viernes, 11 de junio de 2021

Lo de la luz

 

La del alba sería cuando las primeras luces del día que entraban por mi ventana me despertaron. Lo primero que pensé fue: ¿será aún hora valle o habremos pasado ya a la hora llana? Y me dirigí rápidamente a la cocina a ver si me podía hacer un café a buen precio. Por el camino, al totum revolutum mañanero de mi mente le dio por pensar cómo sabría un café comenzado a hacer en hora valle y terminado en la altiplanicie de la meseta. Cosas mías, tal es el runrún que nos han impuesto los medios de comunicación con esto de la subida del precio de la luz, que no hay día que no nos den la tabarra con las horas a las que hay que poner la lavadora o el lavavajillas para ahorrar en la factura. Que uno ya no sabe si no duerme en condiciones porque tiene que levantarse a hacer la plancha a las cinco de la mañana o por el bombardeo mediático al que estamos siendo sometidos. Como todavía no ha empezado la Eurocopa y el rollo de la vacunación no da para más -bien que lo han estirado-, los poderes fácticos tenían que meter la cuña de la luz -y la de los indultos del procès también- para tener entretenida a la plebe, no vaya a ser que nos dé por pensar en cosas serias y la liemos.

Pero vamos, no creo yo que a la mente del personal, hábil y premeditadamente anestesiada por la mass media, nos dé para ir más allá de las milongas que nos cuentan desde el cuarto poder. Y en esto que se me han quemado las tostadas y ya no sé si ha sido por descuido mío, por tener la cabeza en otras cosas, o porque entre el valle y la llanura ha habido una subida de tensión que las ha abrasado.

La culpa de la subida de la luz la tiene el gobierno y punto y no hay nada más que hablar, sentenciará el típico parroquiano acodado en la típica barra del típico bar de siempre, saltándose típicamente la prohibición de consumir en barra. Y ya le puedes explicar que las compañías eléctricas en manos privadas burlan el control gubernamental a su antojo, atornillando el bolsillo del ciudadano de a pie para ponerlo en contra del gobierno de turno cuando huelen que dicho gobierno las quiere meter una mijina -pero solo una mijina- en cintura por sus abusos continuados y su competencia desleal. Ya se lo puedes explicar, que las meninges se le han cerrado, porque a ver cómo le explicas al de la barra que hubo un tiempo una compañía eléctrica estatal que permitía la intervención del gobierno en la regulación del mercado eléctrico, pero que sucesivos gobiernos -especialmente uno- se empeñaron en privatizarla para hacer caja y ajustar el déficit público mediante el expolio precisamente de lo público. A vér cómo se lo explicas, si otros ya se encargaron de que todo lo que contenga el adjetivo público -qué coño es un adjetivo dirá el de la barra- le suene a chamusquina y, por tanto, sea rechazado por la mente del parroquiano de la barra antes de que se haya acabado de pronunciar la palabra, al tiempo que se termina la caña y pide otra con gesto altanero y con la chulería del que se cree estar en posesión del dogma eléctrico. Lo de que algún máximo representante de aquel gobierno esté ahora obteniendo pingües ganancias por estar sentado -pero solo eso- en un mullido sillón de un consejo de administración de la privatizada compañía eléctrica: casualidades de la vida.

Las eléctricas nos roban, como nos roban los bancos, pero nos gusta. Nos pone el robo; nos da morbo, sobre todo si quien nos roba lo hace con traje de
chaqueta y corbata. Si nos tienen que robar, que sea un señor bien trajeado, de educados modales, elegante, con verbo amable e impostado y, si es posible, de misa dominical, porque la estética también tiene su importancia en el robo. Y si es posible, que te explique detalladamente el mismo en una vasta factura ininterpretable, pero que queda divina de la muerte. No te habrás enterado de nada, pero no será porque no te lo han detallado. ¡Va a ser lo mismo que te robe un vulgar desharrapado de tres al cuarto con un tirón del bolso sin explicarte nada del robo y dejarte con un palmo de narices en plena calle! Para robar hay que tener clase; clase, arte y estética.

Y, ante el robo, el parroquiano de la barra -el juego que me está dando el hombre- lo asume como algo inevitable, porque la vida siempre fue así, porque él, en su fuero interno, y si estuviera en la posición de las eléctricas o de los bancos, haría lo mismo. El negocio es el negocio. Ahí está el nudo gordiano de la cuestión: que cada cual saque sus conclusiones. En cuestión de recaudación, amigos, muy amigos, pero negocios aparte. Y si no, que se lo digan a las monjas de El Viso, que se han quedado compuestas y sin luz, a pesar de su labor social y de considerarse el suministro eléctrico un bien de primera necesidad. A la eléctrica de turno no le ha valido aquello de "con la iglesia hemos topado": amigos, amigos, pero negocios, aparte.

A lo mejor, contando el asunto de otra manera, explicándole al de la barra algo de Historia, de política, ofreciéndole algo de educación para el consumidor, de análisis de mercado... Vamos a dejarlo para otro día porque el parroquiano ya ha pedido otra caña. Y eso que hoy le están saliendo más caras de lo habitual, pues se las está tomando en hora punta y el del bar ha decidido acomodar los precios de las bebidas a los tramos eléctricos: no importa, todo sea por mantener el sistema.

2 comentarios:

  1. Y si no tiene bastante con las cañas, se le inyecta fútbol en vena. O mejor que lo haga el"sociolisto"ISIDORO, que es experto en Compañías

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  2. Brillante, Manolo. Quizás, a esos "parroquianos de barra" , que en nuestra banal y pueril sociedad llamamos ahora "cuñados", les haga falta leer sobre la historia de Endesa. Yo voy a dejar un enlace muy instructivo, pero si a alguno de esos parroquianos les da un derrame cerebral por falta de entrenamiento en lo de la lectura, ya que sólo leen memes de WhatsApp y Facebook, yo no me hago responsable.
    https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/endesa-troceada-expolio-historia-desproposito_129_4561636.html

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