lunes, 27 de noviembre de 2023

El maná de los paneles digitales

Como si del maná se tratase, a los centros docentes de Extremadura -e imagino que a los de toda España- les ha llovido una vez más en forma de pizarras, paneles, pantallas interactivas o como quiera que se llamen. Y lo más raro de todo es que ha sido sin que los centros lo solicitasen. 

Esta diarrea dotacional parece ser que es provocada por un virus tecnológico; en estos momentos hay andancio y, dado su alto índice de contagio, la excreción de paneles digitales por todos los centros educativos de la región es imparable.

Lo llamativo del caso es que la mencionada diarrea sólo produzca heces tecnológicas: nada de instrumentos musicales para las aulas de Música, ni material deportivo para Educación Física, ni sillas nuevas para las salas de profesores, ni mesas para suplir las deterioradas en las clases, ni aires acondicionados para hacer más llevaderos los rigores de los veranos, cada vez más adelantados y calurosos... Nada, solo paneles, y a mansalva.

Sale esto tanto de ojo, que reputados epidemiológos están estudiando la mutación vírica en materia dotacional que se ha producido de un tiempo a esta parte: de pedir recursos y no concederte nada, o concederte una ínfima parte de lo solicitado aduciendo falta de presupuesto, a enviarte paneles digitales, pero solo paneles digitales, a troche y moche, como si no hubiera un mañana. Es decir, hemos pasado del estreñimiento a la diarrea. Curioso virus.

Pero lo que más sorprende de esta incontinencia panelística es, sobre todo, que las pizarras digitales a las que sustituyen los paneles están en perfecto estado de uso y disfrute y todavía con unos cuantos años de vida útil por delante y, sin embargo, sin ningún rubor, son desprendidas de sus anclajes y sustituidas por los nuevos artefactos sin que se nos haya explicado el porqué.

Los docentes sobrellevamos la diarrea sustitutoria con cierto estoicismo y con resignación cristiana: primero abriendo mucho los ojos por la sorpresa; luego, encogiendo los hombros por la indiferencia y, por supuesto, sin el más mínimo atisbo de crítica por nuestra parte, adormecidas las entendederas con las anteojeras tecnológicas que se nos imponen en forma de paneles. Y todo ello en pleno debate de si la exposición a las pantallas es buena o, por el contrario, perjudica a los menores. Un sindiós el asunto este. 

¿Y cómo vamos a rechazar algo que se nos regala? Si es que el dinero viene de esa entelequia que nos dicen que es Europa, entendida como ese Dios bondadoso que nos envía el maná con el que alimentar nuestra existencia docente... Ya no nos atrevemos a reclamar que el dinero invertido en ese gasto innecesario sea derivado a bajar ratios, contratar conserjes, administrativos, profesores de refuerzo, arreglar goteras o qué sé yo. Porque ya nos han explicado muchas veces que ese dinero es finalista -esa expresión mágica- y no se puede derivar a otros asuntos que no sea la diarrea tecnológica. Y nos volvemos a encoger de hombros... Pues será así... Pero, ¿y si no lo fuera? ¿Y si pudiera ser de otra manera? 

2 comentarios:

  1. Me recuerda al año en que nos inundaron de impresoras. Habrá que averiguar qué pariente de qué político/a vende paneles digitales.

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