sábado, 17 de octubre de 2020

Utopía distópica

 

Ese lunes llegué al colegio más tarde de lo normal. Suelo llegar sobre las ocho y media, pero ese día me paré a tomar un café de camino y apenas faltaban unos minutos para entrar en clase. Me alegré, no obstante, de que, a pesar de mi retraso, las puertas del centro estuviesen ya abiertas. Los dos conserjes de nuestra escuela se afanaban por saludar amablemente al alumnado que, con cara de sueño, iba entrando ordenadamente. Los saludé desde lejos levantando la mano y me devolvieron al unísono el saludo. Dos buenos tipos. Desde que la Consejería se hizo cargo de la dotación de los conserjes a los colegios públicos a partir del cambio que había introducido el nuevo Real Decreto de Organización de los centros, habíamos ganado muchos enteros en seguridad y control.

Me dirigí a mi despacho, donde me esperaba nervioso uno de los dos auxiliares administrativos con los que también nos había dotado la Consejería tras la publicación del mencionado Decreto. Había consultado el D.O.E. nada más entrar a las ocho de la mañana y se había percatado de que habían publicado la convocatoria de Ayudas Individualizadas de Transporte y Comedor Escolar. Esperaba mis instrucciones para dar publicidad a la convocatoria a las familias. Me había hecho un pequeño resumen de plazos, documentación necesaria y demás detalles. Le di las gracias y le dije que se pusiera en contacto, a fin de colgar la convocatoria en nuestra web, con el Administrador de Redes del centro -otra figura nueva de reciente incorporación que nos facilitaba la vida configurando toda la parafernalia informática del centro y actualizando nuestra página web-, pero el auxiliar me contestó que el Administrador de Redes no había llegado aún porque, aunque le tocaba ese día asistir, había telefoneado diciendo que se negaba a itinerar entre su instituto y nuestro colegio, tal y como le habían indicado desde Personal no Docente; que había recurrido la Resolución que lo obligaba a ello y que su abogado le había indicado que, mientras se resolviera el recurso, se mantuviera en su anterior destino.

"Pues sí que empezamos la semana bien", pensé para mis adentros. Este chico no acaba de entender que su figura es tan necesaria en los colegios como en los institutos. En fin, ya actualizaríamos la web entre los miembros del Equipo Directivo.

Nada más tocar el timbre que daba comienzo a las clases, la nueva orientadora se personó en mi despacho para mantener la reunión que todos los lunes celebrábamos para organizar la semana. Venía con cara de pocos amigos, como siempre, como si los demás tuviéramos la culpa de que la hubieran derivado de los antiguos EOEPs a nuestro colegio. Yo comprendo que aquel había sido su destino durante los últimos quince años, pero la realidad y las necesidades de los colegios habían hecho que la Consejería hubiese decidido distribuir a los orientadores por los centros de Primaria de toda la región. En fin, otro problema.

Mi jefa de estudios se unió a la reunión inmediatamente. Una reunión siempre tensa últimamente. Hablamos del alumnado acneae, de la revisión del alumnado que iba a cambiar de etapa y de la inminente publicación del Proceso de Adscripción a la E.S.O. de nuestros alumnos de 6º de Primaria, proceso que ya no realizamos en los colegios porque, por fin, la Consejería ha entendido que es un asunto de los institutos. La reunión acabó como había empezado: con tensión.

Al terminar la reunión, los dos conserjes llamaron a la puerta para hablar conmigo; en resumen me pedían hacer turnos durante la jornada de mañana tal y como hacían en sus institutos de procedencia: el que entrara a las ocho se iba a las doce y el que entrara a las once cerraba el centro a las tres de la tarde. Me negué en redondo a ello. Y sus sonrisas de por la mañana se congelaron inmediatamente. "Otro problema", pensé. "Pues sí que estamos".

Salí de mi despacho al oír unas voces en el despacho de los auxiliares administrativos. Estaban discutiendo para ver quién de los dos se encargaba de actualizar en Rayuela las fotos del alumnado del centro, encargo que les había hecho el viernes pasado y que no era del agrado de ninguno de ellos.

"¡Pero qué c... le pasa hoy a todo el mundo!" -comencé a gritar fuera de mí. "¡Maldita sea la hora en que se publicó el Real Decreto de marras para equipararnos en Personal no Docente con Secundaria!".

Sudando, rojo como un tomate, sentí de pronto un pinchazo en mi costado izquierdo.

-¡Cariño, despierta, que estás teniendo una pesadilla y estás hablando a voces! -me dijo entonces mi mujer dándome un codazo en el costado.

2 comentarios:

  1. Incompresiblemente sigue habiendo centros educativos de primaria categoría y otros de segunda.

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  2. Manolo,hay que apuntarse al "activismo de la felicidad"
    ... estas cosas que escribes parece que no existen en los centros de primaria porque no hay personal para esas tareas 😂😂😂 como bien sabemos.
    Hemos tenido que aprender a hacerlas.... y ya te digo MESTRo, siempre con "optimismo pedagógico".
    👏👏👏
    Recojo de nuevo tu reivindicación (espero que dejé de ser una utopía)
    Buena semana... del martes al viernes "REMONTAS" 😜


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