Lo de no usar traje ni corbata para ahorrar energía no es una idea original de este presidente del gobierno. De hecho, en Japón, hace años que las autoridades ordenaron a empresas e instituciones oficiales que sus trabajadores no emplearan estos aditamentos durante el verano a fin de aumentar los grados de los termostatos en sus lugares de trabajo y reducir así el gasto energético.
Sin irnos a Japón, el Ministro de Energía en 2011, Miguel Sebastián, ya lanzó un señuelo con lo de no usar corbata en el hemiciclo para ahorrar energía, lo cual fue entonces criticado hasta desde dentro de su propio partido. O sea, que la cosa no es nueva.
Habrá quien trivialice el asunto a un mero "me quito o me pongo la corbata porque me da la gana" en función de la ideología política de cada cual. Pero el que así lo entienda, o es que no tiene entendederas o, lo que es peor, no quiere entender. Cuando consigamos precisamente entender que el mundo se ha vuelto extremadamente complicado, que el planeta necesita un respiro que no acabamos de darle y que la ciudadanía está ya muy cansada del "y tú más" o del "me opongo a esa idea por venir de donde viene", habremos dado un pequeño paso hacia aunar voluntades para afrontar el futuro que viene, que no es nada halagüeño.
Si seguimos enfrascados en descalificaciones infantiles, odios gratuitos, argumentos peregrinos, maximalismos patrios, basados más en altos niveles de testosterona que en razonamientos sesudos, ideas minoritarias que se quieren imponer a la mayoría y otras lindezas al uso en este país, el entendimiento político y social tan necesario para poder avanzar no será posible y volveremos a quedarnos atrás. Y ya no le podremos echar la culpa a nadie, sino a nosotros mismos, por no haber sabido dejar a un lado intereses partidistas en lugar de apostar por un acuerdo general de avance colectivo.
Póngamonos o quitémonos la corbata según el gusto particular, pero lleguemos a acuerdos que, dejando atrás réditos electorales, nos hagan avanzar y destensen la patológica polaridad en la que, socialmente, estamos inmersos.
De esto va lo de la corbata. Y si, a alguno de los que la usan, la sangre no le fluye correctamente por sus carótidas y le nubla sus entendederas, pues tendrá que aflojarse un poco el nudo de la misma, a ver si así piensa y opina con mayor nitidez y conocimiento de causa, al tiempo que se le desinflaman sus yugulares y deja de hacer el ridículo criticando una medida que debería ser de obligado cumplimiento por ser de sentido común.
Y, al margen de la corbata, también sería muy adecuado abrigamos un poquito más en invierno para poder bajar los grados de la calefacción en los edificios, a ver si en verano vamos a querer ir con traje y corbata y en invierno en mangas de camisa y, todo ello, a base de producir y gastar ingente cantidades de energía. ¿No será más lógico adaptar nuestro vestuario a la temperatura ambiente que intentar adaptar la temperatura ambiente a nuestro vestuario? Hasta vergüenza da tener que explicar esto.
Eso sí, el presidente, que es quien lo propone, debería ser el primero en dar ejemplo en todos los ámbitos de su vida, pues de lo contrario, su propuesta quedaría en un mero postureo muy contraproducente.

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