martes, 27 de octubre de 2020

La horrísona adjetivación adverbial

 


No soy entendido en lingüística, pero sí un apasionado de la palabra. Y últimamente veo que el uso que hacemos de la lengua es bastante deficiente, tanto a nivel oral como a nivel escrito. Algo estaremos haciendo mal en general para cometer tantos errores a la hora de hablar y de escribir.

Sé por experiencia y por mis pocos estudios, que la norma, que es el conjunto de reglas para usar correctamente la lengua, termina cediendo ante el empuje del habla, que es la utilización que cada individuo hace de  aquella. Eso ha sido así desde que existen las lenguas y seguirá siéndolo. Debido a ello han evolucionado dichas lenguas y hoy no hablamos como lo hacían hace tres siglos. La norma intenta ponerle coto al error cometido por el habla, pero cuando un error se generaliza y ya nadie dice una expresión como dice la norma, sino como se ha comenzado a decir en la calle, la norma termina transigiendo y, aunque a regañadientes, admite lo erróneo como válido, pasando este a formar parte de la nueva norma.

A los más puristas nos cuesta, no obstante, aceptar lo que vulgarmente se denominan "patadas al diccionario". Ejemplos hay muchos; el más reciente ha sido el debate en la R.A.E. para admitir "iros" como correcto, aunque fuera contrario a las reglas de formación del imperativo. Lo correcto siempre fue -y sigue siendo- "idos", pero eso ya no lo dice casi nadie y la norma -en este caso representada por la R.A.E.- ha tenido que rendirse ante la evidencia.

Y algo así terminará pasando con la generalización que el personal está haciendo de lo que yo denomino la "adjetivación adverbial", una expresión de mi cosecha que lo más probable es que no sea ni acertada. Últimamente se habrá observado que decimos alegramente expresiones como "fulanito se sentó detrás mía", "vivo enfrente tuyo" o "yo voy delante vuestra". Y yo me vengo preguntando, con lo mal que suenan, a qué demonios se debe que reputados periodistas, presentadores de TV, políticos y demás personas supuestamente ilustradas, cometan tales tropelías al hablar. ¿Desde cuándo se ha podido poner un adjetivo a un adverbio? ¿Cuándo dejaron de enseñarnos las partes de la oración y su correcta arquitectura sintáctica? Me suenan a rayos las expresiones citadas anteriormente y aunque ya sé que no hay nada que hacer al respecto, me permito el lujo -yo, un vulgar maestro de escuela- de explicaros un pequeño truco, que en realidad nos lo da la R.A.E., para saber si podemos o no podemos usar esas expresiones: si se puede usar el posesivo átono antepuesto, la construcción con el posesivo tónico pospuesto será también válida:

Ejemplo 1: Me siento al lado suyo. Me siento a su lado.  Ambas frases son correctas.

Ejemplo 2: Vivo encima tuya*. Vivo en tu encima*. No se puede decir lo primero porque lo segundo no tiene sentido. Luego ambas expresiones son incorrectas. 

Aunque el truco simplifica el asunto y ayuda a detectar el uso erróneo de estas expresiones, la cuestión de fondo radica en que hemos descuidado el aprendizaje del uso de nuestra lengua: nunca un adjetivo puede complementar a un adverbio, entre otras cosas, porque el primero es una parte variable de la oración y el segundo es invariable y, por lo tanto, los adverbios no son susceptibles de ser modificados por un posesivo. 

Ahora bien, si el hablante le insufla al habla esta especie de transgénesis sintáctica, la norma, aunque tarde, terminará  -espero no conocerlo- aceptando la horrísona "adjetivación adverbial" que tan de moda han puesto tantos iletrados televisivos.

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