Etimológicamente, el apellido Trump procede de la palabra latina trampa-trampae, que evidentemente significa "trampa". Es decir, hasta su propio apellido nos indica lo que pretende hacer: trampas. Así, su política trumpista podría tildarse de tramposería -que en sudamérica sería trampería, un vocablo con una raíz más cercana al apellido del susodicho- y todo ello atendiendo tanto a su etimología lingüística como a los hechos observados en sus pocos días de mandato. Anda el tramposo poniendo patas arriba el mundo con sus ocurrencias descabelladas, que no nos llevarán a nada bueno, eso seguro. Como un gallo de pelea, autoinvestido emperador por sus petrodólares, cacarea la primera ocurrencia que se le viene a su loca sesera, embistiendo contra tirios e incluso contra troyanos, que a este toro nada se le pone por delante. El resto del mundo, taciturno, no sabe si ponerse a su favor o en su contra, excepto algún que otro político anodino que no se pronuncia, experto en nadar y guardar la ropa, poniéndose siempre de perfil. El ciclón tramposo ha desatado su tempestad infernal y a ver quién es el guapo que lo para, amparado como está por más de ochenta millones de trumpistas que lo apoyaron -aunque algunos ya no lo apoyan porque pronto han probado en sus carnes la ira del dragón anaranjado-. Su electorado cayó en su "trampa" y esa trampa pretende extenderla al resto del mundo. Dios nos coja comulgados, porque ni confesados nos salvamos. Y más cuando se entere de que en Portugal hay un club de homosexuales cuyo nombre es "Trump's".
Este tramposo parece que hace buenas migas con otro que tal baila, que no es otro que Elon Musk. Su apellido procede del caló y significa "el masca", es decir, el enterao, el que más sabe, el que más manda, el más chulo y, sobre todo, el que más tiene. En Elon, no obstante, se masca su personalidad aspergeriana, que lo delata: su envaramiento, su rigidez postural y su falta de expresividad son de libro. Trump lo ha nombrado para liderar el nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental y a las primeras de cambio ya se han visto sus maneras; a todos les da por lo mismo: recortes y más recortes, pero ninguno tira piedras a su propio tejado, siempre a los de los demás. Tontos no son, desde luego.
Otro tramposo, al cual su apellido también lo delata, es Milei, el autodenominado león argentino. Su apellido procede de la palabra griega milonga, que tal y como indica, es a lo que se dedica el ínclito: a contar milongas. Milongas que su electorado se tragó y ahora sufre en silencio, como dice el anuncio de las hemorroides. Milonguero, histriónico, homófobo y marrullero, pretende pasarle su famosa motosierra a todo lo que huela a público y a servicios sociales, cuando lo mejor que podría hacer es pasarse la motosierra por esas greñas de loco de atar que tiene por pelo. Ahora, muchos de sus compatriotas andan cabreados con el milonguero porque los engañó con el quilombo de invertir en criptomonedas, lo cual resultó una tremenda estafa piramidal. También hay que ser cortos de miras al confiar en un felino melenudo.
La señora Meloni no les anda a la zaga a los anteriores. El apellido Meloni viene del sánscrito "melón", pero no como nombre de fruta, sino que su traducción se acerca más a nuestra expresión "no seas melón", en el sentido de cabezón, testarudo, torpe o algo parecido. La italiana ha convencido a sus paisanos de que la inmigración pone en peligro la integridad patria, y allá que andan haciéndole la ola, pues ya se sabe que «al melón bueno y maduro, todos le huelen el culo». Por ahora, es la más moderada de los pseudolíderes de pacotilla, dentro, eso sí, de su extremismo xenófobo. Y allí que sigue abonando su melonar en esa extravagante bota en medio del mar Tirreno.
En este repaso etimológico no podemos olvidar al más malo de todos los malos: el avieso Vladimir Putin. Es difícil encontrar su origen etimológico, pero hay teorías que lo sitúan en la expresión hispana "hijo de..." dadas las fechorías que comete contra propios y extraños. Algo se trae entre manos con el monstruo anaranjado, pues parecen estar a partir un piñón cuando desde siempre sus países han estado a la greña. Mal asunto, pues del amor al odio hay solo un paso y, cuando este último se desata, es como si se abriera la caja de Pandora.
En Europa, los Abascal, Weidel, Salvini, Le Pen, etc. se frotan las manos ante el avance imparable de sus postulados entre las masas enfervorecidas que aplauden sus discursos populistas, pero también homófobos, xenófobos, misóginos, excluyentes, inhumanos, nacionalistas... retrógrados, al fin y al cabo. Pero parece ser que es lo que quiere la gente: "Make -insertar aquí el nombre de cualquier país- great again".
Y así anda gobernado o intentando gobernarse el mundo, por unos individuos que lo basan todo en su potencial económico y en la fuerza bruta y que pretenden gobernar poniendo como centro de actuación la economía, abandonando los postulados humanos, sociales y de bienestar general que todo dirigente debería tener como referentes a la hora de gobernar.
¿Qué saldrá de todo esto?
Nota bene: como podrá comprenderse, las referencias etimológicas de los apellidos de los truhanes, por si alguien no se había dado cuenta, son de invención propia.

Genial!!!!
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