martes, 12 de mayo de 2020

Desescolarización obligatoria



Todos los años, cuando se va acercando el momento de escolarizar al nuevo alumnado, en los colegios nos aprestamos a poner la información en nuestras páginas webs lo más resumidita,  accesible y fácil de entender posible. Señor padre, haga clic aquí para acceder al calendario: y se despliega una exuberante imagen en pantalla donde, de un vistazo, el padre de turno se entera a la perfección de los plazos para solicitar colegio para su hijo. Señora madre, haga clic aquí para acceder a la solicitud: y, por arte de magia, se despliega un magnífico PDF -editable además- en el que la madre de turno rellena en un santiamén la solicitud para su hija. ¿Quiere usted comedor para su vástago? Haga clic aquí y acceda al formulario para solicitarlo. ¿Desea usted usar el servicio de Aula Matinal? Haga clic aquí y nos trae a la niña dormida, que ya se la despertamos nosotros...

En fin, toda una serie de facilidades a golpe de un clic para atraer la atención de las familias sobre un colegio en concreto. Cada año nos esmeramos más: dibujitos por aquí, un vídeo de presentación de nuestro colegio por allá, un tríptico con las características del mismo por acullá... Todo un dechado de imaginación al servicio de nuestra clientela.

Siempre fue así. Menos este año. Este año no. Al parecer, nos estábamos pasando un poco de la raya con eso de la información. Y, claro, tanta información no es buena. No sé si es esto o los efectos del contagio de algún nuevo virus -esto de los virus está de moda-, pues se nos ha ordenado que se acabó lo que se daba: que nos dejemos de pamplinas y facilidades y que ya se nos dirá qué tenemos que poner en las webs, tablones de anuncios y demás elementos de exposición informativa. No vaya a ser que confundamos al personal. Y nos hemos quedado planchados.

Y así llevamos una semana, sin informar, sin publicar... sin respirar, casi. Esperando la gloriosa venida de la valiosa información. Y ha llegado, descendiendo en forma de correo electrónico sobre nuestros ordenadores, vespertina, como quien no cree la cosa. Y todos nos hemos apresurado a leer la buena nueva, nerviosos, las manos sudorosas por la emoción contenida...

Y nos hemos llevado un chasco: un PDF de diez páginas que se atraganta desde la primera y unos carteles, y no precisamente de un concierto.

"Pues para este viaje no se necesitaban alforjas" -ha dicho un director decepcionado. "¿Y eso es todo?" -ha comentado otro con los ojos como platos. Pues sí que.. 

Yo sigo apostando por la teoría vírica. ¿No será esto también cosa del coronavirus? Porque muchos asintomáticos andan por ahí sin fiebre, sin tos y sin nada. Pero ¿y si los síntomas de que se tiene la enfermedad son otros? ¿Y si los síntomas se muestran en cómo se procede con la información?

O no, o a lo mejor todo obedece a una estrategia. Como se está hablando de que en septiembre tiene que haber menos alumnado por clase para evitar contagios, pues así, informando que si sí, que si no, a lo mejor se escolarizan menos niños. Y entonces ya no estaríamos hablando de escolarización, sino de desescolarización, que al paso que van las ideas, a lo mejor la ponen como obligatoria, para cumplir las ratios y todo eso.

Yo, por buscarle una explicación al asunto...


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