sábado, 27 de junio de 2020

Postdata: de burbujas y otras zarandajas



A la espera de las instrucciones oportunas por parte de la autoridad educativa para confeccionar nuestros planes de contingencia en los colegios de cara al próximo curso escolar, ya tenemos conocimiento de numerosas propuestas al respecto: toma de temperatura a la puerta de los centros, felpudos con lejía por los que restregar los pies antes de acceder al recinto escolar, grupos burbuja de no más de veinte alumnos atendidos por el menor número posible de maestras, desdobles de clases, recreos compartimentados para no mezclar grupos, lavado frecuente de manos... y un largo etcétera de propuestas, todas ellas muy loables y en la línea de intentar evitar la expansión del contagio del coronavirus. 

Hasta aquí nada que objetar si no fuera porque uno le da al "bolindre" -eso dicen en mi círculo de amistades-, analiza el asunto y, aunque me despedí de vosotros hace una semana o así,  no puedo resistirme a verter mi opinión al respecto: la escuela, querámoslo o no, siempre ha sido una isla en el océano, un poco desconectada del continente de la sociedad. Ha habido siempre intentos de construir istmos, unas veces exitosos y otras no tanto. Ejemplos de la insularidad escolar los hay por doquier: mientras la tecnología impera entre los más tiernos infantes, en la escuela comenzamos a dar nuestros primeros pasos iniciáticos en ella; mientras en la escuela intentamos inculcar una serie de valores basados en la solidaridad, la paz, el compañerismo, etc., ya se encargan la televisión -con su diabólica publicidad-, los políticos de turno -con sus malos ejemplos- y el neoliberalismo rampante de transmitir unos valores muy contrarios -pero más fáciles de asumir- a los que se predican en el aula; y habría más ejemplos, que dejo a vuestro análisis. Es como si se tratara de un pulso entre escuela y sociedad donde esta última siempre va ganando, pero en el que aquella nunca se deja vencer del todo. 

Y en esto de las medidas contra el coronavirus, el asunto no iba a ser menos: la escuela por un lado y la sociedad por otro, la primera a remo y la segunda con motor fueraborda. Y me explico: a ver qué demonios de grupos burbujas ni mandangas nos van a hacer confeccionar -con el trabajo de organización tanto intelectual como física que ello conlleva- para cinco o seis horas de estancia en el centro si, después, los integrantes de dichos grupos burbuja -muy controlados todos ellos en la escuela a base de un sobreesfuerzo tremendo- se van a mezclar en horario de tarde en plazas, parques y jardines de ciudades y pueblos. Qué diantre de desdobles y de reducción de ratios si fuera de la escuela, en su tiempo libre, la chiquillería va a estar entrenando en sus clubes de futbol, en sus clases de natación y en sus academias de bailes e idiomas, cada cual de un colegio y de un barrio distintos, mezclados, lo más probable que en muchos casos sin protección ni guardando las más mínimas distancias de seguridad. Para qué vamos a pegarnos la paliza en los colegios de medir la distancia entre sillas y mesas, metro en mano, si en los bancos de los parques dicha distancia se reduce a milímetros... Esas burbujas que pretendemos confeccionar van a explotar nada más salir del pompero, os lo digo yo.

La cosa, no crean, tiene su guasa. Y más que guasa, tiene su inutilidad. ¿Qué pasa?: ¿que por la mañana nos dedicamos a prevenir el contagio y por las tardes a expandirlo? Pues sí que vamos a hacer un pan con dos tortas: una incoherencia alarmante más de las muchas que nos estamos encontrando en este tsunami de la pandemia. Por no hablar ya del padre o de la madre que acudirá al centro -tenedlo por seguro- a exigir -enfado en rostro- las medidas de protección más extremas para su vástago cuando por las tardes ese mismo padre o madre no se aplicará la misma vara de medir, relajando sus exigencias para consigo mismo al nivel del betún. 

Parafraseando a Pau Donés, el asunto se resumiría así: escuela y sociedad, serio problema, cuando una tiene sed y la otra no está cerca. 

Pues eso.

5 comentarios:

  1. Más razón que un Santo, seguro que en los colegios cumpliremos a base de mucho esfuerzo, pero de puertas para afuera, será otro cantar.

    ResponderEliminar
  2. Un aplauso, eso es lo que te llevas hoy. Tanto pensar en medidas para que luego fuera del colegio sea incontrolable.

    ResponderEliminar
  3. Y esas burbujas que empezaron siendo de 15 luego de 20 y ahora estamos como al principio con 25??? Y esas horas de trabajo de los equipos directivos organizando para luego desorganizar????

    ResponderEliminar
  4. ... Si, es todo un despropósito, ahora aviones y trenes pueden ir al 100%,.. al 100%!!, y mientras pidiéndonos mantener distancia de seguridad. La verdad, que no sé cómo se va a hacer en los colegios en Septiembre.

    ResponderEliminar
  5. Pues, la verdad, esta es la cruda realidad de los educación. Pero no so lo de ella. Mientras por un lado se exige para prevenir, por otro.... vamos a ver si extendemos todos un poco. Yo, por mi parte, ya he empezado a rezar para que los sanitarios no se agoten, nI las cajeras o cajeros d e los supermercados, ni los de la limpieza, etc, etc... porque, visto lo visto, volveremos la casilla de salida.

    ResponderEliminar

La escuela: cronología de un engaño

A poco más de un año vista de la jubilación, hago memoria, analizo la evolución de la escuela a lo largo de los últimos treinta y cinco años...