El primero de estos acontecimientos ha sido que las monjitas de Belorado se han puesto flamencas y han decidido introducirse en el pujante negocio inmobiliario intentando un pelotazo urbanístico contrario a sus valores cristianos. A las monjas no se les pega la manteca al cucharón con el que remueven el chocolate, que tan pingües ganancias les ha venido proporcionando, desde que se saben excomulgadas por no acatar la autoridad divina, cuya concreción terrenal representan el Papa y, por delegación de este, el obispo de Burgos. Las monjitas se han metido en el avispero de un Papa fake (que decir falso hoy en día está demodé) que parece estar como las maracas de Machín, pero que no tira piedras a su tejado, como ya sabemos de todos estos iluminados que se declaran redentores de la humanidad. La Iglesia, muy poco dada a espectáculos mediáticos, ve alterada su máxima con la que ha triunfado los dos últimos siglos: "que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha"; e intenta sofocar la revuelta de las clarisas como buenamente puede, que no está el asunto como para dar una peor imagen de la que ya se tiene e ir perdiendo adeptos por el camino. Ya se verá cómo se aplasta esta asonada monjil, que no tiene pinta de que se cierre tomando amigablemente un chocolate y unos dulces de los que ellas mismas preparan.
Otra causa de alteración episcopal en nuestro país es el compadreo que la Presidenta de Madrid se trae con el Presidente de la Argentina. De siempre es sabido que Ayuso ha estado a la derecha de Dios y que los representantes de este en la Tierra se metamorfosean bien con las ideas que proceden de la diestra, disimulando como pueden su disgusto cuando la chiquilla se mete en aguas pantanosas: se la disculpa cordialmente sometiéndola a la socorrida confesión de los pecados, tras la cual su alma vuelve a quedar tan limpia como la de un bebé recién nacido, e incluso más, pues este viene con el pecado original bajo el brazo. No obstante, esta repentina amistad con un tipo tan pelotudo como el señor Milei no es vista con buenos ojos por las curias diocesanas, que de tontas no tienen un pelo, y han visto en los incendiarios discursos del argentino una alerta que no saben cómo interpretar. ¿Y si este bravucón tarado de greñas ingobernables no es más que el Anticristo haciéndose pasar por un ultra de la ulterior derecha? La curia se ha puesto rápidamente a investigar, porque arrimarse a un Anticristo no puede traer buenas consecuencias para el devenir político de la recontrapelotuda presidenta madrileña -pero eso allá ella con sus amistades y sus consecuencias-; lo que la curia no puede consentir, porque va en contra de sus intereses terrenales, es verse engañada por el caballo de Troya que representa un Anticristo en el seno de sus intereses neoliberales, que son los mismos que los de la derecha. ¿Y si Milei es, en el fondo, un producto de los zurdos? ¿Y si los zurdos crearon un falso amigo tan ultra que traspasa todas las líneas rojas que existen en el discurso político para que nos arrimemos a él y nos explote a todos la animadversión que su alocado discurso pueda producir entre la población en forma de debacle electoral? -andan cavilando los obispos.
En ello anda la curia, que no se le pega la sotana al cuerpo, a dieta por la mala digestión que le está produciendo tanto el asunto del chocolate de las clarisas como la acidez biliar por la compra del discurso del Anticristo. ¿Cómo acabará todo esto? ¿En un doble cisma teológico-neoliberal? Quién sabe. Por lo pronto, ya han mandado a Alsina a dar recado de que el asunto se está saliendo de madre. Y eso no es baladí.
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