. No podemos estar alejados de los centros, pues el lugar de los orientadores no está en un despacho.
ResponderEliminarCon los colegios funcionando bastante aceptablemente, como se puede permitir esta medida que vuelve a discriminar y a dejar atrás a la población más vulnerable y necesitada. Inconcebible!!
ResponderEliminarEn mi colegio tenemos en gran estima a nuestra orientadora. Realiza un gran trabajo y la necesitamos para nuestra labor docente. Para nada la consideramos una privilegiada -¡menudo trabajo tiene en un colegio de 660 alumnos!. Tiene su despacho y está integrada perfectamente en el centro. De hecho, siempre hemos reclamado una orientadora a tiempo completo para nuestro colegio. Pero si la enseñanza es presencial y los niños están asistiendo al colegio con sus dificultades y necesidades, lo siento, compañera, los Equipos tienen que estar también en los centros apoyándonos. Y lamento que algunos seáis personas de riesgo, pero igual lo son algunos maestros y están al pie del cañón, observando las debidas medidas, eso sí, pero dando clase. ¿Qué labor vais a hacer desde un despacho? Os necesitamos en los colegios porque vuestra labor ahora mismo es fundamental para atender los estragos de la pandemia. Y si mis palabras te parecen una "alteración social" por pedir que vengáis a los centros, entonces es que vivimos en dos realidades educativas paralelas en las que nunca vamos a ponernos de acuerdo.
ResponderEliminarUn saludo.
Despropósito tras despropósito; ocurrencia tras ocurrencia; agravio tras agravio. Lo que hacen con nosotros, los maestros, no tiene nombre. Bueno, sí, tiene uno muy feo. Y ya cuando Dña. Paquita habla de los EPIs, los seguros de viaje, los despachos y demás, me parece estar en Júpiter y que una distancia sideral se abre entre los maestros de a pie y otros trabajadores de "aquesta nuestra Consejería".
ResponderEliminarDe traca Paquita escudarse en el covid,o decir que se necesitan 4 0 5 epis diarios.Te invito a pasar por mi centro,un CEE donde los alumnos no llevan mascarillas y los docentes no disponemos de esos EPIS de los que hablas y que estamos a pie de cañón con una mascarilla a pesar de que también hay personas de riesgo y así nos pasamos las 5 horas con alumnos y la hora de exclusiva que también cumplimos,día a día,semana a semana.Si los niños asisten y los maestros también no entiendo por qué los orientadores no.
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