Desde que comenzó la pandemia, todos los esfuerzos se han centrado en la contención de la propagación del virus. La tarea se ha revelado ardua, pues el dichoso bicho, una vez pasado el confinamiento, campea por doquier aprovechando los resquicios de nuestras diversas debilidades humanas: la falta de autocontrol, la inconsciencia, la falta de responsabilidad social y la poca empatía con los demás. Esas rendijas son aprovechadas por el coronavirus para hacer su agosto entre nosotros. Entre que el bichito es espabilado y con ganas de dar guerra y que nosotros le facilitamos la tarea, pues aquí andamos, viéndolas venir.
Septiembre está a la vuelta de la esquina y a los colegios nos han hecho confeccionar unos planes de contingencia para afrontar la vuelta a clase con las mayores garantías de seguridad. Y en ello estamos. Pero a medida que los vamos confeccionando nos asaltan las dudas acerca de su viabilidad y su eficacia; especialmente en los centros con una gran cantidad de alumnado: no terminamos de hacernos una idea de cómo funcionará el tema de la distancia social entre los niños, el uso de la mascarilla entre los más pequeños, el lavado frecuente de manos teniendo pocos lavabos, la atención de casos sospechosos, la separación de los grupos burbuja, etc., etc. Difícil situación, por novedosa y por la responsabilidad que conlleva: un brote sin advertir en la escuela supone una propagación masiva entre los hogares del alumnado y del profesorado.
Luego está también lo de la limpieza y la desinfección, que no dependen de los centros, sino del ayuntamiento de turno en el caso de los colegios públicos: ¿se realizarán con el rigor y el personal necesario para garantizar la salud de la comunidad educativa? Gran interrogante aún por resolver.
El colectivo "Escuela de calor" de la provincia de Sevilla ya se lo ha advertido a la Junta de Andalucía: sus hijos-as no volverán a clase si no se toman medidas reales y efectivas para garantizar la seguridad de la comunidad educativa. Una medida drástica, pero que pone el dedo en la llaga del problema: la adopción de medidas reales y efectivas, y no una serie de planes escritos sobre un papel -con muy buena voluntad, eso sí- pero que nadie puede garantizar su efectividad porque no se han llevado a la práctica, ni tan siquiera en forma de simulacro.
Dudas, muchas dudas. Los equipos directivos lo intentamos organizar todo lo mejor que sabemos, pero tampoco somos expertos en materia de salud. Y el miedo que nos embarga es el pensar si se nos van a pedir responsabilidades en el caso de contagios o falta de control de brotes en nuestros centros educativos. Alguien debería aclarar todo esto. Las reacciones de los niños son imprevisibles: por más cuidado y precauciones que queramos tener, en cualquier momento puede saltar la chispa. Y la administración debería guardarnos las espaldas. No sería de recibo que se nos echara la responsabilidad exclusivamente sobre las espaldas de las direcciones de los centros. Además de injusto, sería inasumible.
La contención del virus es difícil, particularmente si fuera del horario escolar no observamos las medidas de prevención que se nos exigen llevar a cabo dentro de los centros. Nos podemos encontrar con contagios que se han producido fuera del colegio y que luego se expanden por el mismo porque es imposible detectarlos al ser asintomáticos.
Difícil, muy difícil todo. Si tomáramos el término incontinencia como la falta de contención de la propagación del virus, los planes que estamos elaborando no deberían llamarse "planes de contingencia", sino "planes contra la incontinencia". Porque es la incontinencia lo que preocupa: cómo poner los medios adecuados para la contención de la propagación del virus.
La otra incontinencia ya empezará a producirse entre los que ocupamos responsabilidades en los centros a medida que se vaya acercando el inicio de curso.
Ya en septiembre lo vemos in situ y no sobre el papel. A ver qué pasa. Esperemos que todo salga bien.

Todo me parece muy muy dificil, como bien dices los niños son imprevisibles en sus comportamientos, no tendremos manos ni medios suficientes
ResponderEliminarYo, no lo veo...no lo veo...es imposible tenerlo claro.
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