Martes, 18 de mayo, 21:10 horas. Me hallo frente a la pantalla del ordenador gestionando un caso positivo por COVID en mi centro. Me lo han comunicado por correo electrónico y Rayuela a eso de las 19 horas de la tarde. He tenido que dejar unas compras que estaba haciendo e irme rápidamente para casa, pues por el móvil es incomodísimo gestionarlo.
Hace tres semanas que vivo en un infierno, pues no sé si se han confabulado todos los astros en mi contra o qué narices pasa. Cada dos días, un positivo. La unidad COVID me llama, me escribe correos, mensajes por Rayuela, me hace señales de humo y hasta me toca el tam-tam para avisarme de un nuevo caso. Lo mismo me llaman a las diez de la noche que a las ocho de la mañana. No se cortan un pelo. Al parecer, alguna autoridad ha decidido que los coordinadores COVID, que solemos ser los directores-as de los centros, no tengamos vida privada, que estemos veinticuatro horas a disposición de la administración por el mismo precio. Y así estamos.
Como yo soy muy protestón, lo tengo que decir: a mí no me parece digno que nuestra administración educativa abuse de esta manera de mí (yo ya no hablo de los demás, que cada cual proteste por sí mismo). No hay sábados, ni domingos, ni fiestas de guardar. Allá que te llaman y, si no te localizan, te funden a correos electrónicos o mensajes de Rayuela.
Yo no quiero cobrar ningún complemento ni nada parecido; lo único que quiero es que me dejen descansar en mi tiempo libre. Que contraten a alguien para que, a partir de las tres de la tarde, se encargue de recepcionar los casos de COVID de los centros educativos y de avisar al profesorado y a las familias, que para eso existe Rayuela y, creándole un perfil específico, se puede acceder a todos los centros sin ningún tipo de problema.
No me creo yo que los rastreadores o los veterinarios o los médicos de Salud Pública que están de guardia para gestionar los casos positivos estén por amor al arte o aumentando gratuitamente su jornada laboral. Vamos, que no me lo creo.
¿Y por qué entonces se nos trata así a los docentes? ¿Por qué se da por hecho que yo tengo que estar un domingo a las seis de la tarde, por ejemplo, disponible para dar parte de un caso COVID? Porque yo no sé si alguien sabrá lo que conlleva su gestión, por muy fácil y bonita que hayan puesto esta fabulosa plataforma donde gestionamos el asunto: te llaman, contactas con el tutor-a del grupo para ver qué alumnos-as han asistido a clase los siete días anteriores al caso, si van al comedor o no, si van a activades extraescolares o no, etc. Luego lo subes todo a la plataforma y esperas a que te contesten. Lo suelen hacer rápido y, entonces, tienes que escribir a las familias un mensaje por Rayuela para informarles, pidiéndoles que te confirmen su recepción (eso en mi centro; no quiero ni pensar en centros en que no haya un uso generalizado de Rayuela entre las familias). A continuación recibes un aluvión de mensajes de las familias preguntándote si pueden asistir los hermanos, que si mi hijo no asistió tal día, que si por qué hay que hacer dos PCRs, que si patatín, que si patatán. Y tú les contestas amablemente, pues para eso te pagan ese domingo a las... diez de la noche. También tienes que informar a los del comedor, para que pidan menos menús de la clase confinada, informar al tutor-a y a los especialistas de su obligación de poner las tareas telemáticamente a la clase confinada. Al día siguiente, Salud Pública también te endosa la comunicación de la cita de la 1ª PCR para que se lo comuniques a las familias. Alguna familia, de vez en cuando, no se entera y, por supuesto, te llaman para que le consigas una nueva cita. Y luego vendrá la segunda cita a PCR y luego la comunicación de incorporación y entre medias, si pueden ir a por los libros al aula confinada y un largo etcétera de quejas, dudas y demás avatares varios.
Que sí, que yo comprendo que estamos en medio de una pandemia, pero que no por eso tenemos que pagar los platos rotos unos pocos. Que Europa ha enviado un montón de dinero para gestionar la pandemia, que bien que se ha gastado en un montón de tablets para el alumnado que se pueda quedar desconectado por falta de ellas en caso de confinamiento. Que sí, que todo está muy bien, que se ha pensado en el alumnado, en sus familias y hasta en el tío-abuelo que vive en una parcela donde no hay cobertura y tiene acogido a un sobrino-nieto en ella. ¿Pero quién ha pensado en mí como coordinador COVID del centro? ¿Existo? ¿O sólo soy un apéndice pegado a un ordenador o a un móvil que solo interesa para sacar las castañas del fuego? Porque ni para vacunarnos con cierta prioridad se nos tuvo en cuenta, y eso que se supone que somos los que aislamos al alumnado que presenta síntomas en horario lectivo mientras localizamos a su familia.
Mi sindicato, al parecer, también ve bien que se nos estruje como se nos está estrujando, pues no ha dicho ni mu al respecto. Bueno, ni el mío, ni ninguno. Bueno, sí, han negociado el reducir una hora lectiva semanal al coordinador-a COVID del centro. ¡Una hora semanal! Esperen que me parta de risa un rato antes de seguir. Cuán alejados de una realidad de la que huyen como de la peste.
Esta es la consideración que se nos tiene. Ante esto, toca aplicar aquello de ¡sálvese quien pueda! O lo de ¡tonto el último! Váyanse buscando a otro, porque este que está aquí no está dispuesto a repetir el próximo curso.
Salud.

Una vergüenza que os traten así. Lo siento por el centro, no saben muy bien lo que van a perder. Y es lo que tiene no dar valor a lo que realmente vale. Porque en este país, mucha gente cuesta mucho y vale poco, y los que valen y no cuestan, pues ya se sabe, se les quema y punto. Y otro valor perdido. Lo siento Manuel, amigo.
ResponderEliminarManolo, no quiero ni pensar en lo que te ha podido tocar este curso. No hay derecho a ese maltrato sistemático. Es una enorme pérdida para el centro, un centro para cuya dirección, no todo el mundo está preparado, pero a la vez, una enorme ganancia para ti, para tu tranquilidad y también, para los que te esperan. Un abrazo de quien sabe lo que vale tu inmenso trabajo y compromiso.
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