viernes, 27 de noviembre de 2020

¡Va por ti, maestro-a!



Mucho se discutió durante el pasado verano sobre la vuelta al colegio en septiembre. La mayor parte de la opinión pública se mostraba pesimista acerca del regreso del alumnado a las aulas. Los más optimistas no auguraban más de un par de semanas a la enseñanza presencial y, sin embargo, aquí estamos, casi terminando el trimestre sin muchas incidencias dignas de reseñar.
 
A pesar de lo que se dice, casi ningún maestro-a con los que trato deseaba volver a la enseñanza telemática. Añoraban la escuela tal y como la conocieron hasta mediados de marzo, fecha en que comenzó el confinamiento. Y por ello, porque no queríamos volver a estar detrás de una pantalla de ordenador atendiendo a nuestro alumnado, nos hemos esforzado en hacerlo lo mejor posible para no tener que volver al confinamiento.
 
Hemos señalizado pasillos y escaleras con flechas de ida y vuelta, hemos hecho grupos burbuja, hemos concienciado sobre el uso obligatorio de la mascarilla en Educación Primaria, sobre la apertura constante de las ventanas para airear las clases, sobre el lavado de manos, el no compartir objetos, la limpieza de zapatos a la entrada del colegio, el uso de baños y lavabos… Hemos compartimentado los recreos para que las clases no se junten y, en general, nos hemos tomado en serio la seguridad de nuestro alumnado de cara a que puedan seguir asistiendo a clase de forma presencial, sin pantallas de por medio.
 
Ellos y ellas a lo mejor no lo saben, pero el venir todos los días al colegio, compartir vivencias con sus compañeros y poder jugar un rato en el recreo al aire libre les está viniendo genial para su salud física y mental. Algunos puede que prefieran quedarse en casa, pero lo cierto es que eso no es lo natural. El sitio de los niños y la niñas es la escuela y la calle. Y aunque no sea esta la escuela que conocieron antes de la pandemia, mejor esta que estar encerrados entre cuatro paredes delante de un ordenador.

A punto de finalizar el primer trimestre, la evaluación de haber decidido apostar por la enseñanza presencial es, desde mi punto de vista, bastante positiva, pues además de los beneficios físicos y psicológicos para los alumnos-as, dicha decisión ha permitido a los padres y madres retomar su vida laboral y familiar con cierta normalidad, lo cual no es poco.  No debemos olvidar que la escuela tiene hoy en día un fuerte componente social, además de educativo.
 
Los docentes también estamos haciendo un esfuerzo extra y en un tiempo récord por formarnos en la utilización de plataformas telemáticas para, si es preciso en un momento dado, llevar a cabo con cierta soltura la enseñanza a distancia. Cada cual a su ritmo y partiendo del nivel de conocimientos previos de cada cual.

Se nos podrán achacar muchas cosas; se nos podrá decir que aún nos queda mucho por mejorar, pero nadie podrá decirnos que no hemos estado -y seguimos estando- aquí, en primera línea de batalla. Y, como he dicho en repetidas ocasiones parafrasenado el título de dos grandes películas de reciente creación, seguiremos estando en esta trichera infinita mientras dure la guerra.
 
Aún necesitamos algunos ajustes organizativos, como por ejemplo que los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica vuelvan a visitar los centros con la misma asiduidad que lo hacían antes de la pandemia, pues los necesitamos para la detección y la orientación en las dificultades de aprendizaje de nuestro alumnado, ya que, si la escuela está abierta, todos los implicados en la misma tenemos que estar en ella. También queremos que, para preservar nuestra seguridad, se nos permitan hacer las horas complementarias, sin alumnado, desde casa, tal y como hacen -teletrabajando- miles de funcionarios de la administración autonómica sin estar expuestos directamente a potenciales portadores de virus como lo estamos nosotros. Porque queremos pensar que todos somos iguales en derechos y obligaciones...

Solo nos falta esperar la efectividad de la tan esperada vacuna para volver a la absoluta normalidad, cosa que deseamos fervientemente, pues a ningún maestro-a le gusta no poder ver la sonrisa de sus alumnos. 
 
Así lo esperamos.


4 comentarios:

La escuela: cronología de un engaño

A poco más de un año vista de la jubilación, hago memoria, analizo la evolución de la escuela a lo largo de los últimos treinta y cinco años...