-¿Qué tal las vacaciones de verano? -pregunta el maestro de Inglés al director.
Un gruñido es la respuesta de este.
-¿Y tú, qué tal? -le pregunta a su vez a una tutora de Infantil de 3 años.
Otro gruñido.
-¿Qué le pasa al personal? -se dirige a un compañero de Educación Física que pasa por allí.
Encogimiento de hombros, es su respuesta.
-Yo creo que es por lo del seis de septiembre. Hoy es uno de septiembre, con un fin de semana al medio, y el seis comienzan las clases y está todo manga por hombro -conjetura el de Educación Física.
En esto que el director sale de su despacho con cara de pocos amigos, sudoroso, y escucha la últimas palabras de su compañero.
-¡Manga por hombro, dices! Está peor que eso, ¡joder! Tengo que organizar los lotes de libros de becas para repartirlos el seis o el siete; publicar el plazo extraordinario del Aula Matinal y del Comedor, esperar las solicitudes y baremar a todos los solicitantes y publicar las listas de admitidos porque, claro, quieren que desde el primer día los niños puedan acudir al Aula Matinal y comer en el comedor. ¡Hay que hacer el claustro de principio de curso para realizar la elección de tutorías y materias!; hacer los horarios para tenerlos listos para el primer o segundo día de clase; hacer los cambios de mobiliario de algunas aulas y los operarios del Ayuntamiento aún no se han presentado... ¿Quieres más?
-Dire -se acerca una maestra de Infantil-, que los pintores no han terminado con la clase a la que me tengo que mudar y no puedo hacer el traslado. ¿Cómo lo hago para el día seis?
-¡Esa es otra! -responde el director, al que la cara se le va poniendo por momentos más y más roja, a punto de estallar-. ¡Cago en la leche de los pintores! Si me prometieron que lo dejaban todo limpio y preparado antes de finales de agosto... ¡Si es que no puede ser, no puede ser! ¿A quién coño se le habrá ocurrido adelantar el inicio al día seis de septiembre? ¡Que sí, joder, que sobre el papel y de cara a conciliar la vida de los papás y las mamás todo está muy bien, pero que aquí no hay manos para tanto trabajo!
-Dire, no te alteres, que te va a dar algo... -lo intenta consolar la de Infantil.
-Jose, -así se llama el director- que yo no quiero causar problemas, pero Internet no va; el servidor no arranca y yo ya no sé qué hacerle... El que ha acudido al despacho del director es el TIC del centro, que lleva desde que llegó a las nueve de la mañana intentando que haya señal de Internet en la red del colegio.
-¡Llama a la administradora de redes del C.P.R., que para eso está! -le responde el director-. ¡Y dile que es urgente, que no podemos matricular a los nuevos alumnos que nos ha derivado la Comisión de Escolarización, ni gestionar el Aula Matinal, ni el comedor, ni nada de nada si no funciona Rayuela!
-Ya, si ya la he llamado, pero dice que no da abasto con tantos centros con problemas. Que está ella sola para todos los colegios de Primaria de la demarcación...
-¡Madre mía, madre mía, qué puto desastre! Si ya era complicado cualquier inicio de curso, este aún más con la tontería del seis de septiembre.
-¡Buenos días!, soy el nuevo conserje que manda el Ayuntamiento. Me llamo Juan. Cuando usted pueda, me va explicando todo lo que tengo que hacer, las llaves, los horarios...
La cara del director es un poema. No tenía suficiente con lo que ya había, que también hay nuevo conserje -se le había olvidado ya- al que hay que poner al día de todo el funcionamiento del centro y sus funciones...
-Director, un traslado de una alumna a Segovia, que si se puede poner al teléfono, que lo llaman del colegio de la niña...
-¡Que se ponga el Secretario!
-Es que está ocupado...
-¡Pues que llame más tarde...!
-Jose, una madre quiere hablar contigo, que no le gusta el grupo en la que hemos puesto a la niña...
-Jose, hay que convocar claustro para mañana, que nos pilla el toro -ahora es la Jefa de Estudios la que se acerca al despacho del director.
-Dire, -un maestro de Primaria- el representante de Santillana, que trae las muestras de los libros nuevos conforme a la nueva ley de educación.
-Jose -el Secretario-, que yo no puedo hacer nada sin Rayuela...
-¿Y qué quieres que yo haga, Javier? ¿Me conecto yo a la red para dar la señal?
-Jose, mi clase no la han limpiado bien, ¿eh? -otra maestra de Infantil-; tendrás que dar las quejas, porque yo así no empiezo el curso, que tengo este año niños de tres años.
-Buenos días, ¿el director...? Somos las cuatro compañeras nuevas de este año que venimos a presentarnos...
-Disculpad, de verdad, ahora no puedo atenderos; en cuanto pueda estoy con vosotras. Lo siento...
-Jose -de nuevo la Jefa de Estudios- que hay tres compañeras de baja y para el seis no están aquí como no llamemos a Personal...
-Director -el nuevo conserje, al que un compañero le ha enseñado a coger el teléfono y pasar las llamadas-, el inspector al teléfono, que quiere hablar con usted.
Resoplando, rojo como un tomate, el director se va para el teléfono, lo agarra con todas su fuerzas y no puede reprimir un "¡diga!" colérico:
-¿Qué pasa, Jose, cómo va el inicio de curso? -pregunta jovial el inspector.
El director toma aire, se sienta despacio en su sillón y cuando el improperio está a punto de salir de su boca... su mujer lo despierta de un codazo en la cama de su apartamento de la playa, un veintinueve de agosto, a dos días del calvario.
-Jose, ¿qué tienes,que llevas removiéndote y hablando entre dientes desde hace rato? -le pregunta.
-¡El 6 S..., el 6 S..., el 6 S...! -responde él aún entre sueños.
-¡Hijo mío, cada día estás peor! ¡Esta escuela te va a trastornar!
El director se incorpora en la cama, mira fijamente a su mujer y le dice:
-Pues el sueño de hoy no ha sido nada. El otro día me soñé que los maestros acompañábamos a las parturientas en los paritorios haciendo turnos con los padres de las criaturas como parte de la conciliación familiar que se le asigna a la escuela.
-Jose, duérmete y no digas más tonterías, que son las cuatro de la mañana -da por zanjada la serenata la mujer.

Real como la vida misma… vamos a soñarnos con el 6 S
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