lunes, 25 de enero de 2021

Las piscinas del rey



Cuando compré mi casa, mi padre me acompañó al notario a firmar las escrituras. El hombre nos leyó por encima el contenido de las mismas, firmamos mi mujer y yo y a continuación firmó él y el pasante nos extendió la cuenta: veintitantas mil pesetas (hace casi treinta años). Cuando salimos del notario, mi padre, con los ojos como platos, nos dijo: ¿pero la tinta de la pluma de ese hombre es de oro para que cobre tanto por firmar? 

Pues algo parecido digo yo con las piscinas de la Zarzuela: ¿en vez de agua se bañarán en leche de burra, como Cleopatra? ¿O lo harán en Château Lafite de 1970? Porque vamos, al precio que cuesta el mantenimiento de las tres piscinas, digo yo que en agua no se deben bañar. Quinientos mil euros nada más y nada menos. Y que no salen de su sueldo. Que es aparte. Y tres piscinas. ¿Para qué querrán tres piscinas si son cuatro gatos? Que vamos, que a mí me da igual que tengan tres, como si quieren tener treinta; pero que se las paguen del dinero que tienen asignado para sus gastos, que no es poco: nada más y nada menos que ocho millones cuatrocientos mil euros. Que digo yo que con esa pasta podrían pagarse las piscinitas, ¿no? Y si no pueden pagárselas, pues que no las tengan. Pero vamos, que además de la buena asignación económica que tienen también tengamos que pagarles entre todos las piscinitas de marras... Luego dirán que si todos somos iguales y todas esas mandangas. ¡Y un jamón! Ya les vale con las piscinas. A ver quién puede pagarse una piscina climatizada particular para disfrutar de un confortable baño en pleno invierno. Ya me gustaría a mí. Por no tener no tengo ya ni la del gimnasio, pues con esto de la pandemia, entre que está cerrado ahora y no me fío de contagiarme del coronavirus, pues me he borrado. Pero vamos, que ya nos gustaría a más de uno tener una piscina climatizada en el sótano de casa. ¡Pero si no tengo sótano, cómo voy a tener piscina! Y lo de las dos de verano, eso ya es para nota. Imagino que tendrán una orientada al oeste y otra al este, y según vaya cambiando el sol, se irán ellos cambiando de piscina. Que no, hombre, que no, que a mí estos distingos me ponen de muy mala leche. Luego vendrán los monárquicos a hacernos comulgar con ruedas de molino de la necesidad del gasto en piscinas reales. Lo único real aquí son los gastos... Pues sí que... Vamos, que a ver si por ser uno rey va a tener que tener tres piscinas particulares y los demás no podamos tener ninguna. Pues hasta ahí estaríamos. Yo también quiero mi piscina pagada por Patrimonio Nacional. A tocateja. Que para eso soy español y mucho español, que decía el otro. Y si no, que quiten esa tontería de nuestra Constitución de que todos somos iguales. Sí, iguales... ¿Quién se va a creer tamaña sandez? Será que se pretende que seamos iguales. Pero de ahí a que lo seamos... 

Decía don Pedro Calderón de la Barca en su obra "El alcalde de Zalamea" que "al rey la hacienda y la vida/ se ha de dar, pero el honor/ es patrimonio del alma/ y el alma solo es de Dios". Pero qué hacienda ni qué vida le voy a dar yo al rey si él tiene una hacienda con tres piscinas y yo no tengo. Y la vida... Si con esto del coronavirus no tenemos ni vida. Le voy a dar yo la vida con lo mal que la tengo. ¿Para qué la iba a querer? Y mucho menos, una vida sin piscinas. Un horror, ¿no? Lo siento, don Pedro, pero voy a hacer lo contrario a lo que usted decía en su obra de teatro. El honor sí que se lo puedo dar al rey. ¿Total, para qué lo quiero? Si siento que me lo quitan cada vez que un politiquillo se vacuna antes de que le toque y no podemos ni queremos hacer nada, o cuando desmantelan la educación y la sanidad públicas para darle negocio a las empresas privadas de los amiguetes y no movemos un dedo. Es más, hasta nos parece bien. Si es que temos una "pedrá"... Pues para el rey mi honor, que yo no lo quiero para nada. Y que lo eche a la piscina, pero a la climatizada en este tiempo de invierno, a ver si así, como es mío, siento el bienestar de un baño templado aunque sea a distancia. 

Vamos, hombre, tres piscinas. Si les tuviera que pasar el limpiafondos a diario seguro que no las tenía. Pero es que eso no le corresponde al rey hacerlo, dirán los monárquicos. Pues el que algo quiere, algo le cuesta, digo yo.

Al rey lo que es del rey, dice otro dicho castellano. Y las piscinas no son suyas, porque las pagamos entre todos. Y ya que me he tirado a la piscina, me gustaría poder bañarme un rato en ellas.

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