"Así se quedó uno", diría mi abuela si nos viera en esto de esperar a que llegue la nueva normalidad. Y es que pareciera que nosotros no tenemos nada que hacer para ello. Como si un día nos despertáramos y alguien anunciara que ya ha llegado, que ya está aquí. Y yo creo que no es eso, que la nueva normalidad la tenemos que construir entre todos, arrimando el hombro, dejando el miedo en casa y volviendo más pronto que tarde a nuestros oficios. Si seguimos esperando a que sean otros los que nos la traigan, apañados vamos.
Ya
sé que en algunos sectores el asunto es más difícil que en otros. O al
revés, que a algunos sectores nos los ponen más fácil que a otros. Yo
he observado que en el sector privado el personal anda que se las pela
intentando recobrar tanto el tiempo como las ganancias perdidas.
Poniendo las medidas de seguridad oportunas, eso sí, pero dando el callo
desde hace ya un tiempo para poner sus negocios a pleno funcionamiento.
Y los empleados, rescatados de ERTEs o del paro, moviendo el esqueleto
porque les va el sueldo en ello.
En
el sector público observo que la cosa va más despacio. Mucho miedo,
muchos peros para reanudar el trabajo presencial, mucho sindicato
exigiendo muchas medidas de protección y seguridad para los
trabajadores, que si no se cumplen las condiciones de salud y riesgos
laborales por aquí, que si no hay mamaparas de protección por allá...
Muchas evasivas que, después de lo bien que lo hemos hecho, nos están
haciendo quedar un poco mal ante la opinión pública. Y es que no nos queda
otra que realizar un poco de esfuerzo y salir de nuestra zona de
confort. Una zona de confort aclimatada por la seguridad que nos
ha proporcionado el cobrar nuestro sueldo a final de mes durante todo el confinamiento. Es curioso.
Juan Matabosch, director artístico del Teatro Real, lo plantea claramente en la reanudación de la temporada de espectáculos:
Pues si las terrazas de los bares están repletas y las salas de cine y de teatro piensan reabrir sus puertas, yo creo que, en el sector de la educación habrá que ir ideando también la forma de volver a las aulas de una forma serena, ordenada y segura. Las clases online, digamos lo que digamos, son para una temporadita. Lo que se ha demostrado durante la cuarentena es que hartan mucho: a madres y padres, al alumnado y al propio profesorado. Además, van en contra de la esencia misma de la educación: la interacción, el expresar tus sentimientos, el mirar a la cara a los demás, la socialización, el juego, la risa colectiva, el llanto espontáneo, la actividad física en el patio de recreo... Son tantas cosas las que se pierden estando en casa delante de la pantalla de un ordenador... Por muy atractivo que lo pongamos, como la escuela presencial no hay nada.
En ese sentido se expresaba en El País Vicent Mañes, presidente de la federación de directores de infantil y primaria (fedeip):
Porque la escuela, además de una función educativa, también tiene, aunque a algunos les duela, una función asistencial y social. Si la escuela se cierra, las familias tienen un problema. Y si las familias tienen un problema, al final, el problema, de rebote, les toca también a maestros y maestras.
Pero no solo la escuela; el sector público en general debe dar ejemplo de normalidad volviendo paulatinamente a sus quehaceres si no queremos ser señalados con el dedo por el resto de la sociedad. Pero, aparte de ser señalados, que a nadie nos gusta, creo que nuestra condición de funcionarios lleva aparejada el deber de servidores públicos, que es por lo que nos pagan. Y ese servicio público solo se puede demostrar dando ejemplo con nuestra presencia en los centros de trabajo.
No basta con poner un corazoncito verde en nuestro perfil de whatsApp, aplaudir a los sanitarios desde nuestros balcones o salir a protestar a la calle. El camino se hace andando. E igual que han hecho los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, bomberos y, muy especialmente, los referidos sanitarios durante la pandemia, ahora nos toca a los demás seguir ganándonos el sueldo.
No podemos quedarnos esperando la llegada de la nueva normalidad. Hay que salir a su encuentro.
Pues si las terrazas de los bares están repletas y las salas de cine y de teatro piensan reabrir sus puertas, yo creo que, en el sector de la educación habrá que ir ideando también la forma de volver a las aulas de una forma serena, ordenada y segura. Las clases online, digamos lo que digamos, son para una temporadita. Lo que se ha demostrado durante la cuarentena es que hartan mucho: a madres y padres, al alumnado y al propio profesorado. Además, van en contra de la esencia misma de la educación: la interacción, el expresar tus sentimientos, el mirar a la cara a los demás, la socialización, el juego, la risa colectiva, el llanto espontáneo, la actividad física en el patio de recreo... Son tantas cosas las que se pierden estando en casa delante de la pantalla de un ordenador... Por muy atractivo que lo pongamos, como la escuela presencial no hay nada.
En ese sentido se expresaba en El País Vicent Mañes, presidente de la federación de directores de infantil y primaria (fedeip):
Porque la escuela, además de una función educativa, también tiene, aunque a algunos les duela, una función asistencial y social. Si la escuela se cierra, las familias tienen un problema. Y si las familias tienen un problema, al final, el problema, de rebote, les toca también a maestros y maestras.
Pero no solo la escuela; el sector público en general debe dar ejemplo de normalidad volviendo paulatinamente a sus quehaceres si no queremos ser señalados con el dedo por el resto de la sociedad. Pero, aparte de ser señalados, que a nadie nos gusta, creo que nuestra condición de funcionarios lleva aparejada el deber de servidores públicos, que es por lo que nos pagan. Y ese servicio público solo se puede demostrar dando ejemplo con nuestra presencia en los centros de trabajo.
No basta con poner un corazoncito verde en nuestro perfil de whatsApp, aplaudir a los sanitarios desde nuestros balcones o salir a protestar a la calle. El camino se hace andando. E igual que han hecho los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, bomberos y, muy especialmente, los referidos sanitarios durante la pandemia, ahora nos toca a los demás seguir ganándonos el sueldo.
No podemos quedarnos esperando la llegada de la nueva normalidad. Hay que salir a su encuentro.

Quiero volver a la enseñanza que conozco, cuanto antes, mejor. Volveremos con las medidas necesarias, por supuesto.
ResponderEliminarPues,vuelves a tener razón.
ResponderEliminarGracias Manolo, mejor explicado imposible, no podemos tener miedo si mucha responsabilidad y respeto, los maestros saben hacerlo muy bien...mucho animo
ResponderEliminarAsí es. O así debería ser al menos
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