lunes, 16 de junio de 2025

Sin ética no hay paraíso

 


Estábamos en ello, construyendo nuestro particular paraíso: la sociedad del bienestar lo llamábamos por estos pagos europeos. Un paraíso cimentado en la democracia, la pluralidad, el respeto, la inclusión, la solidaridad y otras utopías a las que siempre es bueno aspirar para luego quedarse a mitad de camino, que a buen seguro será un gran avance. En ello estábamos cuando pusimos la obra en manos de los arquitectos equivocados. Al principio fueron pocos, aunque gritones; y ya se sabe que muchas veces es al que más grita al que se le da la razón, aunque no la tenga. Decían que no había cemento para hacer la mezcla para la construcción. Faltaba cemento, decían, y no habían ni contado los sacos. Y sin nadie contarlos, muchos abrazaron su discurso y los pseudoarquitectos aprovecharon para construir lo suyo: un muro de intolerancia, de homofobia y de desigualdad. Para eso sí había cemento. Y la culpa no fue de ellos: fue nuestra por no contar los sacos y decidir si tenían o no razón.

El paraíso se esfuma y, en el horizonte, negros nubarrones anuncian tormenta, pues parte de los buenos arquitectos han ido sucumbiendo y han perdido los planos iniciales. O los han perdido o los han modificado de manera consciente, que de todo hay. Porque perder se puede perder todo, y hasta se puede buscar lo perdido si hay interés en encontrarlo; pero cuando se pierde la ética, que es lo más importante, entonces sí que todo está perdido porque ya no nos encontramos ni a nosotros mismos.

Esto es tan viejo como el mundo. Aristóteles, en su Ética a Nicómaco, ya lo relataba. La ética... Esa gran desconocida hoy en día. Porque, ¿qué nos puede aportar una cosa tan intangible como la ética? Una cosa con la que no se puede comerciar, con la que no nos podemos enriquecer, una cosa que ni se ve... Si supieran algunos que lo aporta todo... No hay más que echar un vistazo al mundo actual: sin ética no hay más que destrucción, hambruna, sufrimiento y odio, mucho odio, que es la antesala del caos.

Necesitamos nuevos arquitectos que retomen los planos del paraíso y que acallen con su ejemplo y su trabajo las voces disonantes de la maldad. No será fácil encontrarlos, y no porque no los haya, sino porque ninguno querrá someterse al escarnio público al que será sometido por la jauría vociferante. Solo cuando esa jauría vea que la salida propuesta no lleva a ningún sitio, cuando sientan en sus carnes que lo prometido no era tal, quizá vuelvan la cabeza buscando otra solución más humana.

Sin tetas no hay paraíso, rezaba el título de la serie emitida por Telecinco allá por 2008.

Sin ética, tampoco.

1 comentario:

  1. Estoy contigo, amigo y compañero. Sin ética la sociedad se degrada hasta tal punto que no nos reconocemos unos a otros.

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