miércoles, 29 de diciembre de 2021

Covichondeo

Reconozcámoslo: echamos de menos a Fernando Simón. Fernando era nuestro psicólogo colectivo, al que poníamos a parir antes incluso de que abriera la boca para comunicarnos algo relacionado con la COVID. Siempre hemos necesitado un chivo expiatorio al que acusar de todo lo mal que se estaba llevando el asunto de la pandemia. Y ese era Simón. El personal se ha puesto las botas de lanzarle todo tipo de exabruptos con tal de liberar la impotencia que sentíamos ante la que se nos había venido encima. Y desde que desapareció de los medios, muchos han tenido que gastarse los cuartos en psicólogos individuales que no les sirven como Fernando. Es verdad que tienen al gobierno a quien echar la culpa de todo esto, pero el gobierno es un ente abstracto, sin forma humana, que no da ruedas de prensas diarias para informarmos de la evolución de la pandemia. Fernando era Fernando. Y yo no sé si es mucho pedirle que vuelva a la arena de los ruedos con coraza, celada y lanza ristre -porque le va a caer la del pulpo-, cual quijote moderno, para cuidar de la salud mental colectiva de los españoles, que andan un poco turulecos. Preocupa la salud mental del colectivo español a tenor del clima de crispación que se vive en la calle fomentado por los medios de comunicación y otros medios que comunican mal. Es preocupante. Ahora que, para preocupado, el gobierno de la nación. Desde que algunos científicos han adelantado el fin de la pandemia tras la inmunización de rebaño que nos ofrece ómicron a base de contagio comunitario, el gobierno no sabe de dónde sacar el presupuesto para hacer frente a los ERTES de la cantidad de millones de virólogos nacionales que se van a quedar en paro: yo calculo que habrá unos veinte o treinta millones de expertos virólogos que dejarán sus funciones en cuanto la pandemia cese. Y claro, esto es preocupante para el gobierno, especialmente porque ya que puso los ERTES de moda durante la pandemia, a ver quién es el guapo que ahora los quita pospandemia con tanto virólogo en el paro. Un buen marrón. Aunque marrones tiene muchos: entre los antivacunas, los negacionistas, los antitaurinos, los españolistas, los terraplanistas, los antitodo-que-me-opongo-a-todo y un largo etcétera, imagino que gran parte de los que forman el gobierno, aparte de un antivirus, se tendrán que estar tomando un buen antídoto contra todo ese personal, porque si no, no entiendo cómo lo llevan.

 

Otros que andan preocupados son los medios de comunicación. De pronto se ha apagado el volcán de La Palma y se anuncia el final de la pandemia. ¿De dónde van a sacar esos terribles titulares profetizando el fin del mundo con el que abren portada los periódicos y los informativos? Están preocupados. Y yo creo que, como el volcán no pueden reactivarlo, están invirtiendo en intentar sacar una nueva variante del virus para que la pandemia no se vaya aún de nuestras vidas. Eso les garantizaría una temporada de carnaza a base de sus lastimeras quejas, señalamientos, despellejamientos y escarnios públicos a los que nos tienen tan acostumbrados.

 

El que no debe de andar nada preocupado es el coronavirus. Más bien al contrario, se estará covichondeando de nosotros por la cantidad de bandazos que las autoridades están dando para surfear las distintas olas, cada cual de más metros de altura. Unas autoridades opinan que hay que establecer restricciones más duras para atajar el incremento de casos; otras, que hay que dar barra libre al virus para coseguir la inmunidad de rebaño -eso sí, se callan lo de caiga quien caiga-; otras dudan y miran al líder de su partido antes de opinar, no vaya a ser que metan la pata, pues en estos asuntos, digas lo que digas, seguro que metes la pata hasta el corvejón. El mismo presidente o presidenta autoriza por la mañana macrocotillones de 500 personas y por la tarde anuncia que está pensando retrasar la incorporación presencial del alumnado a clase tras las vacaciones. El asunto se les está yendo de las manos y es normal, pues nadie sabe por dónde meterle mano al bicho. Ahora bien, el más listo de todos fue nuestro presidente el otro día en la reunión con los presidentes autonómicos para establecer medidas contra la nueva ola. Los presidentes venían a decirle: "¿Qué hay de lo nuestro?" Y él les preguntó "¿Y vosotros qué traéis?" Y como ni unos ni otro llevaban nada, al final concluyeron que la mejor medida, para no quedar mal, era ponerse la mascarilla en el exterior. Y quedaron todos fatal. Ante esta situación, que muchos han considerado de desamparo, el personal no sabe si ponerse a servir o a buscar criada, que traducido a términos pándemicos actuales es lo mismo que no saber si quedarse en casa a esperar a que llegue el virus o salir a la calle a buscarlo.

 

Así que, al más puro estilo neoliberal, las conclusiones son los socorridos "sálvese quien pueda", "esto terminará arreglándose solo" o "tonto el último". Iba a decir también aquello de "cada cual en su casa y Dios en la de todos", porque queda muy bien eso de quedarse en casa en tiempo de pandemia, pero me ha echado para atrás lo de "Dios en la de todos", no vaya a ser que dé positivo y entonces no se libra ni el tato.

2 comentarios:

Prioridad nacional

  Si soy sincero, estoy deseando que se empiece a aplicar esto de la prioridad nacional en nuestro país. Y más concretamente este verano. No...