jueves, 8 de octubre de 2020

Trumposo



Dicen que la cara suele ser el espejo del alma. No lo sé. Ni soy buen fisonomista ni muy dado a lo espiritual. Lo que sí sé es que desde la primera vez que lo vi no me gustó. Me refiero a Donald Trump. A mí me irradia una energía negativa que al principio no sabía decir por qué. Luego, sus numerosas declaraciones en público, expresando sus ideas, me han ido explicando el motivo de mis primeras impresiones hacia su persona. 

El todavía presidente norteamericano es, en primer lugar, lo que vulgarmente se conoce como un enorme bocachanclas. No se corta ni un pelo en echar por su boca lo primero que se le viene a la cabeza sin reflexionar acerca de lo que está diciendo. Es un bravucón amparado en su cargo y en su fortuna que lanza andanadas a diestro y siniestro. Es un personaje totalitario al que no le gusta que le lleven la contraria: ridiculiza a periodistas en directo, da y quita la palabra a quien le parece y cuando le parece y contesta o no a las preguntas de los medios según la afinidad ideológica a su causa. Prepotente y maleducado es el ejemplo más claro de líder dañino para la sociedad, por sus ideas y por sus actos. Homófobo, racista e inicuo, no gobierna para todos; ni siquiera para los suyos; gobierna para su atroz narcisismo, que retroalimenta constantemente con sus bravatas. Adora la palabra "fake", quizá porque "cree el ladrón que todos son de su condición" y ve falsedades a su alrededor ya que acostumbra a falsear la realidad continuamente. Lo mismo él es una copia "fake" de sí mismo y aún no se ha dado cuenta de ello al vivir en un mundo "fake" que ha creado a su antojo. 

Al presidente yanqui también lo delata su lenguaje corporal de chulo, altanero, pendenciero y de cowboy de tres al cuarto: un ejemplo de influencer al que no seguir, que parece estar diciéndonos a gritos continuamente "no hagáis ni lo que yo diga ni lo que yo haga".

Un reyezuelo instalado en la arrogancia permanente; tanta, que amenaza con no respetar el resultado de las elecciones presidenciales si no sale ganador de las mismas. Y todo ello con el falaz e infantil argumento de que piensa que están manipuladas por la oposición para auparse con la victoria. Ve trampas por doquier, acostumbrado a hacerlas a troche y moche de forma ramplona y soez.

Un personaje, en resumen, irrisorio, cantamañanas y fantasmón, que ha gobernado errática y arbitrariamente a golpe de ocurrencia. Pero así lo ha querido hasta ahora la mayoría de la población de la democracia más antigua del mundo, que ha elegido a un antilíder más cercano al anticristo que al guía democrático que se supone que debería regir sus destinos. Y como el pueblo siempre -o casi siempre- tiene la razón, pues aquí hemos tenido a este Trumposo influyendo muy negativamente en nuestro planeta. Y ahí es donde radica el problema: los estadounidenses lo eligieron, pero lo hemos estado sufriendo todos, pues las decisiones que se toman en una de las mayores potencias mundiales influyen en el resto del planeta.

¿Qué vieron y siguen viendo los estadounidenses en este hombre para tenerlo en la Casa Blanca? No lo sé ni lo puedo entender. Ya se encargarán los historiadores de explicárnoslo, eso sí, a toro pasado, no sea que este toro bravo les pegue hoy una buena cornada.

Ni siquiera ha sabido perder con dignidad, pues su inmadurez congénita se lo impide. En lugar de irse reconociendo públicamente a su rival como ganador, promete un último show judicial a golpe de recursos en los juzgados. Como si no hubiéramos tenido ya bastante con su continuo show de bufón de tres al cuarto.

Don, game over; go home and keep calm... if you can.

1 comentario:

  1. No hay por dónde cogerlo, que pena de gente que se deja manipular por esta gentuza y sus asesores!!!!

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