jueves, 28 de enero de 2021

Reivindicando la labor de la escuela




Son tiempos convulsos. El coronavirus avanza descontrolado; la política  se ha convertido en una jaula de grillos desbocados donde impera "el y tú más"; ni los hospitales ni los sanitarios dan abasto, los primeros porque están a rebosar y los segundos porque arrastran un cansancio de meses de lucha en el frente de la batalla sin relevos; las vacunas no acaban de llegar al ritmo prometido porque las farmacéuticas restringen el reparto pactado bajo la sospecha de estarlas vendiendo a mejores postores; las medidas contra la COVID lo mismo dejan abrir a las grandes superficies donde se concentra un aluvión de personas que obligan a cerrar a pequeños comercios donde no entra casi nadie; alcaldes, concejales, consejeros y otros cargos políticos se ponen la vacuna saltándose los protocolos... El mundo se está volviendo un poco loco al calor de lo que yo denomino la universalización del egoísmo, con las incoherencias legislativas, sociales y personales al orden del día, cosa corriente en tiempos revueltos, y, a pesar de todo ello, la escuela sigue en pie, intentando normalizar una situación que de normal no tiene nada. 

Y ya que nadie va a hablar de nosotros, me gustaría reivindicar la labor silenciosa que día tras día realizamos en estos tiempos difíciles los maestros y maestras. Sin alharacas ni aspavientos, nuestras escuelas abren todos los días a las siete y media de la mañana para acoger por parte de las monitoras a los más madrugadores, que irán llegando poco a poco hasta las nueve. Tras cinco horas de clases, muchos se irán a casa, pero una gran parte permanecerá en el aula de medidodía o en el comedor escolar, atendidos por sus respectivos monitores y monitoras, de donde saldrán ya comidos para sus casas entre las tres y las cuatro de la tarde (otras etapas educativas no tienen los servicios complementarios que tiene la escuela). Durante todo el primer trimestre y a partir del ocho de febrero, las monitoras de Actividades Formativas Complementarias están al pie del cañón en horario de tarde impartiendo sus talleres, así como los monitores de la Fundación Municipal de Deportes. La labor social de los colegios, querámoslo o no ver, es enorme: la educación presencial del alumnado en estos tiempos de pandemia está permitiendo que padres y madres puedan seguir realizando sus trabajos y teletrabajos con total normalidad, además de estar evitando que niños y niñas de corta edad estén permanentemente delante de una pantalla, en casa, aislados, intentando seguir unas clases telemáticas sin relacionarse ni jugar con sus amistades. Se podrá discutir si ello es mejor o peor para la salud de alumnado, familias y profesorado, pero la realidad es esta.

Hemos pasado frío, estamos pasando miedo -es libre y cada cual tiene el suyo- por el aumento exponencial de los contagios a nuestro alrededor y, sin embargo, aquí estamos, acogiendo todos los días a nuestros alumnos, impartiéndoles clase, abrazándolos, curándolos cuando se hacen una herida, enviando tareas a los que se quedan confinados en casa por cualquier razón, respondiendo en horario de tarde y de noche a la cantidad ingente de mensajes que nos llegan de sus padres y madres... 

Ya sabemos que la Educación Infantil y Primaria nunca tendrá el reconocimiento que merece ni por parte de la sociedad ni por parte de nuestra administración educativa. Siempre se nos ha condenado a ser los eternos segundones, pero hete aquí que ha tenido que llegar una pandemia para demostrar a esa sociedad y a esa administración que  no aprecian nuestra valía (no tenemos derecho a conserjes, ni a administrativos, ni a orientadores a tiempo completo, ni a informáticos, ni a educadores sociales...) que continuamos dando la cara y asumiendo nuestra responsabilidad como servicio socioeducativo, apostando por la presencialidad como base del bienestar psicológico de nuestro alumnado y, de paso, permitiendo la conciliación laboral de sus familias. Sobre esto habrá sus defensores y sus detractores, pero ahí está de nuevo la realidad, y es tozuda.

Por ello, creo que ya va siendo hora de reivindicarnos como un servicio básico esencial que está realizando una tarea importantísima y bien hecha en estos tiempos tan confusos que nos ha tocado vivir.  Y lo debemos hacer con la cabeza bien alta, orgullosos de nuestro trabajo. 

Porque aquí seguimos, dando ejemplo: en esta "trinchera infinita mientras dure la guerra". Nuestro alumnado lo merece. La sociedad también, aunque le cueste a veces reconocer nuestra labor. 

Y ya que estamos en primera línea, tratando con alumnado de multitud de familias diferentes, expuestos al contagio, ¿la vacuna para los que trabajamos en los centros educativos, para cuándo? 


7 comentarios:

  1. Servicio básico esencial y vacunas para la escuela ya.

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  2. La Etapa Infantil y Primaria pilar básico social de todo un entramado económico.

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  3. Mejor explicado?...imposible
    Hacemos oídos sordos?
    Gracias a todos los MAESTROS...
    LA ESCUELA SIEMPRE ES Y SERA EL PILAR DE TODA SOCIEDAD
    ANIMO Y ADELANTE

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  4. Servicio esencial, nunca valorado lo suficiente y que sé, de buena mano, que se dá con todo el cariño del mundo

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  5. Bravo, bravo y bravo.
    Gracias por ser la voz de todos nosotros.

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  6. La vacuna.... después del anillo?... Jjjj...por lo menos la Primera dosis, si?
    Tú demuestras como otros muchos, que nuestro oficio es incondicional.
    Es un lujo que me ayuden a Educar a mi hijo al igual, que yo lo hago con los hijos de otros tantos y más en estos tiempos.
    Mi reconocimiento y aplausos a vosotros, COMPAÑER@S.
    Hay que seguir ADELANTE.

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