Las chicas llegaron agotadas y muy desmejoradas. Pero lo que más impresionaba de ellas no era su aspecto físico, sino el estado de sus zapatos. Unas venían con enormes agujeros en los laterales; otras, con las suelas tan desgastadas que prácticamente apoyaban en el suelo directamente con las plantas de sus pies; también las había que venían con un solo y maltrecho zapato, pues el otro lo debían de haber perdido por el camino. Casi todas traían la mirada perdida, como buscando algo en el horizonte, para lo cual habían adquirido la costumbre de colocar sus manos en la frente, a modo de visera. Sus ropas, completamente hechas jirones, dejaban al descubierto parte de su intimidad corporal, cosa que no parecía importarles.
Los sanitarios del Centro de Salud del pueblo, alertados por el primer vecino que las vio llegar, acudieron a atenderlas a las afueras, justo donde cayó desplomada la primera de ellas y allí montaron un pequeño hospital de campaña, ya que eran unas quince más o menos y no hubiesen cabido en el consultorio médico.
Tras tomarles a todas las constantes vitales y ponerles los preceptivos goteros con suero glucosalino para reanimarlas, el médico dio permiso al sargento de la Guardia Civil, que también había sido avisado, para que intentase hablar con ellas y averiguar qué les había podido ocurrir para haber llegado en aquellas condiciones al pueblo.
-Venimos... de... buscar... el fin del mundo... -balbuceó una de las más repuestas.
-¿Cómo dice? -abrió el sargento los ojos como platos.
Pero la chica, exhausta, ya no contestó, sumida en el letargo que le producía su inmenso cansancio.
-Que dice que vienen de buscar el fin del mundo... -le dijo el sargento al médico encogiéndose de hombros.
-¡Terraplanistas! -concluyó el médico-. Es la nueva moda. Les comen el coco con lo de que la Tierra es plana y se lanzan a buscar dónde termina.
-¿Y tiene cura esa tontería? -preguntó el sargento.
-Podría recetarles ver ininterrumpidamente durante una semana fotos y vídeos de la Tierra tomados desde un satélite o desde una nave espacial, pero no va a servir de nada...
-¿Entonces...?
-Nada, sargento, recuperarlas un poco y que sigan buscando...

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