Hablaba el otro día con unos amigos docentes sobre las tan cacareadas situaciones de aprendizaje que la LOMLOE ha puesto de moda y en las cuales la ley pretende que se centre la acción educativa en el aula. Por otra parte, hablando con otra amiga también docente, que ya se ha jubilado, me decía que en lugar de situaciones de aprendizaje habría que imponer las situaciones de desaprendizaje, para hacerle ver razonadamente al alumnado las conductas sociales que no conviene imitar por su cutrez, además de sus efectos negativos en la sociedad.
Inmediatamente me fui al diccionario a buscar el significado de cutrez, pues dudaba de su existencia -cutre, sí, pero cutrez...- y me encontré que sí existía, con estas acepciones:
1. f. coloq. Cualidad de cutre.
2. f. coloq. Cosa cutre.
Por lo que no me quedó más remedio que buscar el significado de cutre, a ver si era el que yo creía ser:
1. adj. coloq.Tacaño, miserable.U. t. c. s.
2. adj. coloq. Pobre, descuidado, sucio o de mala calidad.
Y fue esta última acepción, la de llamar cutre a algo que tiene mala calidad lo que me hizo hilar lo cutre que decía una amiga con las situaciones de aprendizaje -o de desaprendizaje- que hablaba con los otros amigos, y no pude por menos que acordarme de los últimos eventos sociopolíticos que he leído en los periódicos o visto por la tele, ejemplos algunos de ellos del culmen de la cutrez en el sentido de la mala calidad de los comportamientos humanos. A saber:
El último ejemplo de la cutrez a la que nos tienen acostumbrados nuestros políticos ha sido el enfrentamiento entre tirios y troyanos con motivo de la celebración del Día de la Comunidad de Madrid, en el que un presunto autoinvitado pretendía supuestamente presidir el acto institucional, del que fue fulminado bajo el argumento de que no se ajustaba a un protocolo que otros años ha permitido lo que este año no se permitía. Cutre el esperpento generado y más cutre aún las explicaciones de unos y de otros, que ya no sabe uno a quién creer. Lo único que he sacado en claro de este asunto es que Mecano ya vaticinó en los años ochenta del siglo pasado que esto ocurriría en su famosa canción "Me colé en una fiesta", pues los primeros compases de la misma vienen que ni pintiparados al asunto:
"No me invitó, pero yo fui.
Tras la esquina, espero el momento,
en que no me miren y meterme dentro.
Era mi oportunidad.
Unos entran, otros van saliendo,
y entre el barullo yo me cuelo dentro..."
Pues eso, como para poner de acuerdo a esta tropa para defender de nuevo Madrid de los franceses...
Otro ejemplo de cutrez, en el sentido de bajeza moral, es el que nos ofrece continuamente nuestro exrey: huido del país, amasador de una fortuna de dudosa procedencia, con amantes que le salen por los rincones, peleado con la Casa Real, a la cual aún pertenece... Un cuadro. Y uno, que tiene la inventiva a flor de piel, enseguida ha parafraseado el romance de la jura de Santa Gadea, pero adaptándolo a nuestro emérito, que sería una cosa así:
En Hispania, la fecunda,
do reinaba un tal Juan Carlos,
allí toman juramento
a ese rey tan campechano
una docena de amantes
que al buen rey se entregaron.
Ante una cuenta en Suiza
y un elefante africano,
Las juras eran tan fuertes
que el elefante ha barritado.
Pero no se acaban aquí los ejemplos de la cutre moral hispánica. La famosa presentadora Ana Obregón dio otro ejemplo bastante sonado recientemente al obtener un hijo-nieto por gestación subrogada, una suerte de trata de mujeres con trasfondo mercantil. Su bajeza moral fue tan grande que no sólo se conformó con difundir el modo de obtener el bebé, sino que sacó tajada del asunto ofreciendo una exclusiva a una también desgraciadamente famosa revista del corazón que aireó la noticia a bombo y platillo: imagino que no tendría para pañales ni para leche infantil -porque no creo que ella le pueda dar la teta. Y todo mientras una gran parte del populacho, enardecido, defendía la gesta justificándola bajo el argumento de que con su dinero puede hacer lo que quiera: hasta el argumentario es cutre.
Sobre comportamientos cutres podríamos hablar largo y tendido, pues se encuentran a patadas a diario. ¿Acaso no es cutre seguir a pie juntillas los consejos que un influencer -hasta el término me parece cutre- da por las redes sociales sin tener formación alguna sobre lo que dice? ¿Cómo podemos hacerle caso a un charlatán o charlatana de tres al cuarto y desconfiar de los sesudos razonamientos de científicos o investigadores? La razón es bien simple: porque somos muy cutres.
Pero es que la cutrez no es solo patrimonio hispánico, sino que, como aceite, se ha colado en la genética social de todo el planeta: lo cutre impera por doquier, está de moda; si no se es cutre en términos morales, no se es aceptado socialmente; a este paso, no me sorprendería que se estuviera produciendo una mutación genética en el género humano en el que la cutrez se consolidara a través de los genes. Si no, a ver cómo se entiende este último ejemplo: en un municipio de Michigan (EE. UU.) prohíben que los alumnos lleven mochilas al colegio para evitar tiroteos masivos, pues pueden ocultar armas en ellas. O sea, que en lugar de prohibir la venta libre de armas, prohíben las mochilas en las que pueden llevarlas ocultas para evitar masacres. Y esto lo hacen los mismos que votan masivamente a un partido que se niega a prohibir la venta de esas armas que producen las masacres.
Como me dijo otra amiga el otro día por WhatsApp: "¡Es todo tan cutre!".
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