se percibe a lo lejos;
un aroma
familiar,
suspendido en el
recuerdo;
un aroma de
ciudad,
de aldea, y
también de pueblo.
Sus esencias
vienen y van
asaltándome en
el momento
en que, sin
atravesar el umbral,
a sus olores me
enfrento.
¡Cuánto tiempo
de esperar
este dulce
reencuentro!,
probando, por
probar,
sucedáneos
somnolientos
que no pueden
llegar
a su altura,
¡qué tormento!
¡Cuánto tiempo sin saborear
su magia!: un sufrimiento
que no puedo aplacar
ni por fuera ni por dentro.
¡Cuánto tiempo sin saborear
su magia!: un sufrimiento
que no puedo aplacar
ni por fuera ni por dentro.
Su sabor
descomunal,
me invade todo entero
y me hace
regresar
a otra vida, a
otros tiempos
donde era fácil
disfrutar
de sus delicados
efectos.
La compañía
también está
a la altura del
momento
porque sabe
valorar
el embrujo y el
misterio
de las cosas de
verdad,
de los placeres
pequeños.
Esta mañana, sin
más,
voy caminando
contento,
tras tomarme en
un bar
el café que hoy os cuento.
Eso sí que está bien!!
ResponderEliminarCon que poco te conformas 😊
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