El otro día estuve viendo un programa en la televisión que me dejó boquiabierto. Unas personas bien formadas y muy listas hablaban sobre distintas soluciones aplicables a la crisis que la pandemia del coronavirus está generando en nuestro país. Genial. ¡Qué nivel tan elevado en el uso del lenguaje!, ¡qué planteamientos tan constructivos!, ¡qué oralidad tan convincente!, todos esforzándose por hacer la propuesta más elaborada para salir de este atolladero. Todos con el objetivo común de sumar para hacer avanzar a nuestra nación.
Sin embargo, a medida que avanzaba el programa, no sé si por cansancio de los intervinientes o por la fuerza de la costumbre, la ilusión que sentí en un principio fue poco a poco decayendo. Me fui dando cuenta de que, aunque todos ellos buenos, nadie estaba dispuesto a abandonar sus postulados ni retroceder un milímetro de su posición inicial. Nada de ser flexibles y ceder un poco en sus planteamientos para introducir ideas de los demás. Nada de eso. Empecé a observar maximalismo puro y duro: cada cual quería llevarse el gato al agua o arrimar la brasa a su sardina, como ustedes prefieran.
A mitad del programa se fue caldeando el ambiente poco a poco. Unos y otros fueron sacando los trapos sucios de los demás, acusándose entre ellos de corrupción, de ineptitud, de ineficacia, de falta de patriotismo, de desatención de sus obligaciones para con los ciudadanos, de llevar el país al caos, de haber desmantelado la Sanidad Pública y de un sinfín de reproches más. Se hacían preguntas unos a otros y ninguna de las respuestas que escuché se centraba en contestar a lo preguntado, sino que abundaba en el argumentario que a cada cual le interesaba en ese momento. Algunos incluso criticaban la vestimenta de otros.
De pronto comprendí que tanto el acuerdo como el clima positivo de un principio se habían perdido y que, cuanto más durara el programa, más distanciadas estarían sus posturas. Y, lo que es peor, se había perdido en el camino el objetivo común por el que concurrían allí, habiéndolo cambiado por el de expresar públicamente sus desavenencias personales.
A punto de finalizar el programa, sonó un timbre, y una señora ordenó una votación. Y entonces, y solo entonces, caí en la cuenta de que no era un programa de tertulia lo que estaba viendo, sino la retransmisión en directo de una sesión del Congreso de los Diputados.
Y de repente se me vino un mal pensamiento a la cabeza: ¿y si todos estos no están más que representando un papel para seguir manteniéndose en sus puestos? ¿Y si en realidad lo que en el fondo pretenden es enmarañarse en sus disputas para perder deliberadamente el objetivo que dicen perseguir? ¿Y si todo esto está pactado de antemano y están escenificando un teatro y luego, cuando acaben, se toman unas birras en el bar del hemiciclo, que seguro que estará abierto? ¿Y si esto no es más que una conjura de listos para seguir manteniendo su estatus? ¿Y si...? Y aquí sigo, dándole vueltas al asunto.
De pronto comprendí que tanto el acuerdo como el clima positivo de un principio se habían perdido y que, cuanto más durara el programa, más distanciadas estarían sus posturas. Y, lo que es peor, se había perdido en el camino el objetivo común por el que concurrían allí, habiéndolo cambiado por el de expresar públicamente sus desavenencias personales.
A punto de finalizar el programa, sonó un timbre, y una señora ordenó una votación. Y entonces, y solo entonces, caí en la cuenta de que no era un programa de tertulia lo que estaba viendo, sino la retransmisión en directo de una sesión del Congreso de los Diputados.
Y de repente se me vino un mal pensamiento a la cabeza: ¿y si todos estos no están más que representando un papel para seguir manteniéndose en sus puestos? ¿Y si en realidad lo que en el fondo pretenden es enmarañarse en sus disputas para perder deliberadamente el objetivo que dicen perseguir? ¿Y si todo esto está pactado de antemano y están escenificando un teatro y luego, cuando acaben, se toman unas birras en el bar del hemiciclo, que seguro que estará abierto? ¿Y si esto no es más que una conjura de listos para seguir manteniendo su estatus? ¿Y si...? Y aquí sigo, dándole vueltas al asunto.
Que no te quepa la menor duda de que esas son sus pretensiones.
ResponderEliminarEstoy con Isabel, y cada día más y más lo pienso. Quieren cansar a la población, pues conmigo que no cuenten. Todavía quedamos muchos con memoria.
ResponderEliminarSabes,Capitán pirata? Que yo llevo tiempo pensando y dando vueltas a los " y si" porque de otra manera, no se entiende nada. Continua con tu crónica. A algunas, nos encanta.
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