viernes, 17 de abril de 2020

Por donde pasa, moja


Dice un buen amigo mío que algunas instrucciones de las autoridades recuerdan mucho a los discursos de Fidel Castro: interminables. A mitad de su lectura empiezas a dar cabezazos y, como no intentes reprimirte un poco, te quedas dormido irremediablemente. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, dice el refrán, que pocas veces, por no decir casi ninguna, suele ser aplicado.

Reconozco que me he quedado dormido leyendo alguna instrucción reciente; y no sólo eso, sino que he tenido que releer unas cuantas veces lo que ya había leído para poder seguir el hilo de la cuestión. También me ha pasado que, llegado al final, he vuelto al principio de la lectura con la sensación de ser objeto de una torpeza supina: igual no tengo la suficiente competencia lectora para hincarle el diente a ciertos documentos que no están al alcance de mi capacidad intelectual.

Pero además de su extensión, también cuenta en detrimento de la comprensión el uso del doble sentido que se hace en este tipo de textos, "el sí pero no", "el quiero decir, pero no lo digo", la falta de concreción y la sensación de que el legislador, de un plumazo, descarga toda su responsabilidad en los hombros de sus legislados una vez que le ha puesto punto final al texto: una suerte de "ahí lo lleváis, que yo ya descansé".

Son impresiones mías, simplemente; igual ando un tanto equivocado, no lo sé, pero me atrevería a hacer una encuesta al respecto para recabar la opinión de la comunidad afectada por una determinada instrucción.

Una de las principales preguntas de dicha encuesta sería: "¿Considera vd. adecuada esta instrucción?" Posibles respuestas: 1ª.- Sí; 2ª.- No; 3ª.- ... Iba a poner no sabe/no contesta, pero me parece mal dar esta opción a un colectivo que se presupone debidamente formado. Así que, tirando de ese infinito pozo de memoria residual del que todos disponemos, se me ha venido a la cabeza una expresión que se usaba en mi círculo familiar para definir el poco sabor de algún alimento -especialmente líquido-, pero que cumplía con su función alimenticia: "Por donde pasa, moja". Esa sería la tercera opción.

Mójense y respondan al cuestionario.





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