jueves, 9 de septiembre de 2021

Razones inconfesables de la subida de la luz


 Ya escribí en un artículo anterior, cuando empezó el runrún de la subida de la luz, que yo la achacaba a la marcha de Messi al PSG. No me creía que el dueño del club francés fuera a desembolsar de su propio bolsillo los emolumentos que se le pagaban al argentino por ir a jugar en tierras galas. Y para ello creo que movió los hilos con sus amigotes de las eléctricas para repercutirnos en un par de meses a todos el desembolso hecho vía recibo de la luz.

Ahora bien, no salgo de mi sorpresa cuando, pagada ya la factura futbolística, el recibo eléctrico continúa en una escalada que no parece tener fin. Y entonces me he dado en investigar cuáles pueden ser las razones del continuo subidón y he creído averiguar que dichas razones son más prosaicas -o domésticas- de lo que pudiera parecer dado el halo de semidioses que han adquirido los mandamases de las eléctricas y la jerigonza con la que nos intentan explicar y engañar las propias compañías eléctricas y hasta los medios de comunicación si se tercia.

El principal motivo es que los semidioses -no debemos olvidar que tienen un lado humano- le han cogido gustito al asunto de la subida, pues como al tío Gilito, los ojos se le convierten en símbolos monetarios cada vez que hacen caja. Pero de alguna manera tienen que justificar entre sus fastuosos consejos de administración el asuntillo -menor, para ellos- de la subida de la tarifa eléctrica. La cosa de la justificación se ha depravado tanto que ya no sienten vergüenza alguna al alegar en sus opulentas reuniones motivos personales para el aumento de las facturas al consumidor.

Por ejemplo, he escuchado que un máximo dirigente de la primera compañía eléctrica española justificó la subida por el mal cuerpo que tenía desde hacía semanas debido a un repentino estreñimiento que lo estaba martirizando y que no remitía a pesar de los laxantes y demás remedios medicinales que ingería. Su mal humor había ido in crescendo  hasta que explotó proponiendo la subida de marras.

Esto se lo contó en una reunión de coordinación online al mandamás de la segunda compañía eléctrica española, el cual propuso a su vez otra subida por una razón escatológica diametralmente opuesta al mandamás de la primera compañía: llevaba una semana con una diarrea pseudomembranosa que no lo dejaba vivir. Y su reacción fue proponer la subida para cargar en los consumidores sus cuitas fecales.

El mandamás de la tercera compañía tampoco se quedó corto al conocer las razones de la competencia para subir el precio de la luz: llevaba más de un mes con un absceso de pus en su oronda nalga izquierda, el cual le impedía sentarse en su confortable y ergonómico sillón de piel de camello australiano y... catapún con una propuesta de subida general al personal, como si este tuviera la culpa de su infección glútea.

Pero no solo grandes mandamases y semidioses han propuesto subidas: al carro de las propuestas se han subido miembros de consejos asesores de las eléctricas, cargos intermedios de las mismas, mandamases de compañías distribuidoras, comercializadoras y hasta correveidiles múltiples que, por un corte en la mejilla afeitándose o la detección repentina de una calvicie incipiente han dejado caer en sus reuniones, como quien no cree la cosa, una subida para que la sociedad se corresponsabilice con sus padecimientos.

Un caso que hizo atronar en carcajadas al consejo asesor de una de las principales eléctricas -ahora no recuerdo bien cuál- fue el de una asesora que se había divorciado de su marido porque a este le gustaba hacer el amor con la luz encendida y a ella no: subida al canto para todos y, en especial, para el marido por si le daba por hacer el amor de esa guisa con la nueva pareja con la que ya había comenzado a salir.  "¡Se aprueba, se aprueba la subida!", votaron unánimamente todos los y las presentes.

Ahora, que el colmo de la excusa para subir el recibo de la luz ha sido el de un asesor técnico con aspiraciones a presidente -vamos, un delfín en términos de poder- al que le clavó un aguijón una avispa en sus partes nobles en el baño de una suite de un hotel de lujo de la capital de España, de esas de a miles de euros la noche. Amén de la inflamación y de las posteriores y dolorosas molestias, lo que más pesaba en su argumentación para subir la luz era que cómo había podido ocurrir eso en una ambiente tan protegido, aséptico y exclusivo de un hotel de tamaña categoría. Propuso la subida exclusivamente para fastidiar al dueño de la cadena hotelera, además de para joder a millones de ciudadanos. "¡La luz sube porque me sale de los cojones!" -fue su última y celebrada frase.

Así que ya pueden buscar el gobierno y los analistas de turno el porqué de la subida de la electricidad e intentar ponerle coto, que no lo conseguirán a menos que consigan meter en una burbuja a los mandamases eléctricos de turno y palien sus cuitas físicas -y, por supuesto, también las mentales- manteniéndolos alejados de toda perturbación personal.

Antes se decía que cada vez que un mentecato hablaba subía el pan. Ahora sube la luz.  

 

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