viernes, 22 de julio de 2022

El AVE en el Quijote

De lo que le sucedió a nuestro tren recién inaugurada la nueva vía


La del ALVIA sería la nueva vía férrea por donde saldría nuestro nuevo tren, tan remozado, tan readaptado a los usos extremeños que, dueño de su propio destino, el gozo le reventaba por el tubo de escape por donde aventaba los humos de la combustión del gasóleo con el que funcionaría mientras se terminara de montar la catenaria, que se antojaba para largo. Mas saliendo de la primera estación de su singladura, pronto maquinista y demás miembros de la tripulación olvidaron los consejos que habían de llevar consigo, especialmente los del recorrido y ese galimatías de cambios de líneas nuevas a antiguas y viceversa, por lo que rápidamente sintieron el deseo de no haber salido de casa y haberse embarcado en un viaje de dudoso éxito.  Con este pensamiento guiaron el tren hacia la capital del reino, la cual se aventuraba lejana y, a pesar de las prestaciones prometidas por las autoridades de turno, casi inalcanzable en el tiempo anunciado por la compañía ferroviaria. Así, con desgana, el AVE comenzó a caminar, pues parecía que arrastrara los pies por el suelo más que, haciendo honor a su nombre, ir en volandas levitando sobre los raíles. 

No habían andado mucho cuando les pareció que algo fallaba en la rodadura de aquel pajarraco. Y evidentemente, así era, pues uno de los numerosos testigos luminosos de la consola de mandos comenzó a parpadear anunciando una avería en el convoy. Procedía parada en la venta más cercana para arreglar el desaguisado y comunicar el oportuno retraso por todos los medios posibles. 

—Si es que una máquina vieja, por mucho que se le lave la cara, vieja sigue siendo -dijo entre dientes el maquinista-. Y gracias doy al cielo por la merced que nos hace de poder llegar a una venta y reparar la avería, que peor hubiese sido detenerse en medio del campo bajo un sol de justicia, como ha ocurrido en multitud de ocasiones con trenes anteriores.

Y, parando los motores, resignóse a esperar el milagro de la reparación, que no sería la primera, pues a lo largo del recorrido de ese día y de los siguientes sufrieron otras, así como cortes de suministro eléctrico, retrasos por errores en las vías asignadas para circular y un sinfín de desventuras en los primeros tres o cuatro días que las altas prestaciones ferroviarias entraron en funcionamiento en la región.

Especialmente penoso era subir las cuestas de nuestra orografía, donde, más que tren, el cacharro se asemejaba a un Rocinante quejicoso, tal era la lentitud con la que subía, acompañada de un lastimero quejido. 

—Quiera la ventura que se acabe esta mala racha y podamos cumplir con nuestro cometido puntualmente, que no es otro que llevar a nuestros pasajeros a la hora prometida a sus destinos -pensó en voz alta el maquinista.

-El año que es abundante en averías, suele serlo también en retrasos -intervino su ayudante al oír al maquinista expresar sus deseos.

-Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.

-Confiar, confío, pero largo me lo fiais, pues no será el tiempo el que por sí mismo arregle el asunto, sino la voluntad de los mandamases de turno en invertir más en vías, trenes y cacharrería varia.

-Pues con la iglesia hemos topado, compañero, pues has de saber que esos mandamases de los que hablas dedican más tiempo a echarse en cara entre ellos quién es el responsable de la situación de nuestro tren que en resolver los problemas que este tiene.

En esta conversación andaban cuando el ventero les indicó que tenían luz verde para continuar una vez reparada la enésima avería, cosa que el maquinista se dispuso a hacer mientras no dejaba de cavilar:

-Y ahora que lo pienso, ¿no será esto de las averías un mal de ojo o un encantamiento de ese sabio Frestón que tanta manía nos tiene? Porque bien pensado, "avería" viene de AVE, que es el nombre de este pájaro metálico en el que vamos montados. A fe mía que algo turbio anda barruntando ese Frestón y que, mientras mantengamos este nombre al tren, no habrá remedio contra todas las trampas que nos anda tendiendo.

Y así fue cómo se convocó un concurso de ideas para cambiar el nombre al tren extremeño a fin de acabar con su encantamiento y resolver los problemas de averías y retrasos. Y en ello se está... Mientras tanto, los condes de Renfeadif, los que mandan en el pájaro, andan haciendo malabares lingüísticos para intentar suavizar psicológicamente la sensación de retraso a base de incrementar los minutos de viaje en los horarios. Unos encantadores, los  Renfeadif: le van a quitar el puesto al sabio Frestón a este paso. 


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