miércoles, 3 de marzo de 2021

Sonatina real

Las princesas están tristes, ¿qué tendrán las princesas?

La vacuna le han puesto, allí, por sorpresa.

Que han perdido la risa, que han perdido el color.

En los Emiratos Árabes, rodeadas de oro,

perdida la ética, perdido el decoro,

la vacuna de la China les ha dado reacción.

 

En Zarzuela pasean, ufanos, los pavos reales;

parlanchina, la reina, dice cosas banales,

vestida de rojo, de un rojo chillón.

Las princesas no ríen, las princesas no sienten

desde que viajaron a ese país de Oriente

a navegar por los mares con el viejo Bribón.

 

¿En qué pensaban cuando la inyección se ponían?

¿Pretenden que creamos que fue una real tontería?

¿Que no vemos en sus actos, como quien lee al trasluz

que envueltas en sus vestidos brillantes

o adornadas de preciosos diamantes

no van por la vida como yo o como tú?

 

¡Ay, las pobres princesas, verse en la prensa rosa,

vacunándose en Abu Dabi, tiene miga la cosa.

Las han pillado in fraganti y quisieran volar,

escaparse de aquí, raudas como un rayo,

y volver, pasado el revuelo, a finales de mayo

para, con su rostro de siempre, hacer vida normal.

 

Ya no quieren palacios, ni joyas de plata,

ni bufones encantados que meten la pata,

ni viajes fabulosos por los mares de Ormuz.

Y es que están tristes las flores por toda la corte:

el rey por Oriente, la otra por el Norte,

cuando el amor se encontraba precisamente en el sur.

 

Pobrecitas princesas de los ojos azules;

están presas de sus oros, están presas de sus tules

en la jaula de mármol del entorno real.

No les gusta que las vigilen los guardas;

sólo pretenden escaparse de farra

y llevar, de boquilla, una vida real.

 

¡Oh, quién fuera hipsípila para poder dejar la crisálida!

(Las princesas están tristes. Las princesas están pálidas)

¡Y abandonar el palacio de oro, rosa y marfil!

¡Quién volara a la tierra donde ser princesa consiste

(Las princesas  están pálidas. Las princesas están tristes)

en no hacer otra cosa nada más que vivir!

 

-Callad, callad, princesitas -dicen las hadas madrinas-

Aquí estamos nosotros para aplicar la sordina

para que todo quede en un pequeño rumor,

para que la realeza prosiga su senda y, con suerte,

llegue muy lejos, vencedora de la muerte,

andando el camino de su real imperfección.

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