miércoles, 18 de mayo de 2022

Conciliación escolar


De vez en cuando, a los docentes, especialmente a los de Educación Infantil y Primaria, se nos lanza algún mantra desde las más altas esferas como para recordarnos a qué debemos atenernos en nuestro oficio. El último está siendo el de la conciliación. Y ya tenemos conciliación hasta en la sopa. Conciliación... Como objetivo no suena mal: facilitar a las familias compaginar su vida laboral con sus cargas familiares. Este mantra ha sido el argumento utilizado para la confección del calendario escolar para el próximo curso escolar, en el cual se adelanta el inicio de las clases al día seis de septiembre. Sin embargo, por mucho que se repita, varios son los motivos que dejan en evidencia lo endeble del argumentario de nuestra Consejería en lo tocante a la archirrepetida conciliación:

-El primero es, evidentemente, la falta de personal para gestionar los servicios que la administración oferta a las familias para dicha conciliación. Dichos servicios se han incrementado considerablemente de unos años a esta parte; sin embargo, y a pesar de su incremento, la Consejería no ha dedicado ni un solo euro a contratar a personal para su gestión. En cada Resolución, Instrucción o Decreto, siempre la misma coletilla: será el director-a del centro quien se encargue del asunto en cuestión. ¿Fue alguien a preguntar a los centros si un director o directora puede abarcar la gestión de tantos servicios sin desatender las obligaciones de las gestiones puramente educativas que se le suponen? La respuesta es, obviamente, no. Se da por hecho o por añadidura. Y la autoridad educativa de turno, sin que le tiemble el pulso y sin despeinarse siquiera, firma el documento legislativo correspondiente endosándole una atribución más al colegio, y por ende al equipo directivo del mismo, por el mismo precio, a sabiendas de que en los centros de Educación Infantil y Primaria no hay personal de administración y servicios para su gestión. Eso sí, luego exige a los baremadores de turno (el equipo directivo) que sean los líderes pedagógicos del centro. Imagino que entre solicitud y solicitud, entre vacuna y vacuna, entre beca y beca, harán lo que puedan.

-El segundo motivo es si no debería haber un debate serio acerca de si el objetivo principal de la escuela, como se ve venir, es la conciliación de la vida laboral y familiar de padres y madres, o bien, lo es la enseñanza, la educación y la formación del alumnado que a ella acude. Porque aquí nadie preguntó a nadie ni habilitó un espacio para un diálogo sereno acerca de ello. Y, sin embargo, las distintas administraciones educativas, con sordina y mucha vaselina, han ido dando por supuesto que los centros educativos también son centros de conciliación, extremo este que no se halla legislado en ninguna de las numerosas reformas educativas que se han ido sucediendo durante los últimos años. Esto ha hecho que se vea como normal que un director-a de un colegio tenga que encargarse de informar, recoger, baremar y publicar una vez baremadas las solicitudes de los distintos servicios que oferta el centro, cuando es algo que no tiene ningún tipo de cariz educativo. ¿Porque los usuarios son alumnos del colegio? Muy bien, pues que la administración se lo encargue a gestores administrativos, no a la dirección del centro, que bastante tiene ya con lo que tiene a nivel educativo. A ver si vamos a desviar el objetivo y vamos a dar por supuesto que es más importante conseguir una plaza de aula matinal o de comedor escolar en un colegio que la educación que en él se imparte. Porque eso ya está pasando y, claramente, es una desvirtuación de lo que es la enseñanza, relegando a esta a un segundo plano, que ya lo está, con la aquiescencia y la mirada cómplice de nuestros mandatarios.

-En lo tocante al adelanto del inicio de las clases para el curso que viene, también se ha priorizado la conciliación familiar sobre cualquier otra cuestión. En esta nuestra Extremadura no se han tenido en cuenta las altas temperaturas que suele haber a primeros de septiembre (con lo mal aislados y poco preparados para el calor que están los edificios escolares); tampoco se ha tenido en cuenta si los colegios van a ser capaces de gestionar en cinco días y con un fin de semana de por medio, el comienzo de los comedores escolares y las aulas matinales, cuyas solicitudes hay que baremar los primeros días de septiembre, toda vez que se abre un plazo extraordinario para el alumnado nuevo y, por supuesto, tanto la administración educativa como las familias, querrán que a los niños-as se les acoja y se les dé de comer desde ese primer día de clase; tampoco se ha preguntado si los colegios estarán limpios y preparados para esa fecha (la limpieza y el mantenimiento dependen de los Ayuntamientos, no de la Consejería, que es quien publica el calendario y, por norma general, no suelen estar listos tan pronto); y, evidentemente, se ha dado por supuesto que los equipos directivos, antes del día seis de septiembre, serán capaces de confeccionar horarios, repartir libros de becas, convocar claustro, recibir a los nuevos compañeros-as y darles a conocer el centro y sus normas, convocar y constituir la Comisión de Coordinación Pedagógica, convocar las reuniones de principio de curso, además de recibir al nuevo conserje (lo cambian cada año) y explicarle llaves, funciones, horarios... El don de la ubicuidad, van a tener que desarrollar los equipos directivos para tener todo listo para el día seis.  ¿Tendrá tiempo el profesorado para acondicionar sus aulas para recibir al alumnado, leer sus informes, reunirse con las familias antes del comienzo de las clases, etc., etc.? Y qué más da, si lo importante es la conciliación... La conciliación de las familias del alumnado, porque la conciliación de la vida familiar y laboral de los miembros de los equipos directivos y del profesorado en general no parece importarle mucho al dirigente de turno, que el día seis de septiembre estará acomodado en el climatizado confort de su despacho. Hasta tal punto se ha retorcido el argumento de la conciliación en el calendario escolar del próximo curso, que también se concilia un puente dos días después del inicio de curso para que las familias concilien en la playa.

En fin, esto más que conciliación parece un conciliábulo y ya se sabe que estos no suelen acabar bien.

Ahora, cuando la Consejería impone, en lugar de negociar, entre otras cosas el calendario escolar,  los sindicatos se han lanzado a convocar protestas e incluso huelga, pues se sienten ninguneados por la administración educativa. ¡A buenas horas, mangas verdes! Ninguneados llevan los equipos directivos un par de décadas. Y lo que les queda...  Por lo pronto, a primeros de septiembre les va a costar conciliar el sueño, aunque este es otro tipo de conciliación que no creo que interese a nadie.

Menos alharacas con las familias y más empatía con los centros educativos: estos sí que necesitan una buena conciliación administrativo-educativa para canalizar tantos frentes como tienen abiertos. A ver para cuándo. 

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A poco más de un año vista de la jubilación, hago memoria, analizo la evolución de la escuela a lo largo de los últimos treinta y cinco años...