jueves, 1 de abril de 2021

Astrazeneca o libertad

 







Desde que le oí la frase a la chica esa de Madrid no he parado de darle vueltas al asunto: "Socialismo o libertad", dijo. Y se quedó tan pancha. Es una frase rotunda, no me digáis. Y como eslogan de campaña, ya ni te cuento. Porque la frase encierra lo suyo, no os creáis: tiene una retranca de tres pares de narices, además de ser un tanto maquiavélica y bastante maniquea. ¿Qué quiso decir la moza con la frase de marras? ¿Que ella se erige en garante de la libertad si se le vota, en contraste con la falta de libertad que acarreará el voto a la otra opción? Brillante, la chica, pero un poco pretenciosa, ¿no os parece?. La libertad soy yo, parece decirnos. Palabras mayores para irlas diciendo por ahí alegremente. Mi abuela le diría: cuidado con esas palabras, que no te caben ni en la boca, que era lo que a mí me decía cuando quería entender de lo que no entendía. Pues eso, que a lo mejor ni le caben en la boca, a menos que su concepto de libertad sea diferente al que el imaginario colectivo ha ido moldeando desde hace unas generaciones para acá. Por lo tanto, para saber a qué estamos jugando, lo primero que debería hacer sería definir qué entiende ella por libertad. Porque dicho así, en abstracto, todo queda muy confuso y un tanto embarrado. Como ocurrencia puede resultar graciosa. Como pensamiento político, parece peligroso: identificar la libertad con una sola persona o con un solo partido político, sea el que sea, no deja de ser un ejercicio de autocracia, creo yo.

A mí, que estoy esperando que me llamen para vacunarme frente al COVID19, se me puede ocurrir parafrasear la frase de la susodicha en relación con la vacuna que me van a administrar y podría decir: "Astrazeneca o libertad" y no quedarme tan pancho como ella. Porque ya sabemos todos que con la vacuna de Astrazeneca me van a inocular un microchip para controlar y dirigir mis movimientos a partir de su inyección. Ya no seré libre para decidir: todo me será indicado vía satélite, que es como piensan controlar el microchip, el cual quedará alojado en la parte de mi cerebro donde se toman las decisiones. Por tanto, no me va a resultar fácil decidir si me pongo la vacuna y quedo inmunizado ante el coronavirus sabiendo que pierdo mi libertad individual, o no ponérmela y seguir siendo libre, pero expuesto al contagio del virus, que puede acarrearme la muerte en el peor de los casos.

Y, por mucho que insista en mi argumentario, ¿quién se va a tragar la milonga que os estoy contando? 

¿Y por qué habría yo de tragarme entonces otras milongas que intentan colocarme? 

Pues eso, que a veces hay palabras que no nos caben en la boca y como insistimos en echarlas fuera, pues suenan como suenan y dicen lo que dicen.

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