¿O que al Premio de Literatura en Lengua Castellana "Miguel de Cervantes" le quitasen el nombre de nuestro novelista más famoso porque al Ministro de Cultura de turno no le pareciese bien que don Miguel fuera un vividor?
¿Y si al Premio de Poesía "Santa Teresa de Jesús" lo renombrasen de otra manera porque los organizadores fuesen ateos y no les pareciese bien que un premio de poesía llevase el nombre de una persona religiosa y, además, mujer?
Puestos a revisar nombres de premios, podríamos también cambiar el nombre del Premio de Dramaturgia "Antonio Gala" porque a algún quisquilloso organizador no le gustase el nombre de pila completo de don Antonio: Antonio Ángel Custodio Sergio Alejandro María de los Dolores Reina de los Mártires de la Santísima Trinidad y de Todos los Santos; demasiado pomposo para un premio.
¿O que a los Premio Nobel se les quitase el apellido del químico sueco porque inventó un explosivo que ha segado la vida de numerosas personas?
También, la Asociación de la Prensa de Valladolid podría quitarle el nombre de "Miguel Delibes" al Premio Nacional de Periodismo porque el vallisoletano era un amante de la caza y, claro, en estos tiempos de animalistas no procede que un cazador lleve el nombre de un premio.
Por quitar, podríamos quitar en un futuro el nombre al Premio de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico "Margarita Salas" porque un hipotético alcalde de Madrid sea misógino y considere que el nombre de una mujer no es el adecuado para nominar a un premio, y mucho menos, científico.
A Miguel Hernández también le podríamos quitar el nombre de su premio, que convoca la fundación que lleva precisamente su nombre, porque los miembros del patronato de dicha fundación lo consideren un republicano convencido y eso, en un estado monárquico, no está bien visto.
Y al Premio Internacional de Poesía de la ciudad de Granada le sobraría lo de "Federico García Lorca" por tratarse de una persona abiertamente homosexual, que seguramente, de vivir hoy, pertenecería al movimiento LGTBI, y ello, en estos tiempos revisionistas que corren, no debe consentirse.
¿Y si, en una pirueta revisionista, apartamos el nombre de Mahatma Ghandi del Premio Internacional con el que el gobierno de la India premia a los individuos e instituciones por sus contribuciones a la transformación social, económica y política a través de la no violencia y otros métodos gandhianos? Al fin y el cabo, el egregio pacifista causó numerosos desórdenes sociales con sus plantes pacíficos, animando a la población a la desobediencia civil: no se merece un premio con su nombre.
Difícil de imaginar, ¿verdad? Pues es exactamente lo que está haciendo la Consejería de Educación, Ciencia y Formación Profesional con el Premio "Tomás García Verdejo" a las buenas prácticas educativas. Le quita el nombre a unos premios consolidados en el ámbito educativo de nuestra comunidad por la sencilla razón de que la persona que le da nombre al premio fue militante socialista. Lamentable.
Imagino que los Premios Joaquín Sama serán los siguientes en cambiar de nombre en cuanto algún avispado dirigente de la Consejería de Educación se entere que fue amigo y colaborador de Francisco Giner de los Ríos en la Institución Libre de Enseñanza.
Se necesitan personas con más altas miras para gobernarnos sin revisionismos y, sobre todo, anteponiendo la inteligencia al rencor.

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