martes, 28 de septiembre de 2021

El volcán de La Palma


  A las tres de la tarde

de un domingo cualquiera

el volcán de su sueño

de repente despierta.

Por su boca incansable

fuego, cenizas y piedras

arroja montaña abajo

arrasando sus laderas.

Los palmeros hoy no han podido

dormir reposados la siesta

y toda su vida en minutos

meten en una maleta,

que arrastran desconsolados

sin saber dónde ponerla.

Con un grito en la garganta

y el rastro de lágrimas secas,

sus rostros lo dicen todo:

sus rostros son un poema.

Cientos de futuros inciertos,

cientos de vidas deshechas,

cientos de sueños rotos

por la fuerza de la naturaleza.

Reminiscencias atávicas

de los dioses de la Tierra

pasan por sus mentes

buscando alguna respuesta

que todavía no ha dado

ni tan siquiera la ciencia.

El dolor los consume

y la pena les anega

el corazón destrozado

por perder su vida entera.

Los palmeros se refugian

en la solidaridad verdadera

que les ofrecen los vecinos

que no perdieron sus tierras.

El futuro es impreciso,

al futuro ya lo esperan;

no se resigna el palmero, 

aunque sabe que se enfrenta

a la dura reconstrucción

a partir de una maleta.

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