lunes, 4 de octubre de 2021

Pandora papers

¡Bah!, la caja de Pandora ya no es lo que era. En la antigüedad se abrió y en un momento todos los males del mundo asolaron la tierra. Solo quedó dentro de ella la esperanza; la esperanza de un mundo mejor tras haber sufrido todo el mal desatado por su apertura. Aún nos queda todavía esa esperanza.

Hoy en día ni nos inmutamos si de pronto aparecen los "papeles de Pandora", pues ya no sabemos si hay más maldad fuera o dentro de la caja. Estamos inmunizados contra el mal. Ya no nos afecta nada, excepto algunas cosas.

Ya sabíamos que muchos ricoshombres de este planeta desviaban ingentes cantidades de dinero a paraísos fiscales con la finalidad de evadir el pago de impuestos en sus respectivos países de origen. Son muchos los millones de euros evadidos, pero nos da igual. Se lo perdonamos. Miramos cariacontecidos hacia otro lado como diciendo: "Que pase de mí este cáliz; son cosas de ricos. Ellos son así. Pueden permitírselo. El mundo siempre funcionó así. Ellos pueden". Muchos son los argumentos esgrimidos por la generalidad para desviar la conversación hacia otros derroteros, pues el tema de la evasión fiscal nos molesta. Es como algo tabú. Y ya nos pueden decir que con el dinero defraudado se podrían haber construido tantos hospitales o haberse mejorado tantas carreteras. Nos da igual. Nuestro oído se cerró al mismo tiempo que escuchábamos la noticia.

El motivo de nuestra falta de crítica hacia este tipo de delitos no es otro que la envidia. Sí, la envidia; como lo oyen. La envidia de no poder hacer lo mismo que ellos. Porque en líneas generales todos aspiramos a hacer lo que esos personajes llevan haciendo toda su vida: defraudar. Lo tenemos tan interiorizado que, cuando se descubre algún "Panamá papers" o "Pandora papers", corremos un tupido velo hacia el asunto, quedando el pecado perdonado en ese mismo instante.

Ese el verdadero motivo de nuestra falta de crítica, de acusación, de cabreo con el tema, de nuestra falta de fustigación hacia el o los personajes en cuestión. Porque bien que salimos al ágora de las redes sociales poniendo a parir al político de turno por la subida de la luz, por el aumento del paro, por la ley del matrimonio homosexual, por la de la eutanasia y por todo lo que se salga de nuestras rígidas estrecheces neuronales. Pero, en líneas generales, no decimos ni mu contra el que tiene su fortuna sin declarar en un paraíso offshore para evitar pagar al fisco de su país.

¿Por qué somos, pues, tan condescendientes con esos ladrones de guante blanco? Porque, en general, todos aspiramos a ser como ellos: ricos y defraudadores. No le demos más vueltas. 

Que alguien cierre la caja de Pandora, que la tempestad no era tan fuerte como se anunciaba. La esperanza... ahí sigue, en el fondo de la caja, esperando a ver si algún día cambiamos de aspiraciones. Pero eso será ya cuestión de alguna mutación forzada a través de ingeniería genética, porque lo que es por educación...

Nota bene: Mi "aimé", siempre seré tu "amante bandida" porque "la vida sigue igual"; tenemos pendiente una larga "Conversación en la catedral"; ya sabes que somos "Legión" los que te apoyamos porque "Culpable o no" sigues siendo un "Torero". Nos vemos en "Vatican City" o en "Macondo"; siempre construyendo "puentes", aunque sean resbaladizos. "T'estimo molt".

C. L. 

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