Ha tardado, pero al final la mecha ha prendido y va saltando de campus en campus. La juventud universitaria le está gritando a los políticos de todo el mundo que lo que Israel está haciendo en Gaza es un genocidio. Puede parecer una perogrullada, pero dada la pasividad tristemente demostrada por la mayoría de los países ante la impunidad con la que Israel masacra a diario a la población civil palestina, se trata de una acción sumamente necesaria para que se llame a las cosas por su nombre: el estado judío está cometiendo crímenes de guerra.
Lo triste de todo esto es la gran hipocresía con que el asunto está siendo tratado por los principales líderes políticos mundiales al no condenar la masacre y enviar armamento a Israel por un lado, y estar pidiendo un alto al fuego con la boca chica por otro.
¿Qué más tiene que hacer Israel con el pueblo palestino para que todos los países del mundo le hagan un boicot total y le impongan sanciones de tal calibre que se piense muy seriamente su política de guerra? ¿Qué tipo de moral tienen muchos de los políticos que nos representan para defender las acciones del pueblo judío y decir que tienen derecho a defenderse? Pues claro que tienen derecho a defenderse; el problema es que no se están defendiendo, sino aniquilando literalmente a la población de la franja sin que les tiemble el pulso.
Las protestas estudiantiles son un aire fresco en el inhumano ambiente que se respira en la diplomacia internacional. A pesar de la represión a la que están siendo sometidas las improvisadas acampadas universitarias en algunos países, estas siguen adelante, aunque haya dirigentes que no las vean con buenos ojos y prefieran callar las voces de los jóvenes. Vergüenza debería darle a muchos de estos dirigentes por decir lo que dicen sin cortarse lo más mínimo, tergiversando la realidad y reinterpretando los hechos de forma torticera; y todo ello ante la muerte a diario de niños, mujeres y hombres a través de bombardeos, de someterlos a inanición al impedir el paso de la ayuda humanitaria, de la destrucción de hospitales para que no se pueda atender a los heridos así como de la destrucción de sus hogares.
Apoyar a Israel en su matanza, aunque solo sea de palabra, convierte a quien lo apoya en cómplice de la barbarie que está cometiendo.
Esperemos que la mecha de la protesta universitaria prenda en más sectores de la sociedad civil, pues solo así reaccionarán las anestesiadas mentes de los que pueden exigir a Israel que pare su inhumano genocidio. Los campus en "pie de paz" son una gota de esperanza en medio de tanto sinsentido.

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