Y es que muchos españoles no teníamos claro cómo era posible que un partido con numerosos casos de corrupción a sus espaldas siguiera cosechando victorias electorales apabullantes, sobre todo en la comunidad madrileña. Pero anoche ya supimos por qué. A los madrileños les ponen, los excitan los contubernios, las corruptelas, los culebrones y las guerras fratricidas de sus gobernantes. Y esto solo se lo puede garantizar el partido que actualmente los gobierna. Por eso lo votan: para seguir obteniendo el placer sexual a través de las escabrosas fantasías que les proporcionan sus dirigentes en forma de desmanes, puñaladas traperas, robos a manos llenas y demás formas de barriobajerismo político al más puro estilo Al Capone. Es como si sus dirigentes, con sus prácticas mafiosas les dijeran: "al fin y al cabo somos tan humanos como vosotros; tenemos vuestras mismas debilidades, vuestros mismos pecados, vuestras mismas aspiraciones, vuestras mismas ansias de poder y de dinero". Y saberse iguales a sus dirigentes, a los madrileños les pone, hasta tal punto que su onanismo los convoca de manera multitudinaria cada vez que salta la chispa del culebrón político.
Ejemplos de corruptelas a lo largo de la historia reciente de la comunidad madrileña hay muchos: el tamayazo, la caja B y sus papeles, el máster de la presidenta y sus cremas, la Gürtel... ¿Y cómo es posible que los madrileños convaliden una y otra vez el gobierno de unos personajes que son tildados de adolecer del más mínimo escrúpulo moral con tal de satisfacer sus intereses personales o familiares? La respuesta está en el sexo. No se sabe muy bien cómo -los investigadores ya lo descubrirán- la inmensa mayoría de los madrileños posee un gen particular que los lleva al placer sexual, y por ende al orgasmo, a través de la ignominia política. Cosas raras se han visto, pero esta es una de las de estudiar.
Ya pueden el resto de partidos políticos presentar al candidato más deslumbrante, hacer las propuestas políticas más originales para mejorar la vida diaria de los madrileños o demostrar la mayor honestidad posible... para el madrileño de a pie, si ello no va acompañado de salsa rosa política, corruptelas y reyertas, esos partidos no los representan porque no satisfacen sus fantasías sexuales. Y en esto, ya se sabe el dicho popular: "la jodienda no tiene enmienda".
La orgía madrileña no ha hecho más que comenzar; durante días, incluso semanas, los madrileños serán multiorgásmicos a tenor de las circunstancias. Que lo disfruten: se lo han currado.
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