viernes, 4 de diciembre de 2020

Allegados

 



Esperemos que la estupidez no se mida nunca por el contenido de los mensajes que el personal vierte en las redes sociales, porque a las claras está que tendríamos otro serio problema nacional aparte de los que ya tenemos.

Dado que todos somos, en teoría, epidemiólogos, maestros, médicos, ingenieros y cualesquiera de las profesiones involucradas en un momento concreto en un problema de repercusión mediática, no sé si sería mucho pedir que los susodichos, además de ser doctores honoris causa en la profesión en cuestión, lo demostraran exhibiendo un poquito de sensatez en sus discursos. 

Viene esto al hilo de la polvareda que se forma en las redes sociales cuando cualquier institución con responsabilidades de gobierno publica alguna norma, orden o ley para regular algún  aspecto que nos afecta de manera directa. La última ha sido la regulación del número de personas que pueden asistir a las cenas navideñas este año debido al coronavirus. Ante la dificultad que supone esta regulación, el gobierno ha optado por utilizar el término "allegados" para referirse a los comensales invitados a nuestra mesa.  Y ahí es cuando los doctores en filología hispánica se han lanzado a degüello al cuello del legislador. 

Yo no sé si dichos insignes hispanistas han caído en que el legislador lo que pretende con esta regulación es proteger la salud de la población en general y que, por no restringir los comensales al ámbito familiar exclusivamente, se ha elegido el término "allegado" en el sentido de permitir invitar a ese amigo con el que siempre hemos celebrado la Nochebuena o a ese vecino del quinto con el que siempre hemos despedido el año celebrando la Nochevieja. 

Pues nada, en lugar de agradecer que podamos compartir mesa y mantel con nuestros allegados más cercanos para hacer más llevaderas estas extrañas fiestas navideñas que en breve celebraremos, aunque no podamos ser más de diez, dale que te pego con la crítica cainita. Imaginad si, en lugar de allegados, el legislador restringe las cenas a los familiares... ¡La que se hubiese liado! Porque en realidad nos importa un bledo si cenamos con nuestros allegados, con nuestros familiares o con la madre que nos parió; lo que de verdad nos importa es machacar al prójimo para engordar nuestro ya de por sí obeso ego. 

Un país de charanga y pandereta, ya lo dijo Machado. Es lo que hemos sido, somos y seguramente seguiremos siendo. Bocachanclas irreductibles de raza ibérica autóctona. Aquí todo el mundo sabe de lo que no sabe y en realidad no sabe que no sabe nada. Y muy especialmente si lo que no se sabe se dice a través del mentidero de las redes sociales con toda suerte de faltas de ortografía, errores sintácticos y demás lindezas, impropias del filólogo acreditado que se presupone que se es a tenor del pecho que se saca. Con lo muy españoles que nos declaramos ser para todo lo demás y lo poco que cuidamos de nuestro idioma, que no somos capaces de escribir una simple estupidez en las redes sociales sin pegarle diez patadas seguidas a nuestro diccionario. Va a ser que, para declararse patriota, es más fácil exhibir una bandera en el balcón que aprender a hablar y a escribir en nuestra lengua como Dios manda. Mira que si los que  nos quieren fusilar a la mitad de todos nosotros utilizan el criterio de no saber usar correctamente nuestro idioma para elegir a quiénes llevan primero al paredón...

¿Habéis llegado ya a algún acuerdo con vuestros allegados? Porque llegados a este extremo, debemos esmerarnos en garantizar nuestra seguridad. Allegaos, pues, no vaya a ser que, entre el coronavirus y otras mandangas, sea el último pavo que lleguemos a catar. Si es que llegamos a este.

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