El otro día, hablando con un conocido sobre aficiones, gustos, actividades, valores, ideas y demás, a lo largo de la conversación este llegó a la conclusión de que yo no era un español típico.
-¿A qué te refieres con lo de no ser un español típico? –le pregunté yo un poco extrañado.
-Pues que si hubiera que hacer una taxonomía de españoles, tú no estarías entre los españoles “de primera” –me respondió tan tranquilo.
-¿Y eso por qué? –le pedí explicaciones.
-Tú mismo. Según lo que me has dicho, no das el perfil.
Yo le había dicho que me gusta leer, el teatro, el cine y la música; que me gusta respetar el medio ambiente y me preocupa el cambio climático y por eso me desplazo por la ciudad en bicicleta –por ahí empezó la conversación, porque me vio asegurando la bici en un aparcamiento a los efectos-; que me gusta conocer otras culturas para tener una visión más amplia del mundo; que no me importa pagar impuestos para que se me ofrezcan buenos servicios; que me encanta el idioma español y que creo que domino un poco su ortografía, su gramática y su sintaxis; que me gustan los idiomas en general, y que he estudiado francés, inglés y portugués; que no me gusta defraudar a Hacienda ni robar nada; que me ha gustado y me gusta luchar con ahínco por la enseñanza pública; que las propiedades varias que tengo las he pagado con mi sueldo a través de hipotecas; que colaboro todos los meses económicamente con varias ONGs de carácter humanitario, social y sanitario; que atiendo a mis padres mayores; que respeto a mi mujer en todos los sentidos y que me encanta viajar por toda la geografía española conociendo sus gentes y sus paisajes.
-Eso no basta –me contestó él muy seguro de sí mismo.
-¿Ah, no? –le inquirí yo.
-Me has dicho también que no eres muy religioso, que no te gusta el fútbol, ni los toros, ni la caza, que no has visto ninguna procesión este año y, sobre todo, que nunca pondrías una bandera de España en el balcón de tu casa.
-Pero a mí no me gusta nada de eso, pero tampoco estoy en contra ni de la religión, ni del fútbol ni de los toros, ni de la caza; sólo que no me gustan, pero los respeto. Y lo de la bandera, es que considero que no hace falta demostrar la españolidad de uno con un símbolo: yo soy más de acciones.
-Lo siento, pero no basta. No eres español de pura cepa.
-¿Y los demás sí aunque defrauden, roben, no sepan ni escribir en nuestra lengua ni hagan nada por la sociedad?
-Pues
me temo que es así, que hay unos criterios “sine qua non” y tú no los cumples.
Si al menos pusieras la bandera en el balcón…
Un poco decepcionado he comprendido a fondo por qué no seré nunca español viejo, parafraseando a cómo comenzaron a denominar en la Baja Edad
Media y siglos posteriores a los cristianos de siempre, sin mezcla de sangre
con otras religiones. Al menos me conformaré con ser ciudadano del mundo… a menos
que comiencen a aplicar unos criterios tan estrambóticos como para ser español
y mucho español y tampoco entre en esta categoría. No, si al final voy
a ser un apátrida y va a tener razón mi conocido.

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