viernes, 11 de septiembre de 2020

Maestro: una profesión de riesgo en la nueva normalidad

 

Corren nuevos tiempos para las profesiones. Y no creo que al que lleva el registro de las profesiones de riesgo le haya llegado la catalogación actualizada de las mismas.  A buen seguro, y si los técnicos que elaboran los informes pertinentes son aviesos profesionales, la de maestro seguro que asciende en el ránking y entra en el "top ten". 

"Malos tiempos para la escuela", se debería titular el "remake" de la famosa canción de Golpes Bajos, si estos se decidieran a reescribirla. Y es que, en un lapso de seis meses, a la escuela no la conoce ni la madre que la parió. Muchos maestros han vuelto de las vacaciones sin querer o sin poder asumir que la escuela de septiembre no tiene nada que ver con aquella de la que no tuvieron tiempo siquiera de despedirse allá por marzo. Y se miran cariacontecidos, preguntándose qué ha pasado, porque una cosa es oír las noticias de otros lugares por la tele y otra aterrizar en la dolorosa realidad escolar que nos ha traído la nueva normalidad. No saben, no entienden, no se adaptan, abren mucho los ojos y la boca ante las nuevas normas, horarios, entradas, salidas, recorridos, recreos, distancias, mascarillas, usos y costumbres. Algunos reclaman quejicosos esa hora lectiva que se les ha puesto de más sin darse cuenta que la queja ya no es válida, que ya no se tiene en cuenta en la nueva realidad del docente. Otros no entienden qué le ha pasado al Equipo Directivo de su centro, otros cursos tan bien organizado y resolutivo, y este año tan encongido de hombros y tan sin respuestas ante tanta pregunta que se le hace. Algunos pretenden la perfección de los horarios desde el primer día, como siempre, dicen; otros, que los timbres que anuncian los recreos no se ajustan a la realidad; otros, que no tienen mascarillas; los de más allá, que les faltan batas desechables; las monitoras del comedor corre que te corren de un lado para otro en busca de alumnos-as rezagados que ya casi se han mezclado con un grupo que no es el suyo... La tensión y el nerviosismo se palpa desde por la mañana temprano porque nada es como era, pero todos queremos que sea como antes y eso es imposible. Algunas familias, no concienciadas todavía con lo que está pasando, reclaman puntualidad en las salidas; otras, que los maestros-as salgan a la calle a echarle la bulla a los padres y madres que se amontonan en la puerta sin guardar las distancias mientras esperan a sus hijos. Otras, las menos, ponen a parir a maestros y Equipo Directivo por la nefasta organización a su juico realizada tomándose el aperitivo repantingados en los veladores de la terraza de la esquina de al lado mientras sus hijos juegan alegremente con amigos de otros cursos y edades nada más salir de la escuela.

La diana de las críticas de maestros y familias suele ser el director del colegio, que no entienden cómo, con las horas que afirma que le echa al asunto, no consigue que funcione mejor incluso que lo hacía antes. Y el director, encharcado en sudor de arriba abajo, calzoncillos incluidos, sin haber podido tomarse un café en toda la mañana ni haber ido al baño siquiera, no comprende cómo los demás le piden la perfección que nunca podrá ofrecerles. 

Los únicos que parecen mejor adaptados a esta nueva escuela son los alumnos: ellos dirán que, a pesar de los pesares, de las nuevas normas y de las parcelas del patio, mejor acompañados que no solos en casa -hasta los refranes han cambiado. 

También ha cambiado la limpieza en la escuela, por lo menos en mi ciudad: no se ha reforzado y han dividido a las limpiadoras existentes en dos grupos, uno de mañana y otro de tarde: ni las de la mañana llegan a sacarle brillo al asunto, ni las de la tarde consiguen limpiar todas las aulas, pues hay más que el curso pasado y las limpiadoras vespertinas son menos.

Si a ello unimos la posibilidad de un contagio por la exposición al virus que el alumnado puede portar sin saberlo o por la falta de limpieza del aula, el cóctel  del riesgo está servido. 

El corazón del maestro palpita a un ritmo anormal, pero no por el estrés del día a día o el miedo al contagio, que también, sino porque lo que ve a través de los ojos no le gusta: esta no es la escuela que yo conocía -parecen decir sus latidos- ¿quién me la ha cambiado? 

Yo creo que, tarde o temprano, nos terminaremos concienciando de esta nueva realidad, a menos que nuestra simpleza y egoísmo sigan exigiendo lo imposible: la escuela de antes, esa que ahora mismo no existe. Si ello es así, mal asunto: la profesión de maestro acabará siendo de alto riesgo, pues no hay cosa peor para la convivencia que el que no quiere aceptar la realidad que le toca vivir. Ya se sabe que la inteligencia es la capacidad de adaptación al medio. ¿Estaremos a la altura?

5 comentarios:

  1. Me veo reflejada, cuanto desasosiego, cuantas listas, cuantas horas de trabajo consumidas y no, no sale como lo visualicé.

    ResponderEliminar
  2. Pues claro que estaréis a la altura, Manolo! No lo dudes ni un momento. Y se llegará donde se pueda. Y a los que se quejan (padres, madres o incluso compañeros) ni caso. Y los niños aprenderán, también lo que puedan, pero felices. Mucho ánimo!

    ResponderEliminar
  3. No me cabe duda de que la organización ha sido de diez. Qué difícil ha sido siempre ser equipo directivo, pero ahora muchísimo más. Ahora hay que sumar entre todos y ser comprensivos.
    Dices profesión de riesgo...yo me he sentido una super heroína estos dos días. Todo lo hacemos por nuestros alumnos, y ver sus caritas, aunque sea con mascarillas es nuestro empuje.
    Mucho ánimo para toda la comunidad educativa!💪💪💪

    ResponderEliminar
  4. No me cabe duda de que la organización ha sido de diez. Qué difícil ha sido siempre ser equipo directivo, pero ahora muchísimo más. Ahora hay que sumar entre todos y ser comprensivos.
    Dices profesión de riesgo...yo me he sentido una super heroína estos dos días. Todo lo hacemos por nuestros alumnos, y ver sus caritas, aunque sea con mascarillas es nuestro empuje.
    Mucho ánimo para toda la comunidad educativa!💪💪💪

    ResponderEliminar
  5. Por supuestobqye estas a la altura de esta realidad...hemos de adaptarnos y confío en tantos maestros inteligentes y amantes de su vocación que sabréis adaptaros a esta normalidad.
    Animo y adelante

    ResponderEliminar

La escuela: cronología de un engaño

A poco más de un año vista de la jubilación, hago memoria, analizo la evolución de la escuela a lo largo de los últimos treinta y cinco años...