Si he de ser sincero, no suelo atender mucho a lo que dicen los representantes del gobierno en sus múltiples comparecencias a fin de explicar al país las distintas iniciativas tomadas para atajar la crisis del coronavirus; me pasa igual que con la mujer del tiempo de la 1: al poco tiempo de empezar a escucharla pierdo el hilo y dejo de atender y, cuando quiero retomar el asunto, ya ha pasado la predicción de mi región, por lo que pierdo definitivamente el interés. Y siempre digo lo mismo: a mí que me pongan un mapa de España con soles, nubes, tormentas y demás fenómenos meteorológicos para echarle un vistazo y enterarme rápidamente del tiempo que va a hacer, que yo estudié E.G.B. y soy de los que todavía saben dónde se sitúa su provincia. Pues lo mismo les diría a los del gobierno: que tanto rollo no me va, que prefiero lo concreto, que yo me entero enseguida si me lo resumen.
Ahora bien, reconozco el esfuerzo que se está haciendo en pos de mantener a la población informada con todo lujo de detalles de las decisiones de un gobierno que anda, desanda, acierta, se equivoca, publica y rectifica lo publicado en un intento de ponerle puertas a un campo imposible de cerrar; sobre todo con los perros de presa que tiene por compañeros de escaño, que se le tiran a la yugular antes de que abran la boca, independientemente de lo que vayan a decir. Difícil situación, en la que sabes que te van a lapidar tomes la decisión que tomes. Y aquí me viene a la memoria la cita aquella que decía "que el que esté libre de pecado...". Ya se ve que algunos vinieron al mundo inmaculados, en su acepción más primitiva, etimológicamente hablando.
Ya digo que no atiendo mucho a lo que dicen los del gobierno, pero sí me fijo mucho en ellos, porque me gusta observar. Así, puedo transmitiros mis sensaciones particulares, basadas más en las apariencias y en los prejuicios, que en la realidad; pero así somos, qué le vamos a hacer.
Por ejemplo, el "presi" es un pimpollo que se sabe guapo, que usa y abusa de la palabra hasta aburrir. Si no se aburre él mismo es porque le gusta mucho oírse y, para ello, estira sus verborreicas intervenciones hasta el infinito. Al final, casi nadie sabe lo que ha dicho y, lo que es peor, como habla tanto, suele confundirse y desdecirse, por lo que es fácil pillarle en algún renuncio, que luego será la mofa de las redes sociales.
A uno que lo veo preocupado es al ministro de Sanidad. Por lo menos tiene cara de eso, de estar pensando: "¿En qué lío me he metido, si yo soy de Filosofía y en la caverna de Platón no había virus?". Se le ve prisionero -en el interior de la caverna- de sus pensamientos filosóficos. A mí se me parece a Mortadelo y me lo imagino en cualquier momento cogiendo el zapatófono -creo que ya lo he dicho en algún artículo anterior- y llamando al jefe de la T.I.A. para que lo saque de allí.
La ministra portavoz -portavoza aún no lo permite la R.A.E., pero todo se andará- es una mujer de carácter. Andaluza, no se corta un pelo en hablar en su dialecto, cosa que me parece bien, como tampoco se cortaría un vallisoletano en hablar como su madre o su padre lo enseñaron. Otros ya afirmaron que hablaban catalán en la intimidad y no pasó nada, aunque hoy abjuraran de ello. Aparte de su discurso, al que ya digo que hago poco caso, lo que más me llama la atención de esta mujer son los modelitos que luce: perfectamente conjuntados, marcando personalidad. Una pija de izquierdas, vaya. Y aquí surge la tan manida discusión sobre si la gente de izquierdas puede lucir elegante, tener posesiones, etc., o esto solo es patrimonio de la derecha. Ahí os dejo el tomate, a ver cómo lo aliñáis.
Y luego está el ínclito Fernando Simón, el que más juego está dando para la creación de memes y demás chistes por las redes sociales. Incluso yo he caído en la tentación y le he hecho alguno. A mí me parece el más auténtico de todos. Al margen de lo que diga o haga, un tío que aparece en rueda de prensa oficial sin chaqueta ni corbata, sin peinar y sin afeitar, cuanto menos me merece un respeto, por su atrevimiento.
Y finalizo: nunca hubiese imaginado a un gobierno dando tantas y tantas explicaciones. A lo mejor es porque el imaginario colectivo lo exige...
Y finalizo: nunca hubiese imaginado a un gobierno dando tantas y tantas explicaciones. A lo mejor es porque el imaginario colectivo lo exige...
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