No tenían bastante los docentes del C.E.I.P. "Alba Plata" de Cáceres con tener que capear un curso más con las medidas establecidas para sobrellevar la pandemia, que además tienen que aguantar que una familia quiera llevar a sus hijas al colegio sin mascarilla sin una razón médica que justifique este hecho. Pero es el precio que hay que pagar por vivir en una sociedad que ha dado alas al individualismo ramplón bajo el eslogan "porque tú lo vales" en lugar de fomentar la conciencia de pertenencia a una tribu. Y de aquellos polvos, estos lodos.
Ahora resulta que nos asalta la duda legal de si unos padres tienen derecho a llevar a clase a sus hijas sin mascarilla en tiempo de pandemia, contraviniendo todas las normas y protocolos sanitarios establecidos, a pesar de que puedan poner en peligro la salud -y hasta la vida- de terceros y hasta la suya propia. ¡Manda huevos con algunos derechos!
Hasta la propia Consejería tiene que tentarse muy bien la ropa antes de tomar una decisión al respecto, no vaya a ser que le caiga la del pulpo si toma la decisión equivocada. ¿Qué se ha hecho tan mal a nivel de sociedad para que se llegue a situaciones tan kafkianas como la del Alba Plata?
Desde luego, la sentencia del Tribunal Constitucional, declarando inconstitucional un estado de alarma que pretendía salvar vidas por entender que privaba de derechos y libertades individuales a los ciudadanos del país, no ayuda. Es más de lo mismo: el individuo por encima de la colectividad; el individuo como ombligo del mundo. Y así nos va.
Son malos tiempos para los docentes. Entre el cuerpo hay una sensación generalizada de que los caprichos de algunas familias gozan de excesiva pleitesía tanto entre las autoridades educativas como entre las judiciales. Este nuevo despotismo ilustrado -"todo para el niño, pero sin el niño"- impregna la nueva filosofía aplicable al sistema educativo. Y los niños acaban melindrosos, productos de algunos padres que anteponen el interés individual al colectivo.
Melindres de este tipo los vemos casi a diario en nuestras aulas y, cansado de nadar contra la corriente, el profesorado claudica antes de tan siquiera plantearse librar la batalla, pues ya sabe de antemano que la tiene perdida. Y esa es una mochila muy pesada para llevarla a cuestas a diario, pues lastra sobremanera la moral del docente. Pero hete aquí que el caprichito de la familia del Alba Plata ha hecho saltar todas las alarmas porque se pasa de castaño oscuro, pues la concesión de lo que se pide podría acarrear serios problemas de salud al resto de la comunidad educativa. Y no solo eso, sino que, de concederse, el ejemplo podría correr como la pólvora por todos los centros de la región. Y por ello, un sesudo consejo formado por autoridades educativas, sanitarias y, previa petición de los oportunos informes jurídicos, ha tomado la sabia decisión de no ceder al melindre. ¡Menos mal!
Enhorabuena al claustro de profesores y a gran parte de la comunidad educativa del C.E.I.P. "Alba Plata", que han sabido plantarle cara al desvarío.
Pero no creáis que aquí ha acabado el asunto. Si se judicializa, podemos esperar cualquier cosa, menos algo bueno. No sería la primera vez. Esperemos que no.

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